Autor: Berrobi, Patxi. 
   Asesinado el inspector jefe de información de Irún     
 
 ABC.    29/08/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MARTES, 29 DE AGOSTO DE 1978.

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ASESINADO EL

INSPECTOR JEFE DE

INFORMACIÓN DE IRUN

San Sebastián, 28. (Crónica de nuestro corresponsal, por teléfono.) El inspector jefe del Servicio de Información de la Comisaría de Policía de Irún, don Alfonso Estevas-Guilmau Muñoz, ha resultado muerto esta noche mientras aparcaba su automóvil a la puerta de su domicilio en Fuenterrabía, cuando dos individuos le dispararon a bocajarro varias ráfagas de metralleta.

El hecho se ha producido a las diez menos cinco aproximadamente, frente al llamado edificio Miramar, junto a la orilla del rio Bidasoa. Al parecer, tres jóvenes, de alrededor de veinte años cada uno, se aproximaron al automóvil del comisario, un Seat 124, matrícula de San Sebastián, y, sin darle tiempo a descender, dos de ellos dispararon sus metralletas, uno desde el costado izquierdo del coche y el otro desde la parte de atrás. En total realizaron anos diecinueve disparos que causaron la muerte instantánea de) señor Estevas-Guilmau.

El señor Estevas-Guilmau cayó tendido boca abajo sobre el asiento de su derecha. A los pocos segundos, un médico que vive en el mismo edificio abrió las puertas del automóvil y le hizo un masaje cardíaco para tratar de salvarlo, pero el inspector de Policía era ya cadáver. Entre tanto, los agresores habían emprendido la huida a bordo de un automóvil de color claro que les esperaba en las cercanías.

Casualmente, en ese momento llegaba a su domicilio la esposa y el hijo mayor del inspector asesinado. El hijo, algo adelantado a su madre, subió directamente hacia su domicilio por indicación de una vecina, sin llegarse a apercibir de lo sucedido. Sin embargo, la esposa del señor Estevas-Guilmau, nada más ver el automóvil de su marido con los cristales rotos, se acercó corriendo hacia él, mientras gritaba: «Han asesinado a mi marido, han asesinado a mi marido.» Posteriormente, sus familiares le hicieron dirigirse a su domicilio, presa de una gran excitación nerviosa. El señor Estevas-Guilmau —que ocupaba desde hace unos dos meses el puesto de jefe del Servicio de Información de la Comisaría de Irún— contaba en la actualidad cuarenta y un años de edad y era natural de Madrid. Deja tres hijos varones, de doce, once y seis años de edad. Residía en Fuenterrabía desde hace unos dieciocho años, en que su padre —uno de los promotores de la empresa constructora Rubán— construyo el edificio Miramar. Su padre posee también el conocido restaurante Valles, en las cercanías de Briviesca.

El inspector asesinado, en unión de su esposa, regentaba también el hostal Alvarez Quintero, prácticamente al lado de su domicilio.

En el lugar del atentado la Policía encontró diecinueve casquillos de bala de nueme milímetros, marca Parabellum, munición habitualmente utilizada por E. T. A. Patxi BERROBI.

• CONDOLENCIA DEL SEÑOR BÉNEGAS.—El consejero del Interior del Consejo General Vasco, señor Benegas, ha enviado un telegrama de condolencia a la familia del cabo de la Guardia Civil asesinado ayer en Mondragón.

• CONDENA DE TARRADELLAS. — El presidente de la Generalidad catalana, señor Tarradellas, ha expresado su más rotunda condena al atentado que costó ayer la, vida en Barcelona a un agente de la Policía Armada. «Nuestra voluntad es firme en oponernos a toda acción encaminada a destruir Cataluña y los otros pueblos de España», dijo el señor Tarradellas.

• APOYO PARA LAS FUERZAS DEL ORDEN.—«Nuestras Fuerzas de Orden Público necesitan saber que cuentan con la adhesión y el cariño de nuestro pueblo», ha manifestado el gobernador civil de Barcelona en un comunicado, en el que añadía: «Vemos claramente la necesidad de luchar contra las bandas armadas y debemos apoyar sin reservas a quienes están muriendo en la calle contra ellas.»

• EDITORIAL CONJUNTO ´DE LA PRENSA GALLEGA.—La Prensa de Galicia publica en su edición de hoy un editorial conjunto titulado «Contra el terrorismo», en el que, entre otros términos, se afirma que «venga de donde venga la videncia que ahora padecemos, su objetivo resulta meridianamente claro: imponer a la mayoría los criterios de una minoría por métodos inadmisibles...».

 

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