Autor: Apostua, Luis. 
 El Aberri Eguna, en las cuatro provincias vascas. 
 Arrastrados     
 
 Ya.    28/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

JORNADA ESPAÑOLA

ARRASTRADOS

CREO que todos hubiésemos deseado que el primer "Aberri Eguna" celebrado en la más completa legalidad hubiese sido un gran éxito para el Partido Nacionalista Vasco. ¿Ha sido así? Nos tememos que tal vez sólo haya conseguido el éxito sentimental, pero no el político. La eran manifestación —afortunadamente con orden físico—constituyó un desorden político e ideológico cuyas características mas preocupantes fueron las siguientes:

— La autonomía no agrada a los manifestantes, que en la propia pancarta oficial insertan la frase "Autodeterminación en la Constitución". Igualmente, en el comunicado final (compartido por todos los presentes) se exige el reconocimiento de "la soberanía" y el derecho al "autogobierno que posibilite su autodeterminación". Ambas cosas—autodeterminación y soberanía—son en castellano expresiones totalmente incompatibles con la menor sombra de Estado único o unido.

— La participación de los partidos de la superizquierda vasca (los arbetzales) supuso una clara inyección de apoyo ideológico y político a la ETA, con gritos como "ETA seguirá acción armada", "ETA, Lemóniz, más goma-dos", "Fuerza» represivas; ejecución" y manifestaciones paralelas o sectoriales como la que en Pamplona se dirigió a la cárcel exigiendo la libertad de los presos.

— Ausencia total del menor referente a cualquier concepto de unidad superior del Estado español como un todo comprensivo de las diversidades regionales o nacionales.

ALGUNOS observadores tenemos también la Impresión que el mismo papelón de comparesería ha sido desempeñado por el Partido Socialista Obrero Español, cuyo senador Rubial es hoy presidente del Consejo General Vasco y que en función de tal ha figurado al frente de la manifestación. Su presencia y su presidencia introduce- uno de los factores más perturbadores en el escenario político, porque ya se pierde de vista cualquier hipótesis razonable sobre los propósitos nacionales de su partido. También estaba en la presidencia la representación del PC-Euzkadi; no nos imaginábamos que el eurocomunismo pasase por Madrid para favorecer la independización del País Vasco.

Tal vez todas estas cosas sean muy explicables en el clima local, con la exigencia electoralista que toda democracia lleva consigo; pero e» muy difícil explicarlo al sur de la frontera. Lo que resulta humillante es que los grandes partidos nacionales de la Izquierda española se comprometieran a una operación clarisimamente separatista.

Luis APOSTUA

 

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