Atentado frustrado contra varios militares en Munguía     
 
 Diario 16.    31/01/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Alentado frustrado contra varios militares en Murguía

Bilbao (Corresponsal) - Un teniente coronel de Artillería, Jesús Lechoso Llórente, resultó herido de bala en un brazo en el curso de un atentado registrado a las nueve y cinco de la mañana en el barrio de Zabalondo, a tres kilómetros de la ciudad vizcaína de Munguía.

El atentado tuvo lugar cuando viajaban en un Seat 850 el coronel Lechoso junto a otros dos jefes del Ejército, el teniente coronel de Artillería Martínez de Lejarza y el comandante Ibarra.

Al llegar al barrio de Zabalondo pudieron apreciar un vehículo que, tras una extraña maniobra, ocupó la calzada por la que viajaba el vehículo de los militares. Al aminorar éstos la marcha se produjeron unos disparos, tras de los cuales resultó herido el teniente coronel Lechoso.

«Habíamos salido de Bilbao a las ocho y media, como tantos otros días, para dirigirnos a los acuartelamientos de Munguía —declaró el teniente coronel Martínez de Lejarza, que resultó ileso en el atentado—; al llegar a Zabalondo un Seat 124, que utilizaron de señuelo, se nos cruzó, frenó bruscamente e intentó que nos detuviéramos sin lograrlo. Nosotros reaccionamos, y evitándoles seguimos la marcha, aunque tuvimos que disminuir la velocidad.»

Fue tras esta extraña maniobra del 124 cuando se produjo el ametrallamiento desde una ladera próxima. «Nos hicieron tres disparos, que pudieron ser de metralleta en ráfaga corta —relata el teniente coronel Martínez de Lejarza—.»

«Al escuchar los disparos procuramos salir a toda velocidad del alcance del autor de los disparos, dirigiéndonos rápidamente al cuartel de Munguía para que el herido recibiera asistencia urgente. Una vez asistido de primera intención, y aunque la herida no reviste gravedad afortunadamente, le hemos conducido en ambulancia al Hospital Civil de Basurto.»

El teniente coronel Jesús Lechoso, de cincuenta y tres años, llegó en ambulancia al hospital poco después de las once de la mañana, custodiado por una patrulla de soldados de Artillería armados con metralletas.

En el primer reconocimiento se le apreció una herida en sedal en el brazo inquierdo que no le había afectado articulaciones y con orificio de entrada y salida, de pronóstico reservado.

 

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