Autor: Dávila, Carlos. 
 Primera jornada del presidente en el País Vasco. 
 La llegada de Suárez marca el comienzo de la distensión     
 
 ABC.    10/12/1980.  Página: 1, 5. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 10-12-1980 Página 17

NACIONAL

MIÉRCOLES 10-12-80

Del Estatuto vasco

El Gobierno es partidario de un desarrollo gradual

Primera jornada del presidente en el País Vasco

La llegada de Suárez marca el comienzo de la distensión

VITORIA (Carlos Dávila, enviado especial). Esta no puede ser la crónica de la esperanza. Sí, quizá —y es la mayor bondad que podemos atribuir al viaje presidencial —, el comienzo de la distensión. Las espadas siguen altas, más elevadas que nunca; pero, hoy por hoy, no amenazan con caer sobre el cuello del contrincante, contrincante que no enemigo. Se ha creado, sin embargo, demasiada expectación, se ha querido vender la imagen de un presidente «Papá Noel», que viene con el cesto lleno de regalías y esto impide a ambas partes, por más que los negociadores recalquen sus cautelas y marquen las distancias que existen entre un viaje y una simple concesión autonómica, dar marcha atrás. De modo y manera aue ahora mismo, después de pasadas las primeras horas de estancia del jefe del Ejecutivo central en el País Vasco, la situación es exactamente ésta: todo sigue igual, pero no peor. No hay acuerdo, pero no se han acabado las conversaciones. Esta es la buena noticia.

Hay que decir, además, que este viaje es un puro encaje de bolillos políticos. Desde el protocolo, tremendo, complejo y quisquilloso, hasta las palabras que se miden al milímetro. El presidente ha llegado al aeropuerto alavés de Foronda y lo primero que ha visto ha sido unas caras ateridas por un frío polar que reflejaban exactamente el estado de ánimo de todos los presentes en la pista de aterrizaje. Cuatro consejeros vascos quedaban discreta y voluntariamente preteridos en la recepción oficial; uno de ellos fue, incluso, a contrapelo y por orden expresa del «lendakari». Días pasados, el Gobierno ´autónomo quiso imponer su himno (el «Eusko Abendearen Ereserkak»,

«Himno del Pueblo Vasco»), en el acto de recepción oficial. Al final la más pura diplomacia salvó el primer escollo de mero procedimiento y estos acordes preciosos, bellos y románticos no sonaron en Foronda, pero sí en Ajuria Enea, residencia del presidente vasco, en medio de una coreografía especialmente apropiada con lujo de miñones gallardos y recelos contenidos en las dos delegaciones.

GRADUALIDAD PARA EL ESTATUTO

Las palabras están siendo aún más importantes. Son, desde luego, pocas y medidas. El presidente del Gobierno español, según ha trascendido, ha recalcado ya en el primer contacto su cuádruple mensaje, la línea básica de ío que será su política de actuación en estos días vascos. Ha hablado de comprensión recíproca, de evitación de recelos, serenidad en las negociaciones y —esto es lo importante— gradualidad en el desarrollo del Estatuto: este último componente es, a mi juicio, la pieza maestra del argumentario que la Delegación presidencial esta manejando en el País Vasco. No es, por otra parte, un planteamiento caprichoso y apresurado. El Gobierno —ésta es mi impresión puramente personal— ha recogido la propia oferta vasca (cinco años para la toma de responsabilidad total en e! tema de la Policía), la ha digerido y trata ahora de renegociar otros aspectos puntuales como el del tráfico, tema conflictivo, sobre los cuales recae todo el peso de la discrepancia. Nunca como aquí tienen tanta importancia tas simples palabras. Nunca se ha hecho más liturgia de diccionario que en estas conversaciones bilaterales, planteadas con el fin de llegar a un convenio sobre la Policía autónoma. Hay que decir, y debe entenderse así, que el Estatuto vasco (un texto que en Madrid se ha ignorado en su amplísima competencia) concede autonomía casi total a la comunidad en el desarrollo y control de unas Fuerzas de Seguridad propias. Choca, sin embargo, que el terminó de «exclusividad» esté siendo utilizado por unos y por otros como caballo de batalla de las discrepancias. El Gobierno central huye como de un diablo dialéctico de esta concesión semántica. El vasco la exige por dos razones: en primer lugar, y no le falta razón, porque tiene apoyatura constitucional y legal que le ampara; en segundo, porque ya no se fía de las dádivas orales, regaladas en nocturnos de tensión, desconfianza, hartura y hastio. No se fía y también en este punto puede presentar un memorial de agravios considerable.

Un signo esperanzados no obstante, es que anoche, a las doce, después de la cena oficial, la Comisión mixta volvió a reunirse para tratar, exclusivamente, el tema de la Policía autónoma, con intención de discutir durante toda la madrugada, hasta que el tema quedase "desbloqueado.

