Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Legalidad contra España     
 
 El Alcázar.    28/03/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Crónica de España

LEGALIDAD CONTRA ESPAÑA

Pocas horas antes de que se produjeran las manifestaciones antiespañolas en Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Pamplona, era enterrado en el cementerio de Burgos el policía armado José Vicente del Val Ría, fallecido en Vitoria a consecuencia de las heridas que le causaron miembros de la ETA, en el curso de un atentado en el que murieron dos compañeros suyos. La Providencia quiso poner luto premonitorio al «Aberri Eguna» y a la debilidad del Gobierno. En la presidencia del funeral estaba el general subinspector de la Policía Armada, Timón de Lara. También estaba el subdirector general de Seguridad, señor Arias, que apenas veinticuatro horas antes había anunciado su disponibilidad para «negociar con ETA», es decir, para entenderse con los asesinos de José del Val Ría y de un centenar más de heroicos miembros de tas Fuerzas del Orden Público. El señor Sáinz debía estar a lo suyo, que es detener a los asesinos de sus hombres, en vez de pretender una negociación política que no le incumbe. Parece claro que el señor Sáinz González se ha impregnado hasta los tuétanos de la técnica del trapicheo característica de laUCD.

El jolgorio político del «Aberri Eguna» ha servido para justificar la lógica de las declaraciones del socialista Rubial al «Newsweek», cuando afirma: «Creo que seremos capaces de legalizar todos los partidos, incluida la ETA, aunque esta organización insiste en lograr un Estado independiente vasco, y permanece todavía ilegal.»

El señor Rubial y sus adláteres desfilaron bajo una gran pancarta, entre gritos, banderas, cantos y manifiesto final, en los que se reiteraban las tópicas aspiraciones, las consignas, las reivindicaciones y los anatemas de ETA. El «Aberri Eguna» estuvo dominado por ETA en las capitales vascongadas y en Navarra. El clima lo puso ETA. Los dirigentes y parlamentarios marxistas bailan al son impuesto por ETA. Pero sin mayor esfuerzo ni violencia, pues también ETA es marxista y, de la misma forma que el PCE, aunque por otros caminos, está bajo la obediencia de Ponomariev. En el cortejo figuraban todas las banderas y representaciones del espectro frentepopulista y de la gran conspiración contra Europa. Desfilaron las banderas separatistas de otros terrorismos marxistas europeos cerca de una gran «ikurriña», portada y escoltada por las milicias. No faltaban banderas rojas de todo pelaje, ni los símbolos múltiples de una misma conspiración revolucionaria. Tampoco escaseaban las invocaciones a la nación vasca, a la independencia de Euzkadi, a la autodeterminación y demás lemas que el Gobierno parece entender como un ejemplo de corrección democrática y de identificación con el Estado español. El entusiasmo reverdece también ansias expansivas para Euzkadi: en seguida ha comparecido la reivindicación del «territorio del condado de Treviño, usurpado por los caciques españoles», además de la incorporación de Navarra. Si alguna vez sonó el nombre de España fue para el insulto. Y, por supuesto, ni en el cortejo ni en todo el recorrido, pese a existir algún que otro edificio oficial, se vio una sola bandera de España.

ETA, insisto, ha ganado la partida. Ha impuesto la ley del miedo a los partidos, a la clase política y al Gobierno. Puede ser la causa de que el poder, representado por los firmantes de «Los Pactos de la Moncloa», se muestre dispuesto a la negociación con la fuerza armada que impone su ley en las provincias vascongadas. Unos y otros conocen de sobra que ETA es algo más que una pandilla de asesinos. ETA es una bien entrenada organización terrorista, cuyas acciones sistemáticas, en medio de una impunidad generalizada, le atrae, lógicamente, fervores y adhesiones juveniles. La juventud, o una parte más excitable de la juventud, se va, en efecto, con los fuertes y los victoriosos. Así, cuando un Estado entierra subrepticiamente a sus héroes, y se avergüenza de su legitimidad victoriosa, es natural que esa juventud se vaya con los teroristas que afrentan al poder dimisionario y les ofrecen un futuro.

Mayor repugnancia me produce, sin embargo, la homilía de los obispos de las diócesis vascongadas. Es cierto, sí, que resulta «trágico acostumbrarse a la sangre y a la muerte. Tal costumbre envilece y embrutece a las personas». Pero será conveniente recordar a la Jerarquía de aquellas provincias españolas que eclesiásticos conocidos, algunos de ellos bastante integrados en esa Jerarquía, ampararon a los asesinos, les protegieron y les facilitaron la huida, según consta en los legajos de varios procesos. Y llamarle la atención, asimismo, sobre documentos, homilías y actitudes beligerantes en favor de esos mismos asesinos a los que ahora condenan, aparte de la notable falta de caridad cristiana y de espíritu evangélico demostrado en más de una ocasión, cuando los muertos, en vez de ser los asesinos, eran sus víctimas.

También se rindió homenaje a Sabino Arana, de quien creo oportuno recordar dos frases que resumen su pensamiento separatista y el ánimo real del «Aberri Eguna». Escribió: «España es la nación más degradada y abyecta de Europa (...) Lo que nos importa es que España se desprestigie y arruine, y aun desaparezca del mapa de Europa.»

¿Escribió Sabino Arana con previsora intuición de la España de 1978?

Ismael MEDINA

 

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