Autor: P. B.. 
   Triple asesinato terroristas en San Sebastián     
 
 ABC.    06/12/1978.  Página: 1,5. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

TRIPLE ASESINATO TERRORISTA EN SAN SEBASTIAN

Un comisario de Policía, un subcomisario y un policía municipal fueron abatidos a tiros en un bar del centro de la ciudad

SAN SEBASTIAN, 5. (De nuestro corresponsal.) un comisario de Policía, un subcomisario y un policía municipal han sido acribillados a balazos, a primeras horas de esta tarde, mientras chiquiteaban en el bar Urgull, sito en la calle Reyes Católicos, en pleno centro de San Sebastián, y justo enfrente del conocido bar Valles.

A las dos y veinte de la tarde, según nos relataron los propios camareros del Urgull, tres individuos —aunque podrían ser cuatro, pues los testigos no se ponen de acuerdo sobre este dato—, penetraron en el local y gritaron a los presentes «¡Todos al suelo!» En ese momento estaban comiendo tres señoras en una de las mesas situadas al fondo del bar, mientras otra muchacha Joven, extranjera, se sentaba a su lado en una mesa contigua; los tres policías se encontraban cerca de estas mesas, al fondo de la barra, mientras que otro grupo de seis o siete personas estaban situadas junto´ a la puerta de entrada, también en la barra. El mostrador estaba atendido por tres camareros.

A BOCAJARRO. — Los tres individuos se dirigieron entonces a los policías, que estaban tomando unos chiquitos de vino (dos blancos y un tinto) y les dispararon a boca-

jarro con sus pistolas. El comisario de Policía don José María Serráis Lyaseda, cayó herido junto a una pared-vitrina que separa parcialmente el mostrador de las mesas donde comían las señoras. Al parecer, trató entonces de protegerse, pero fue rematado en el suelo y murió instantáneamente. El subcomisario de Policía don Gabriel Alonso Perejil, también murió instantáneamente, cayendo junto a la barra y quedando su cabeza apoyada en el hierro que suele servir para apoyar los pies. En cuanto al policía municipal de Pasajes don Ángel Cruz Salciñas quedó tendido, aún con vida, entre los otros dos.

Uno de los camareros nos comentaba, refiriéndose al herido, que «tenía la cara destrozada por los disparos, toda cubierta de sangre». En seguida se lo llevaron en un coche de la Policía, un Seat 124 tipo furgoneta, blanco». Sin embargo, cuando ingresó en la Residencia Sanitaria era ya cadáver. En cuanto al número de disparos, el camarero añadió que «no lo sé con seguridad, fueron muchos, lo menos veintitantos. A uno de los jóvenes le vi que llevaba en la mano una pistola pequeña. En los otros no me fijé porque en seguida que entraron me tiré al suelo detrás del mostrador. Cuando nos levantamos, ya se habían ido. Les dispararon a todos en el cuello y en la cabeza».

Otro testigo presencial nos comentaba, por su parte, que los jóvenes al salir gritaron «Gora Euzkadi Askatuta», así como algunas otras cosas. «Dijeron algo de E. T. A. —precisaba— y como varias personas que estaban en la calle al oír los disparos echaron a correr les dijeron: "Tranquilos, tranquilos." Una de las señoras que estaba comiendo en el Urgull fue presa de un ataque de nervios y hubo de ser asistida allí mismo. También se creó un momento de gran confusión en el bar Valles, pues al escuchar los disparos, unos chicos jóvenes se refugiaron en él precipitadamente y el resto de los clientes creyeron en principio que se trataba del comando».

Por su parte, el dueño del bar Urgull, que en el momento del tiroteo se encontraba en la oficina que tiene en el sótano hablando con un representante, nos comentaba: «Yo al principio pensé que eran petardos de chavales. Hasta que subí no me di cuenta de lo que había pasado. Además de los camareros, había una señora más y dos chicas en la cocina, que está al fondo del mostrador, muy cerca de donde se encontraban los tres policías. Orificios de bala sólo hemos encontrado uno en la pared que separa la barra del comedor. Los demás debieron darles directamente en los cuerpos. En el suelo había muchos casquillos, algunos incluso habían saltado por encima del mostrador. Parece que dentro del bar no hablaron nada más que para ordenar que la gente se tirara al suelo.»