RECELOS SOBRE LOS CONCIERTOS

Detrás de la Policía, punto negro de la negociación, están los conciertos. ¿Qué sucede con ellos? Pasa que (as cifras no cuadran, que tos expertos están complicando con tecnicismos, a lo mejor necesarios, unas conversaciones que pudieron sellarse la semana pasada, y ocurre, sobre todo, que por más que se diga, también en este tema, los miedos son recíprocos, vuelan como fantasmas en las mesas de negociación, mesas, dicho sea de paso, que han vuelto ser ocupadas, cuando todas las previsiones apuntaban a un final traumático. Él Gobierno da UCD quiere engordar en un mismo paquete los conciertos con el cupo; es decir, con la cantidad que la comunidad autónoma vasca debe revertir al Estado, una cantidad discutible se hable de cupo provisional o definitivo y revisable anualmente, que los ejecutivos vascos tratan de diferenciar esencialmente de los conciertos. El ejemplo, la falsilla sobre la que se escriben los diversos textos de conciliación, se fundamenta en los casos forales de Álava y Navarra. El Gobierno vasco intenta asimilar este régimen para Guipúzcoa y Vizcaya, pero la complejidad de los enunciados está yugu lando por ahora la resolución feliz del contencioso.

En este doble juego se encuentran ahora mismo los negociadores. Mientras, los dos presidentes. Suárez y Garaícoechea, empujan políticamente para (legar a un acuerdo. No se crea, sin embargo, que el presidente Suárez se siente con la intención de concluir con un acuerdo urgente y, a lo peor, inapropiado en este mismo viaje. Por lo que se puede deducir de las cautas declaraciones que llegan del séquito suarista, tal resultado no parece deseable porque sería, en definitiva, confirmar la imagen paternal y equívocamente generosa, que contrasta frontalmente con la de seriedad y autoridad que se quiere infundir a los contactos bilaterales. Puede suceder, no obstante, que las presiones desbaraten las estrategias de laboratorio concebidas de antemano, puede ocurrir que la tensión ambiental, que existe y mucha, destroce el clima de serenidad y gradualidad que, con justeza, se quiere imprimir al desarrollo estatutario.

EL VIAJE ES OPORTUNO

No hay que insistir demasiado en la dualidad de poderes que existe actualmente en el PNV y tampoco hay que hacerlo en la escasa capacidad de maniobra ´.que se le deja muchas veces a un «lendákari»,parece que moderado e inteligente, que tiene otra perspectiva menos localista que los democráticos militantes de su partido, los fióles nacionalistas, algunos radicales,´que gritan en las paredes «Suárez, devuélvenos lo que es nuestro», y que hoy mismo han comenzado a plantear acciones de protesta, tan sonadas como las habidas en 108 Ayuntamientos guipuzcoanos y vizcaínos que han suspendido sus sesiones reglamentarias «sine die» hasta tanto «Madrid nos dé Sos conciertos y la Policía».

Estamos, según dicen los propios interlocutores, viviendo un viaje histórico, un viaje que, esto también es importante, nadie declara inoportuno. Garaicoechea lo ha dicho, Suárez lo ha reafirmado. Ambos, desde luego, por razones muy diferentes. Es cierto, por otra parte, que ésta es la primera ocasión en años —digo en años— en que la presencia del Estado deja sentirse en el País Vasco. No es el formalismo trascendente de un himno que suena a insólito en estas tierras o de una bandera que ondea en otros paisajes que los puramente castrenses, es el despliegue político de un Gobierno que «aquí también debe gobernar», es la sensación que hoy tienen algunos funcionarios de que puede volverse a ver al Estado en estas provincias.

Los empresarios que, presididos por Olarra, se han entrevistado hoy con Suárez a última hora de la

tarde no sólo han pedido esta presencia, sino que la han exigido: «Aquí ha habido un vacio estatal y esto no puede seguir siendo así», ha venido a decir un malutino bilbaíno.

Sobra a mi juicio, insistir en la frialdad del ambiente que cubre todo el viaje. Este no es un periplo imperial que vuelva a desatar adhesiones ya perdidas. El primer batanee no es bueno, pero tampoco lo. es definitivamente. Falta saber el grado, el nivel de conocimiento sobre el terreno que adquirirá la Delegación presidencial a partir del jueves. Aquí se éstán produciendo desatinos gubernamentales, fallos burocráticos que producen un escalofrío de repulsa. Por sólo citar un caso, debo referirme a un cierto personaje importante en la información militar que es ahora cesado en sus funciones para que pueda realizar un determinado curso de escalafón en Madrid. Nadie sabe, naturalmente, quién puede ser el sucesor. Esto, por difícil que resulte creerlo, está sucediendo en estos días. Es de suponer que el presidente tenga a la vuelta de la reunión que ha mantenido con los jefes de Seguridad de las tres provincias suficiente documentación para modificar algunas actitudes, muy poco afortunadas, que están cortando de raíz la eficacia y que. lo que es aún peor, destruyen en buena parte la moral de los que aquí, por una u otra causa, aún conservan la esperanza.

Esta es, lo digo finalmente, la jornada de la distensión y no de la ruptura. Lo cual no es poco. Es, sin embargo, insuficiente.

 

< Volver