Autor: Urbano, Pilar. 
   "Suárez, Gurea Ekarri"     
 
 ABC.    10/12/1980.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

«Suárez, Gurea Ekarri»

Hilo directo

NACIONAL

MIÉRCOLES 10-12-80

Escucha firme el himno nacional, en el aeropuerto alavés Foronda. Día luminoso y frío. «Ya ve usted, ni el frío consigue ponerme nervioso», le dirá a un periodista allí mismo, sobre el cemento de aterrizaje.

«¿Pero usted no era reacio a venir...? «Eso lo piensa usted. Yo, desde luego, no... Este viaje hay que enmarcarlo en la normalidad de los contactos del jefe del Gobierno español con las distintas regiones y autonomías.» Garaicoechea es más enfático, y al subir a su coche dice: «Esta es una jornada histórica. Espero que la Historia pueda recogerla positivamente.» La Historia ha destacado para este viaje de Suárez al País Vasco medio centenar de periodistas ojoavizorantes. Yo, entre ellos.

En la puerta del Ajuria Enea, sede úeí Gobierno vasco en Vitoria, firme también, escuchará el «Gora ta Gora», que interpretan unos «txistularis». Y se abre la agenda de trabajo para que estas setenta horas que, según el mismo Suárez, «ya antes de empezar están muy cargadas».

Suárez y Garaicoechea se han sentado en un sofá para las fotos de la distensión. Pide el presidente un maletín beige. Lo coloca junto a sus piernas. Está nervioso. Enciende un cigarrillo. Se estira los calcetines. Se estira las mangas de la camisa... Relampaguean los «flashes» durante diez largos minutos.

Presidente y «lendakari» comentan lo de Sa Carneiro. «Fue muy impresionante... después del funeral...» No les oigo bien. El Buru Batzar del PNV de Álava te ha enviado un telegrama ciertamente impertinente, y en euskera: «Suárez, Gurea Ekarri. Suárez, trae lo nuestro.» Bromeando, Garaicoechea señala e! maletín beige y le pregunta: «¿Ahí lo traes todo?» Y mirándome —estoy en frente— extiende las manos con gesto de impotencia y dice: «Nosotros... no tenemos nada que dar.»

En el Ajuria Enea han puesto una foto del Rey. No estaba aquí cuando vine este verano. Cuando salimos los periodistas de la antesala de las conversaciones, Garaicoechea tiene gesto desganado. («Si viene con las manos vacias o no... eso es de su incumbencia», dijo la víspera.) Y Suárez aún no ha roto el hielo. Así les dejo.

«No va a ser un viaje en volandas, ni una siembra de ilusiones. «Pero va a servir, tiene que servir, para mantener la esperanza —nos comentó Marcelino Oreja la noche anterior an su nueva residencia de Los Olivos—, que será la de Suárez en su jornada de Álava.» Por cierto, el buen vasco español Oreja ha hincado la bandera nacional con un mástil de siete metros «para que sé vea en 1oda la riudad»... «Y no pienso arriarla ni por (as noches... ¡Esto es España!»

Jesús Viana, el gran jefe de la UCD vasca, llega también con su traje asombrosamente coincídente de empaque y cautela al 50 por 100: «La presencia de Suárez aquí es la presencia del Estado. Esto es España... ¿Importancia de este viaje? ¡Hombre! ¡No hagamos de él la reedición del "Bienvenido, mister Marshall"!»

Un duro azote de recibimiento son las palabras de E. M. K. (Eusko Mugimendu Komunistak): «Esta visita es un acto de cinismo que se produce justamente cuando más brutal es la escalada represiva sobre nuestro pueblo.» Y un puyazo de la insolente sustracción «abertzale» que se respira en el ambiente esta hosca frase, bien propalada por los informativos de pensamiento «herribatasuno»; «Suárez representa fielmente la tradición de la derecha española, y las promesas que pueda hacer no serán más que e! deseo de meternos gato por liebre.»

No, desde luego «no va a ser un viaje de fervor popular». Ni Suárez viene «a desatascar ninguna negociación». Suárez viene porque ya era hora. Porque tenía que venir. Porque tendrá que seguir viniendo a poner bizarramente sus dos suelas sobre esta pedazo entrañable y díscolo de España. No miro mi reloj, porque no quiero saber si este es o no es «e) mejor cuarto de hora». ¡Pero que sea en buena hora!—Pilar URBANO.

 

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