Autor: Duva Milán, Jesús. 
 Víctimas de un atentado en el barrio de Vallecas. 
 Muere un policía armado y otro gravemente herido     
 
 Ya.    11/03/1978.  Página: 38. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

VICTIMAS DE UN ATENTADO EN EL BARRIO DE VALLECAS

MUERE UN POLICÍA ARMADO y OTRO GRAVEMENTE HERIDO

Al parecer, los agresores fueron tres jóvenes que posteriormente se dieron a la fuga en un coche • Los asesinos dispararon contra los agentes prácticamente a bocajarro • Uno de los homicidas remató de un disparo en la cabeza al señor García Alonso.

El policía armado Félix García Alonso resultó muerto y su compañero Manuel Vázquez Blanco gravemente herido cuando sobre las cuatro y media de la tarde de ayer fueron tiroteados por tres individuos en la calle Manuel Pérez, en el distrito madrileño de Vallecas.

A la hora citada, la pareja de agentes patrullaba por la calle mencionada cuando vieron que en la confluencia de ésta con la de Sierra de la Safra había vario» individuos que discutían acaloramente. Mientras se dirigían a ver de !o que se trataba, los agresores abrieron fuego contra los agentes, uno de los cuales resultó prácticamente muerto en el acto, mientras que su compañero cayó herido varios metros más lejos, por lo que se piensa que trató de refugiarse en una bocacalle próxima, sin que tuviera tiempo para ello.

Posteriormente, parece ser que uno de los asesinos remató al servidor del orden fallecido, disparándole un tiro en la cabeza para, acto seguido, adueñarse de su pistola reglamentaria.

Al escucharse las detonaciones, los vecinos del barrio salieron a sus portales sumamente sobresaltados. Uno de éstos—un hombre de más de setenta años de edad—, cuando iba a asomarse para comprobar de qué se trataba, fue amenazado por uno dé los homicidas, quien, encañonándole con un arma le ordenó que se metiera para dentro si quería salvar su vida.

Prácticamente no parece existir ningún testigo que presenciara completamente todo el incidente, pues los agresores se dieron rápidamente a la fuga a bordo de un Seat 131, matrícula M-3809-AG, con el que sufrieron un accidente algunos metros después. Ante el percance los maleantes descendieron y a punta de pistola obligaron al conductor de otro vehículo a que abandonara el mismo.

El agente muerto, de veinticuatro años de edad, soltero, recibió seis impactos de bala, mientras que su compañero, de veintidós años, fue alcanzado por tres disparos, uno en el tórax, otro en un brazo y el tercero penetra por la región pectoral derecha hasta quedar alojado en la nalga del mismo lado.

Tras la agresión, el agente herido fue trasladado al equipo quirúrgico número 3, desde donde fue conducido más tarde hasta el hospital Francisco Franco, donde se le practicó una operación quirúrgica y se le extirpó un riñon. No obstante, la intervención tropezó con ciertas dificultades, toda vez que parece ser que en el citado centro no existía plasma sanguíneo del tipo del paciente. Ante este contratiempo, gran número de policías se presentaron voluntariamente para donar sangre.

Las circunstancias en que so desarrolló el salvaje atentado del

que fueron víctimas ambos policías armados hace pensar que los agresores tenían todo perfectamente planeado. De hecho, la emboscada fue realizada calculando hasta los más mínimos detalles, pues los asesinos sabían que a dicha hora tendría que pasar por allí la pareja. No ignoraban tampoco que en ese momento la calle estaba prácticamente desierta y que podrían obrar casi con absoluta impunidad.

El lugar de la agresión—una calle estrecha y con un elevado muro de tierra a uno de los laterales—hacía que las víctimas tuvieran una difícil escapatoria, agravado esto, además, con el hecho de que los delincuentes estaban perfectamente colocados para abrir fuego sin darles tiempo a reaccionar.

Según un vecino de la calle Manuel Pérez, poco antes de que ocurriera el asesinato, había visto cómo dos sujetos, jóvenes, se escondían detrás de una fuente próxima al lugar en que posteriormente cayó herido el señor Vázquez Blanco.

Por otra parte, la persona que fue amenazada con una pistola, con objeto de obligarla a entrar de nuevo en su domicilio, ha declarado que todo fue muy rápido y que se quedó petrificada cuando vio que en su misma puerta había un policía armada que sangraba abundantemente. No obstante, acertó a ver que quien le encañonaba era un sujeto joven, de aproximadamente un metro setenta centímetros de estatura y vestido con un jersey gris

y a la dosis de sangre fría de que hicieron gala.

 

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