El primer periodista     
 
 Informaciones.    28/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIONES

EL PRIMER PERIODISTA

DON José María Portell, un vasco de cuarenta y cuatro años, es el primer periodista muerto por el terrorismo en España. Aquí no ha habido tiros en las piernas, a la italiana. Aquí se mata con una frialdad, una crueldad y —no lo olvidemos— una cobardía inimaginables a quien no es miembro de ninguna fuerza de represión, ni un oligarca opresor del pueblo, sino tan sólo un reportero, un buen reportero, que contaba lo que veía y conocía, que había escrito libros sobre el problema vasco y sobre E.T.A., mostrando una actitud comprensiva hacia esta organización.

Hoy, E.T.A. ha asesinado a Portell porque éste, haciendo acopio justamente de información y no de propaganda, y actuando como mediador en varios secuestros perpetrados por etarras, había llegado, paulatinamente, a conclusiones que plasmaba en sus nuevos escritos y que eran compartidas por un número creciente de vascos: con la E.T.A. militar, con su sistemática y visceral búsqueda del terror y la destrucción, no se puede dialogar. Una pluma libre, prestigiosa e informada —que además preparaba un libro sobre el asesinato de «Pertur» por sus cantaradas etarras— era, evidentemente, un peligro mortal para los terroristas vascos, porque era una de las primeras muestras, uno de los principales aglutinantes dentro del mundo intelectual, del creciente despego del pueblo vasco con relación a una organización que —como bien decía anteayer la «Hoja del Lunes» bilbaína, en el artículo que quizá selló la condena a muerte de su director— no ha sabido asimilar el cambio político y social de España y del País Vasco, y no tolera su pérdida de fuerza popular a favor de las organizaciones civiles y pacíficas.

El gesto desesperado de los asesinos de E.T.A. ha venido a recordarnos el riesgo enorme que en este país sigue entrañando el ejercicio de la, libertad de expresión; el asesinato ha colocado a los periodistas, una vez más, ante su abrumadora responsabilidad de buscar los hechos, analizarlos y narrarlos, y contribuir a que resplandezca la verdad, aun a sabiendas de que el riesgo puede ser enorme. Los periodistas españoles estamos hoy sobrecogidos por el vil asesinato de un compañero humilde y honrado, que deja a cuatro hijos y a una mujer que, porque también es periodista, quizá pueda comprender mejor, en su inmenso dolor, la razón y la honra del sacrificio de su marido.

Los terroristas de E.T.A. no han matado hoy a ningún hombre del que, con razón o sin ella, se pudiera argüir que oprimía o que explotaba. Han matado a un vasco de a pie, a un trabajador que buscaba, que sabía, que contaba lo que en realidad sucede en la clandestinidad de su país. Al matar a un informador que servia al público, a todos sus paisanos vascos, E.T.A. ha dado un decisivo paso hacia la alienación de ese público; ha perdido una batalla crucial.

 

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