Autor: P. B.. 
 Durante su secuestro. 
 José Javier Crespo alaba el trato recibido     
 
 ABC.    02/12/1978.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DURANTE SU SECUESTRO

JOSÉ JAVIER CRESPO ALABA El TRATO RECIBIDO

San Sebastián, 1. (De nuestro corresponsal.) A las siete y veinte de esta mañana, de un Dodge Dart blanco de la Dirección General de Seguridad —escoltado por un Simca 1.200 de color verde—descendía, a la puerta de su. domicilio en San Sebastián, el delegado provincial de Educación de Guipúzcoa, don José Javier Crespo, liberado ayer tarde en Madrid por un comando de E. T. A. político-militar, que le ha mantenido secuestrado durante un total de sesenta y ocho horas.

Uno de los hermanos del secuestrado —el mismo que estuvo la primera noche retenido por el comando de E. T. A.— venía en ese momento de comprar los periódicos. Fue el primero en darle un abraao. Otros tres de sus hermanos—que se mantenían expectantes a la llegada— bajaron también corriendo para recibir a José Javier, quien, con aspecto de gran cansancio y con barba de todos estos días, fue Incapaz de contener ¡as lágrimas.

Doña Mercedes Herrero—recién levantada de la cama, ya que sus familiares le habían hecho acostarse para que se encontrara más descansada al regreso de su esposo— le dio emocionada el abrazo en la puerta misma del apartamento.

Varios periodistas —que habían hecho vela en el propio domicilio durante toda la noche—iniciaron inmediatamente una improvisada rueda de Prensa.

El delegado recién liberado no sabe el lugar donde ha estado estos cuatro días. Lo único que recuerda es .que lo llevaron «aginia casita muy elemental, con unos ventanucos por donde entraba luz natural».

En numerosas ocasiones, a lo largo de la entrevista, el señor Crespo recalcó que los secuestradores se habían portado muy bien con él, que no hubo situaciones de violencia y que no hubo lo más mínimo contra su persona. «El trato—dijo— fue amable e Incluso amistoso. De todas formas, a partir de Miranda de Ebro hay cosas que ya no recuerdo, pues me administraron unas pastillas que me impedían darme cuenta de lo que ocurría. Podía ver y escuchar, pero me Impedían que relacionara las cosas y el que me diera cuenta de lo que ocurría.»

Según el señor Crespo, durante los cuatro días que duró el secuestro, siempre estuvo en el mismo sitio. «La noche anterior de liberarme—continúa—me dijeron que íbamos a madrugar, que nos teníamos que marchar temprano. Hicimos muchas horas de viaje sin parar, hasta las cuatro menos veinte, en que me liberaron en la puerta de la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Yo iba con las gafas oscuras y no sabía por dónde me llevaban. Recuerdo que en 3a avenida del Generalísimo, donde el Real Madrid, un miembro del comando me bajó del coche y me dejo en la acera, diciéndome que no diera aviso a nadie hasta después de tres horas y que nunca mirara atrás. Me imagino que para que no viera la matrícula del coche que utilizaban. Yo sabía dónde estaba porque conozco Madrid.»

«Una vez que pasaron las tres horas fijadas por los secuestradores llamé, a eso de las siete, a mi familia. Mis hermanos me aconsejaron que avisara al ministro de Educación antes de tomar el tren. La llamada al ministro Iñigo Cavero hizo que perdiera el tren, al tener el reloj retrasado varios minutos.» Cuando terminó con las dos comunicaciones telefónicas, según él mismo manifestaba, «lloré de emoción y de alegría, e incluso perdí el control del tiempo».

Seguidamente, el señor Crespo cenó en un restaurante de la estación, y poco antes de que terminara fueron a buscarle varios funcionarios y lo trasladaron a la Dirección General de Seguridad.—P. B.

 

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