Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Un Aberri Eguna preocupante     
 
 Informaciones.    20/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Un «Aberri Eguna» preocupante

Por Abel HERNÁNDEZ

NO hubo tiros ni intervino la Policía. No hubo enfrentamientos en la calle. Todo parecía una fiesta. Sin embargo, el primer «Aberri Eguna» legal desde los tiempos de la República ha sido una demostración de que el problema vasco no tiene fácil solución. Las fuerzas de la irracionalidad dominan, a juzgar por la jornada de ayer, al pueblo vasco. Los manifestantes no pedían estatuto de autonomía. Iban macho más allá: exigían autodeterminación. Esto es muy serio. La pancarta oficial, llevada por el presidente del Consejo General Vasco y del P.S.O.E., señor Rubial, decía: «Autodeterminación en la Constitución». En San Sebastián, la gran pancarta de los parlamentarios aludía también, en vascuence, a la autodeterminación. En la marea humana sobresalían los letreros de «independencia». El «Gora Euskadi Askatuta» .final iba mucho más allá del deseo de autonomía plena.

También es preocupante el revuelo de banderas republicanas «—en ningún momento se vio la bandera española ni se mencionó el nombre de España— enarboladas por las juventudes socialistas. El «espíritu de E.T.A.j) (volvió a vitorearse su última «hazaña» de Lemóniz) envolvía este «Aberri Eguna» de la libertad. Los «abertzalesii llevaban la voz cantante. El P.N.V., qué nutría el grueso de las manifestaciones, se situaba, confirmando su trayectoria de siempre, en una posición equívoca y contemporizadora. ¿Es o no es separatista el Partido Nacionalista Vasco? ¿Cabe una solución política al problema Vasco? Las preguntas son tremendas.

Ahora se ve claro el acierto del partido gubernamental, U.C.D., de no querer comprometerse con este aparente atentado político a la seguridad del Estado español. Es cierto que no todo era racismo y separatismo en este «Día de la Patria Vasca». Iban gentes entusiastas de su tierra, movidas por la presión emocional del ambiente, que no quieren la autodeterminación ni la secesión; que aborrecen el terrorismo, que huyen del miedo y que temen la descapitalización creciente del País Vasco. Pero la música de este baile de máscaras estaba compuesta, interpretada y dirigida por E.T.A. y sus colaboradores cercanos. Este «Aberri Eguna» en libertad ha sido un paso más hacia el conflicto total en aquella tierra española, si no hay quien lo remedie. Y deberían remediarlo los propios vascos. La responsabilidad del P.N.V. es especial. En esta ocasión ha bailado al son de la música que le tocaban, en vez de llevar la batuta. Menos mal que, al margen de la propaganda de los organizadores, la Inmensa mayoría de los ciudadanos vascos ha preferido no participar en la fiesta. El fracaso, sobre todo en Vitoria y Pamplona, ha sida ruidoso.

 

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