Lo que debe alarmar en el Aberri Eguna     
 
 Ya.    28/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

28-111-1978 EDITORÍAL

Lo que debe alarmar en el «Aberri Eguna»

PODEMOS felicitarnos de que en el "Aberri Eguna", que por primera ver se ha celebrado legalmente, la jornada haya transcurrido sin incidentes de monta? Las cosas están llegando a tal extremo que casi debemos congratularnos simplemente por el hecho de que durante veinticuatro horas no haya corrido la sangre en alguna parte del territorio español. Pero son varios los motivos de alarma que se desprenden de lo ocurrido en las cuatro capitales donde ha tenido lugar la celebración.

POR supuesto, ninguna bandera nacional; por descontado, banderas republicanas, ¡y hasta del Frente Polisario y de los nacionalistas bretones! Y gritos de apoyo a la ETA. Y pancartas de autodeterminación e independencia. Y a la cabeza de esas manifestaciones, miembros del Parlamento español y del Consejo General Vasco, y en Bilbao, el propio presidente de este organismo, el socialista señor Rubial. Todo ello ante una actitud de las fuerzas del orden en la que no es difícil adivinar el propósito oficial de evitar los enfrentamientos violentos a toda costa.

NO son los gritos, ni las pancartas, lo que nos preocupa. Manifestaciones extremistas son casi inevitables en cualquier concentración de ciertas proporciones. Lo que nos alarma es la actitud de los elementos que debían haber dado ejemplo de responsabilidad. Pero una vez más el Partido Nacionalista Vasco ha revelado -su sospechosa ambigüedad y su falta absoluta de autoridad. Y del Consejo General Vasco no creemos que se pueda esperar mucho, ni de su presidente, por cuanto estamos viendo. Nada se diga de aquellos partidos que, como el socialista, son por principio internacionalistas y sólo por táctica adoptan unas banderas que el día que les convenga abandonarán.

SIN embargo, las cifras de manifestantes, especialmente en Pamplona y en Vitoria, donde lindan con el fracaso rotundo y sin paliativos, son significativas. La inmensa mayoría de la población de las cuatro provincias no va por ese camino; ama a su país, quiere seguramente la autonomía, pero no es independiste ni delirante. ¿No tiene derecho a una política que, encarrilando las reivindicaciones vascas por vías de diálogo y sensatez, evite el abismo político y económico que se está abriendo a sus pies? No dudamos de que es una política difícil y arriesgada, pero más difíciles pueden ponerse las cosas si no se actúa mientras es posible.

 

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