Autor: Azaola, José Miguel de. 
   Aberri Eguna     
 
 Ya.    31/03/1978.  Páginas: 2. Párrafos: 10. 

«ABERRI EGUNA»

EL que haya una festividad dedicada a] País Vasco, en la que los vascos todos—sin distinción de partido ni de ideario de creencias ni de origen—rindan homenaje a Vasconia y fomenten en sí mismos y estimulen en loa demás esa virtud cívica fundamental que es el patriotismo, es cosa excelente. Casi todos, si es que no todos, los pueblos del mundo tienen fiestas semejantes, y no hay razón para que los vascos no tengamos la nuestra, Otra cosa es el uso que de ella hagan unos u otros, el cual es en muchos sitios (y no me refiero especialmente al caso vasco) discutible, cuando no censurable. Pero esto no afecta ni al principio ni a la, institución de la festividad, contra los cuales no encuentro nada que argüir.

Lo que sí afecta no ya al principio (el cual queda siempre a salvo), sino a la institución, es el importante detalle de la elección de fecha, Y es doloroso comprobar que la escogida para celebrar ."Aberri Eguna", el Día de la Patria vasco, resulta un tanto desafortunada.

Evolución de "Aberri Eguna"

ABERRI Eguna se se celebró por primera vez el 27 de marzo, Domingo de Resurrección, en 1932. Instituido por el Partido Nacionalista Vasco, su fecha fue fijada por las autoridades de éste, y sus solemnidades estuvieron íntegia y exclusivamente programadas por él. Entre los sectores de la opinión pública ajenos o contraños al PNV (que en 1936 constituían, electoralmente hablando, más del 70 por 100 de la ciudadanía vasca), nadie o casi nadie se sentía implicado en aquella fiesta, de carácter claramente partidista e ideológico. Después de la guerra civil numerosos movimientos políticos se han sumado a la celebración. Muchos de ellos pertenecen a la especie que algunos motejan peyorativamente de "sucursalista", so pretexto de que sus instancias superiores no radican en el País Vasco, sino en Madrid, y llegan a la fiesta con un espíritu que no ea ya el mismo de quienes la iniciaron. Se ha formado asi, como una especie de aluvión o bola de nieve, un amplio movimiento para la celebración del Día cíe la Patria, cuyo núcleo inicial es nacionalista vasco, pero cuya masa, en proporción considerable, no lo es. La cosa no tiene nada de extraño: en este como en tantos otros fenómenos hay alguien que empieza; los demás se suman con mayor o menor rapidez y todos tienden a confundirse; pero en este caso no se confundirá de verdad si no se produce una evolución importante y, a mi juicio, muy poco probable. Es verdad que la fiesta ha perdido, al correr del tiempo, el carácter exclusivista que al principio tuvo: no es ya sólo la fiesta del PNV. Pero su carácter nacionalista persiste, y el nacionalismo trata (como es natural) de explotarla en provecho propio y teñirla de sus propios coloies. Algunos piensan que esto también irá desapareciendo; pero es muy difícil que desaparezca, e incluso que se amortigüe, entre otras razones por la muy importante de que la fecha escogida para la celebración posee un significado muy claro.

Muy claro, aunque, paradójicamente, mal conocido (lo que explica tantos equívocos"». Baste citar, como ejemplo de este mal conocimiento, lo que dice en la página 73 de su tomo primero la voluminosa "Enciclopedia general ilustrada del País Vasco", que está publicando la Editorial Auñamendi, y según la cual "Aberri Eguna" se festejó por primera vez "con motivo de la celebración de las bodas de oro del PNV" siendo así que en marzo del año 1932 el PNV no había cumplido todavía treinta y siete años de existencia.

El día de Pascua de 1882

LA verdad es que con aquella celebración se conmemoraba un cincuentenario diferente. En efecto: el 9 de abril, Domingo de Resurrección, en 1882, Sabino de Arana y Goiri, que había cumplido diecisiete años de edad, tuvo con su hermano mayor Luis una conversación, al término de la cual se abrió ante su espíritu un horizonte político nuevo. Luis acababa de explicar al hasta entonces -carlista Sabino que el carlismo no, era para los vizcaínos sino mero instrumento para recobrar los fueros, y que éstos significaban la independencia de Vizcaya, que hasta hacía poco había sido—a juicio de Luís de Arana—un Estado distinto de España por sus leyes, por su raza y por su idioma; fracasado el carlismo, había que luchar por otros medios para reconquistar la independencia perdida. Aquel día de Pascua quedó así depositada en la mente del adolescente Arana de simiente ideológica que (al cabo de un proceso de germinación, que duró aproximadamente un decenio) dio como fruto el ideario, y más tarde el partido nacionalista vasco. Tras de conmemorar este acontecimiento en su cincuentenario, el PNV siguió conmemorándolo en años sucesivos.

