Curas blasfemos     
 
 Diario 16.    28/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Curas blasfemos

La blasfematoria homilía pronunciada en el funeral del eíarra Argala es un grave síntoma de la enfermedad que están padeciendo algunos vascos: comparar la actividad de la ETA con la vida de Jesucristo y sus apóstoles no sólo es blasfematorio —Jesús nunca decretó una muerte ni, mucho menos, la ejecutó—, sino una falsedad histórica y una aberración esquizofrénica, cuyos antecedentes más próximos habría que encontrarlos en aquella iglesia que tanto halagara a la dictadura franquista.

España, y particularmente el País Vasco, han sido siempre pródigos en curas de improperio y trabuco, peces que mejor se manejan en las turbias aguas de la violencia fratricida que en las límpidas, pero más exigentes, de un ministerio caritativo y abnegado. Curas Merinos que prefieren bendecir cañones a poner siquiera una mejilla. Curas carlistas de faca y montería, guerrilleros de causas en las que sólo ellos nombran a Dios, por su propia conveniencia.

Pero llegar a establecer paralelos entre la ocupación romana de Judea y la actual situación del pueblo vasco, calificar retrospectivamente de terroristas a Jesús y sus´apóstoles y afirmar que "incluso la lucha armada, con sus terribles contradicciones, como toda obra humana, no es ajena a Dios y al Evangelio de Jesús", rebasa cuanto puede esperarse de los incultos y enfebrecidos sacerdotes que, tan a menudo, produce este país. Es sólo comparable a aquella blasfemia, tan condenada por los antifranquistas: "¡Benditos sean los cañones, si en las brechas que abren florece el Evangelio!"

¿Quién defiende a los fieles, a la fe católica, de tan descerebrados energúmenos? ¿Cómo pretende la Iglesia de Roma que no cunda entre sus ovejas el temor y el desconcierto, cuando pastores hay que se drogan de odio en nombre del amor y de la justicia? ¿Cómo aceptar otras condenas católicas cuando se dejan pasar en silencio las propias blasfemias? La jerarquía española debería dar la respuesta. O, en su defecto, ese Vaticano que pretende seguir siendo foco de luz, amor y justicia entre los hombres.

 

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