ETA: Solo violencia     
 
 ABC.    30/06/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

E.T.A.: SOLO VIOLENCIA

Sólo tristeza, sólo .dolor, sólo amargura, rayana en la más profunda de las decepciones, nos ha producido el brutal asesinato de José María Portell, director da «Hoja del Lunes» de Bilbao, redactor de «La Gaceta del Norte» y en tiempos corresponsal brillante de A B C. Porque Josa María Portell era —y eso ya sería,suficiente— no solamente un compañero, un trabajador de la información con rutilante estela profesional, sino además uno de los adalides más insistentes en la necesidad de un diálogo entre el pueblo español, más concretamente el pueblo vasco, y esos hombres de E. T. A. a los que él- consideraba como tales, evitando los calificativos que su vesanía, su asocia! idad y su instinto criminal merecían.

José María Portell se empeñaba —llevaba en la tarea más de una docena da años— en comprender las razones de la sinrazón y en transmitir esa comprensión a ambos lados de la frontera sangrienta que la E. T. A. se ocupó de trazar con el largo rosarlo de asesinatos que componen su historial.

Con José María Portel), a través de sus escritos, de su probada voluntad de hombre bueno, de mediador honesto y sincero, de informador ecuánime y sereno, alguien pudo llegar a imaginar que ese diálogo con E. T. A. tenía alguna posibilidad, que había una esperanza, siquiera remota, de paz civil y de Integración.

La triste realidad de su ametrallamiento, en la mañana de ayer, al salir de su casa, camino de sus ocupaciones cotidianas, ha destrozado cualquier ilusión de comunicación; ha venido a demostrar palpablemente que no existe posible entendimiento, que a la violencia de E.T. A. sólo cabe anteponer la justicia estricta y el rigor más absoluto.

No son estas las palabras, de ello seguimos estando seguros, que José María portell Rubiera querido que le sirvieran de epitafio, porque él rechazó siempre la violencia y, al igual que procuró denunciarla sin que su signo le sirviese de mordaza, clamó porque se impusiera siempre la serenidad, porque nunca pagasen justes, porque la represión no fuese en ningún momento indiscriminada.

Pero José María Portell, ejemplo de vascos, no ha elegido su muerte ni a sus asesinos. Y con ella se ha roto no solamente una voz, sino una postura noble, una actitud generosa y una mano tendida hacia un futuro pacífico y democrático en su tierra, que sigue siendo también nuestra, del país todo. Sin él, sin su voz sincera, sin su mano y su gesto permanente de concordia, los problemas del País Vasco se agravan. Su muerte no es únicamente un asesinato, tan cobarde y alevoso como los que E.T. A. suele perpetrar, sino la señal inequívoca de que con una organización crimina] no cabe ningún tipo de relación, negociación o diálogo. Que sólo entiende y practica el lenguaje de la violencia más innoble.

ABC. VIERNES, 30 DE JUNIO DE 1978. PAG. •

 

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