Autor: Gallao, Jesús. 
 En el Aberri Eguna de Bilbao. 
 Ultraje a la bandera nacional  :   
 Una de ellas fue quemada y otra arrojada al suelo y pisoteada. 
 El Alcázar.    28/03/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

En el«Aberri Eguna» de Bilbao

ULTRAJE A LA BANDERA

NACIONAL

• Una de ellas fue quemada y otra arrojada al suelo y pisoteada

I Con mayor reposo puede mirarse mejor lo que

, CRÓNICA DE BILBAO fue el «festejo» del domingo, y da grima leer y oír Por Jesús Gallo en periódicos y emisoras de fuera de aquí, porque hablan del «Aberri Eguna» como si se tratara de la romería del Roció en Sevilla o de la fiesta del «Bollu» en Asturias.

De siempre fue exclusivamente fiesta separatista, inventada y realizada en exclusiva por el PNV. Este año, por algo que difícilmente podrá explicar a sus electores, ha colaborado de modo oficial el PSOE, cuando de sobra saben ellos que los socialistas de Vizcaya ni son ni han sido nunca de ningún matiz separatista. Recorriendo como lo hice grandes zonas fabriles y mineras, desde Somorrostro a Bilbao, con casi veinte kilómetros, apenas si llegué a contar doscientas banderas separatistas festejando el día. Y hay en esas zonas miles y miles de viviendas. Por ello es difícil averiguar qué pintaba Ramón Rubial al frente de la manifestación, siendo asi que sus militantes, es decir del PSOE, apenas si hicieron acto de presencia. Y esto fue muy notorio. Y les puedo afirmar que este año, con todas las bendiciones, ha habido como la tercera parte de banderas en los balcones y ventanas. Difícil de explicar pero ciertisimo, porque a la vista estaban.

Ya por la noche, uno se quedaba de piedra oyendo al locutor de TVE diciendo que no hubo incidentes. Pues claro que no, pero por los siguientes motivos:

Hubo justitas treinta y cuatro banderas republicanas —dato que omitió también la «tele»— y nadie intervino para retirarlas, o las dejaron pasearse con ellas.

Hubo gritos pidiendo más goma-2 y lucha armada y nadie disolvió el grupo. Hubo pancartas y gritos pidiendo sin rubor la independencia, y nadie los interrumpió.

Dos banderas nacionales fueron ultrajadas. El primer ultraje se realizó a la altura del club taurino próximo al Banco de Vizcaya, cuando un joven encapuchado con una tela blanca salió del grupo de manifestantes y se encaramó a lo alto del balcón del citado club. De allí arrancó la enseña nacional y la quemó acontinuación. Varios manifestantes gritaron «es ikurriña, sí). El segundo se realizó en el paseo de Sarasate donde fue desatada de su mástil una bandera española y arrojada al suelo, para después pisotearla.

Ya de víspera, el PNV pedia la liberación nacional, los grupos de izquierda, la independencia.

Total que si a la masa les dejan hacer todo, seguro que no hay incidente alguno. Y eso es lo que ocurrió en Bilbao en el día de ayer.

Detalle curioso es que los del PNV tuvieron que sufrir insultos de los que en un día no lejano eran de su misma carnada. Total, que entre los gritos de unos y otros,, fue como un energumenisimo.

Pongamos punto final hablando del PCE, porque las buenas maneras aparentes de Santiago Carrillo se rompen en Vizcaya, porque no fueron sólo los grupos subterráneos del comunismo, como Movimiento Comunista, etc. sino el propio PCE, quien pedia la independencia. Resulta delicioso decir en Madrid una cosa y gritar y hacer en Vizcaya otra muy distinta. Seria interesante interrogar en Madrid si lo hacen como consigna o son desviacionistas.

El «Aberri Eguna» de este año y por muchas causas ha dejado un sabor agridulce en los peneuvistas, que al final de la manifestación, se fueron solitos a rendir pleitesía a la memoria de Sabino Arana, frente a una tapia, un nuevo muro de las lamentaciones que cubre un solar donde vivió durante muchos años.

Por cierto que esa tapia es una guerra de letreros entre los separatistas y grupos de signo nacional, y de tal manera que un periódico de Bilbao criticaba a éstos porque ponían letreros antiseparatistas. Un colmo de ecuanimidad, vamos.

DETENIDOS EN «ABERRI

EGUNA», A DISPOSICIÓN

JUDICIAL

De los cuatro jóvenes que fueron detenidos el domingo en Pamplona por llevar pegatinas en favor de ETA y pancartas independentistas, con ocasión del Día de la Patria Vasca, tres de ellos pasaron ayer por la mañana a disposición judicial, en esta ciudad. La cuarta persona, que también fue detenida, fue puesta en libertad.

Grupos de jóvenes se manifestaron por las proximidades de la prisión provincial de Pamplona para pedir la libertad de los militantes de la organización terrorista

ETA actualmente encarcelados. Los manifestantes lanzaron cócteles «molotov» contra el establecimiento penitenciario, lo que hizo que la Policía interviniera para disolverlos. Se produjeron algunas carreras.

