Autor: J. R.. 
 La lección de las pancartas. 
 Los separatistas vascos contra la "E" de España     
 
 El Alcázar.    06/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La lección de las pancartas

LOS SEPARATISTAS VASCOS, CONTRA LA "E" DE ESPAÑA

SAN SEBASTIAN (Servicio especial). En las organizaciones que recurren al movimiento de masas como instrumento de acción política, es más interesante el examen de las pancartas que se exhiben en la calle que la lectura de los comunicados oficiales, casi siempre alambicados. Bajo este criterio, resulta aleccionador fijar la mirada en las pancartas que adornaron la tumultosa manifestación separatista de San Sebastián en que fueron aporreados varios diputados del PSOE y del PNV.

«ETA, herria zurekin». Significa «ETA, el pueblo está contigo». Por pueblo habrá que entender los energúmenos que aprueban los asesinatos, atracos, secuestros y «contribuciones» que practican los pistoleros de la ETA. La consigna, en este sentido, es lógica. Cada oveja con su pareja.

«Komunistak kampera». Es decir: «Comunistas fuera». El lema es curioso y hasta sorprendente, ya que la ETA se confiesa marxista-leninista, es decir, comunista. Más razonable sería pedir: «Comunistas al poder», pero parece que hay un antagonismo antinómico entre los comunistas «ortodoxos» y los comunistas de ETA.

«Euzkadi obrera jamás será pecera». Que nadie se crea que este lema guarda relación con las dificultades que en materia de pesca encuentran los marineros vascos, como consecuencia de las medidas protectoras adoptadas por esa amada Europa, que tanto apoyó a la ETA en ocasión del juicio de sus terroristas. Es contra el Partido Comunista Español, contra el PCE, contra el que va lo de los «peceros». Frente al lema se revuelve una militante carrillista y en carta publicada por «Deia», replica: «Euskadi obrera será lo que ella quiera». Los apellidos de la firmante son Muñoz. Peña. Muy vascos ellos. Pero no menos que el Sánchez del señor Leizaola, «landakari», «landaraki», «kankaralari», o como se diga, de ese «Gobierno vasco» que quiere instalarse en Bilbao, como el señor Terradellas en la Generalidad de Cataluña, en Barcelona.

«PSOE, fascistas, traidores», demuestra la igualdad de trato a dos partidos marxistas que llevan en su nombre la E de España. Está, por otra parte, en la dinámica del antiguo enfrentamiento en el País Vasco de socialistas y separatistas. Los primeros andan ahora haciendo arrumacos para obtener un papel en el juego autonomista, pero no parecen merecer excesiva aceptación entre los celosos guardadores de la pureza separatista.

«PNV, bunker burgués» demuestra que la agresividad ETA no se detiene en los partidos «españolistas», por marxistas que sean y por mucho que hayan colaborado en un pasado reciente a la agitación callejera. La calificación de «burgués» al Partido Nacionalista Vasco está cargada de historia. Resulta nuevo lo de «bunker». Es el cambio de los tiempos.

«El pueblo unido se rige sin partidos». Lema aparecido en la agitación callejera, precisamente desde que se ha conseguido la implantación de los partidos políticos. Haga usted concesiones para eso. No obstante, hay que señalar que el lema no limita su campo geográfico a Vasconia, sino que se extiende por las restantes regiones españolas. Creemos recordar que, aunque sin utilizar el pareado, era una vieja consigna falangista. Pero del falangismo se pueden heredar ideas, organizaciones, realizaciones y cargos, con tal de ocultar la paternidad. El lanzamiento de la idea, en su nueva versión, se hizo hace unos meses en la concentración de la CNT en Barcelona. Pero cJlí era un grito contra la manipulación que de los problemas catalanes quieren hacer los partidos a través de la autonomía. En cambio, en Guipúzcoa, son los separatistas los que lo esgrimen contra partidos que creen que lo son menos. La polivalencia del lema le quita no poco valor, a la hora de juzgar el significado político de quien lo emplea. Pero algo parece evidente: «el pueblo unido ,no necesita partidos».

Para terminar, digamos que una lectora de «Deia», al censurar a los «extremistas» que en la manifestación practicaron una política «desestabilizadora, antidemocrática», observa que «no eran policías, aunque se comportaron como tales». Lo que es llamar a los «extremistas» policías, o a los policías «extremistas». La frase tiene evidente ánimo ofensivo, y a quien va dirigida la ofensa ofrece poco lugar a dudas.

J.R.

 

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