CINCO TERRORISTAS. — «Al salir del bar —narraba a su vez otro testigo—, los jóvenes se dirigieron andando normalmente hacia uno o dos coches, donde les esperaba otro miembro del comando. Yo los vi salir al

(PASA"´A LA PAG,)

LA MUNICIÓN UTILIZADA EN EL ATENTADO ES LA HABITUAL DE E.T.A,

El comando agresor estaba integrado al menos por cuatro terroristas

(VIENE DE LA PAG. I.1)

principio de un coche con las pistolas en (a mano. Me escondí y al poco escuché los disparos. Luego vi cómo volvían, siempre con las pistolas en la mano. Al sentarse de nuevo en el coche se las colocaron entre las rodillas i arrancaron rápidamente. En total me parece que eran cuatro y el que conducía «I coche, cinco.»

Otras versiones señalan que eran dos los automóviles en los que huyeron, un Seat 132 y un R-7, donde esperaban dos miembros del comando al volante. También se habla de que otro joven componente del mismo comando se quedó vigilando junto a donde tenían aparcados tos automóviles, cubriendo la acción de sus compañeros.

Desde la calle Prim pudieron tomar diversas direcciones, tanto hada la autopista con dirección a Irún, como hacia la carretera vieja a la citada ciudad fronteriza, o hacia el centro de San Sebastián.

«Uno de los Jóvenes —relataba otro testigo presencial— era moreno, de pelo corto, muy negro, y llevaba una chaqueta azul, como de marinero; otro iba vestido con una zamarra verde y el tercero vestía un pantalón beige con zapatillas deportivas blancas. Todos ellos tenían alrededor de veinte años.»

LAS VICTIMAS. — Las víctimas solían chiquitear todos los días a la misma hora por los bares de la zona. Al bar Urgull iban habiíuaimente. El subcomisario Gabriel Alonso Perejil, de sesenta y un años, casado y con dos hijos, era persona muy conocida en San Sebastián, pues "alternaba con asiduidad a la hora del chiquiteo. Su hija Cristina había sido campeona de España de salto de longitud. Ingresó en el Cuerpo General de Policía en 1944 y desde entonces había estado destinado en San Sebastián. El próximo mes de febrero Iba a jubilarse y en fechas próximas esperaba ser ascendido a comisario.

El comisario José María Serráis Lyaseda estaba también casado y tenía cinco hijos. Fue desuñado el pasado mes de agosto a la Comisaría de la población gulpuzcoana de Rentería, cercana a San Sebastián, al ser ascendido a comisario. Ingresó en el Cuerpo en 1942.

En cuanto al policía municipal de Pasajes, Ángel Cruz Salciñas, era natural de Santander, iba a cumplir sesenta años y llevaba treinta y dos en Pasajes. Trabajaba en \a oficina del Cuerpo. Estaba casado, sin hijos, y era muy conocido en toda la zona de Pasajes, donde sus propios compañeros nos manifestaron que era muy apreciado. «No podemos entender cómo lo han matado», nos relataba uno de elfos.

Los casquillos recogidos en el lugar del alentado son 9 milímetros Parabellum, munición habitualmente utilizada por E.T.A. De momento ningún grupo ha reivindicado la acción. Nada más producirse el atentado se establecieron fuertes controles policiales en las carreteras de Guipúzcoa, y la zona donde está situado el bar Urgull fue acordonada por la Policía, cerrando diversos bares de los alrededores. El Juez ordenó el levantamiento de los cadáveres sobre las cuatro y cuarto de la tarde, siendo trasladados al Gobierno Civil, donde esta noche quedará instalada la capilla ardiente.—P. B.

 

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