Crónica de España LEGALIDAD CONTRA ESPAÑA

Pocas horas antes de que se produjeran las manifestaciones antiespañolas en Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Pamplona, era enterrado en el cementerio de Burgos el policía armado José Vicente del Val Ría, fallecido en Vitoria a consecuencia de las heridas que le causaron miembros de la ETA, en el curso de un atentado en el que murieron dos compañeros suyos. La Providencia quiso poner luto premonitorio al «Aberri Eguna» y a la debilidad del Gobierno. En la presidencia del funeral estaba el general subinspector de la Policía Armada, Timón de Lara. También estaba el subdirector general de Seguridad, señor Arias, que apenas veinticuatro horas antes había anunciado su disponibilidad para «negociar con ETA», es decir, para entenderse con los asesinos de José del Val Ría y de un centenar más de heroicos miembros de las Fuerzas del Orden Público. El señor Sáinz debía estar a lo suyo, que es detener a los asesinos de sus hombres, en vez de pretender una negociación política que no le incumbe. Parece claro que el señor Sáinz González se ha impregnado hasta los tuétanos de la técnica del trapicheo característica de laUCD.

El jolgorio político del «Aberri Eguna» ha servido para justificar la lógica de las declaraciones del socialista Rubial al «Newsweek», cuando afirma: «Creo que seremos capaces de legalizar todos los partidos, incluida la ETA, aunque esta organización insiste en lograr un Estado independiente vasco, y permanece todavía ilegal.»

El señor Rubial y sus adláteres desfilaron bajo una gran pancarta, entre gritos, banderas, cantos y manifiesto final, en ios que se reiteraban las tópicas aspiraciones, las consignas, las reivindicaciones y los anatemas de ETA. El «Aberri Eguna» estuvo dominado por ETA en las capitales vascongadas y en Navarra. El clima lo puso ETA. Los dirigentes y parlamentarios marxistes bailan al son impuesto por ETA. Pero sin mayor esfuerzo ni violencia, pues también ETA es marxista y, de la misma forma que el PCE, aunque por otros caminos, está bajo la obediencia de Ponomariev. En el cortejo figuraban todas las banderas y representaciones del espectro frentepopulista y de la gran conspiración contra Europa. Desfilaron las banderas separatistas de otros terrorismos marxistas europeos cerca de una gran «ikurriña», portada y escoltada por las milicias. No faltaban banderas rojas de todo pelaje, ni los símbolos múltiples de una misma conspiración revolucionaria. Tampoco escaseaban las invocaciones a la nación vasca, a la independencia de Euzkadi, a la autodeterminación y demás lemas que el Gobierno parece entender como un ejemplo de corrección democrática y de identificación con el Estado español. El entusiasmo reverdece también ansias expansivas para Euzkadi: en seguida ha comparecido la reivindicación del «territorio del condado de Treviño, usurpado por los caciques españoles», además de la incorporación de Navarra. Si alguna vez sonó el nombre de España fue para el insulto. Y, por supuesto, ni en el cortejo ni en todo el recorrido, pese a existir algún que otro edificio oficial, se vio una sola bandera de España.

ETA, insisto, ha ganado la partida. Ha impuesto la ley del miedo a los partidos, a la clase política y al Gobierno. Puede ser la causa de que el poder, representado por los firmantes de «Los Pactos de la Moncloa», se muestre dispuesto a la negociación con la fuerza armada que impone su ley en las provincias vascongadas. Unos y otros conocen de sobra que ETA es algo más que una pandilla de asesinos. ETA es una bien entrenada organización terrorista, cuyas acciones sistemáticas, en medio de una impunidad generalizada, le atrae, lógicamente, fervores y adhesiones juveniles. La juventud, o una parte más excitable de la juventud, se va, en efecto, con los fuertes y los victoriosos. Así, cuando un Estado entierra subrepticiamente a sus héroes, y se avergüenza de su legitimidad victoriosa, es natural que esa juventud se vaya con los terroristas que afrentan al poder dimisionario y les ofrecen un futuro.

Mayor repugnancia me produce, sin embargo, la homilía de los obispos de las diócesis vascongadas. Es cierto, sí, que resulta «trágico acostumbrarse a la sangre y a la muerte. Tal costumbre envilece y embrutece a las personas». Pero será conveniente recordar a la Jerarquía de aquellas provincias españolas que eclesiásticos conocidos, algunos de ellos bastante integrados en esa Jerarquía, ampararon a los asesinos, les protegieron y les facilitaron la huida, según consta en los legajos de varios procesos. Y llamarle la atención, asimismo, sobre documentos, homilías y actitudes beligerantes en favor de esos mismos asesinos a los que ahora condenan, aparte de la notable falta de caridad cristiana y de espíritu evangélico demostrado en más de una ocasión, cuando los muertos, en vez de ser los asesinos, eran sus víctimas.

También se rindió homenaje a Sabino Arana, de quien creo oportuno recordar dos frases que resumen su pensamiento separatista y el ánimo real del «Aberri Eguna». Escribió: «España es la nación más degradada y abyecta de Europa (...) Lo que nos importa es que España se desprestigie y arruine, y aun desaparezca del mapa de Europa.»

¿Escribió Sabino Arana con previsora intuición de la España de 1978?

 

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