Con todos los respetos que merece la memoria de- Sabino de Arana, lo menos que puede decirse es que su figura no resulta precisamente la adecuada para simbolizar la unidad y la solidaridad de los vascos, y que su viraje político iniciado aquel día de Pascua es un episodio muy poco indicado para inspirar fervor patriótico a quienes, no somos nacionalistas vascos (y no digamos nada de aquellos vascos que — conscientemente o no—son nacionalistas españoles o franceses), ya que ese viraje condujo al fundador .del PNV a adoptar actitudes tremendamente conflictivas no sólo frente al poder central, sino también frente a la inmensa mayoría de sus compatriotas vascos; a decir y escribir (y no esporádicamente, en arranques disculpables de carácter pasional, sino sistemática y

José Miguel DE AZAOLA

Continúa en pág. sigte.)

"ABERRI EGUNA"

impiden—y sin duda, igual que a mí, a muchos otros vascos adherirme a "Aberri Eguna" en este Domingo de Resurrección de 1978; y que, si persisten, me temo que seguirán impidiéndomelo en añas sucesivas. Ello es gran lástima. Pero cuando se trata—y un Día de la Patria debe tratarlo siempre—de suscitar y afianzar unidad y concordia, solidaridad y reconciliación, bajo el signo de la virtud cívica del patriotismo, el tino más elemental requiere que, al elegir la fecha, se muestre una oportunidad y una cordura que brillan, en este caso, por su ausencia.

Sean, pues, cuales -sean les motivos (y son muchos) de admiración y de gratitud que al nacionalismo vasco tenga para venerar la memoria de Arana, y sean cuales sean las razones que los demás vascos tengamos (y crea que sí las tenemos) para reconocer la importancia de una parte de su obra y apreciar algunos aspectos de ella que fueron positivos, la verdad es que el aniversario del fenómeno ideológico que—a sabiendas o no—se conmemora el Domingo de Resurrección no constituye motivo suficiente, ni «¡quiera pretexto razonable, para que los vascos que no estamos de acuerdo con él nos sintamos enfervorizados lo más mínimo su nuestro amor al País y en nuestro deseo de servirla amor y deseo que no por ello van a desfallecer, pero que recibirían mejor estímulo en otra efemérides.

Fiesta civil y fiesta eclesiástico

HAY, por último, otra razon para calificar de desafortunada la elección de la fecha de "Aberri Eguna", La Pascua de Resurrección es el acontecimiento más importante, la festividad más solemne del calendarlo cristiano. Fiesta esencialmente religiosa que, como es sabido, no cae todos los años en el mismo día, sino que oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril. El Día de la Patria es, en cambio, una fiesta esencialmente cívica, profana. ¿Por qué empeñarse en que coincida con la solemnidad religiosa y en vez de celebrarla en fecha fija, trasladarla cada año al compás del calendario litúrgico, como si fuera inseparable del día pascual? El resultado es que en muchos lugares la festividad religiosa queda eclipsada por la celebración cívica, cosa que, además de no ser inevitable, es un tanto inconveniente, y que personalmente, como cristiano poco aficionado a mezclar lo profano con lo sagrado, encuentro fastidiosa. Se transparenía aquí el espíritu furiosamente integrista, amalgamador implacable de lo sagrado y lo profano, que durante largo tiempo caracterizó al nacionalismo vasco y que pensábamos que habría desaparacido en días más recientes.

Esas son las razones que me persistentemente durante casi lodo el decenio — le 1893 a 1903 — que duró su carrera política) innumerables despropósitos plagados de insultos y rebosantes de inquina contra España, contra los "españoles" (entre quienes, por supuesto, no incluía a los vascos), contra ¡os trabajadores venidos a Vizcaya de otros puntos de la Península... La lectura de sus ´´Obras completas", editadas por sus admiradores en 1965, es a este efecto muy aleccionadora.

 

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