Autor: Alcalá, Manolo. 
 La violencia y el País Vasco. 
 1. ETA pierde el respaldo del pueblo     
 
 Informaciones.    27/10/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

LA VIOLENCIA Y EL PAÍS VASCO

1 E.T.A. PIERDE EL RESPALDO DEL PUEBLO

Por Manolo ALCALÁ (Enviado especial de INFORMACIONES.)

ENTRE los muchos problemas con los que ha despertado esta España que estamos viviendo se encuentra el de las nacionalidades, pueblos, regiones, países, territorios autonómicos o como ustedes prefieran denominar los pedazos de tierra que componen nuestra vieja España. Entre éstos, el que más nos preocupa a todos, por la gravedad de su situación, de ahora y de hace tiempo, es el País Vasco o Euskadi, como ustedes prefieran también. Este es, sin lugar a dudas, el trozo de España que con mayor urgencia exige una solución, solución que no se quiso o no se pudo dar a su debido tiempo, atendiendo las razones de un pueblo que es parte de España.

Por las circunstancias dramáticas en las que desde nace años se encuentra envuelto el pueblo vasco, la óptica con la que hemos contemplado desde Madrid el problema de Euskadi nos ha impedido juzgar con serena imparcialidad muchas de las razones que los vascos tenían y tienen en sus reivindicaciones. También por la falta de una información clara y objetiva se ha producido una deformación de los hechos, que ha contribuido al desconocimiento de la realidad de un pueblo que tiene su propia idiosincrasia.

Por todo esto, y tratando de ofrecer a los lectores una imagen clara de la forma de expresarse y de sentir del pueblo vasco en estos momentos tan difíciles, este enviado especial de INFORMACIONES ha tratado de aproximarse, a través de un amplio sondeo realizado en las provincias mas radicalizadas, como son Vizcaya y Guipúzcoa, a la constante social que hoy impera en el sentimiento de los vascos

.

No hemos querido profundizar en el bosque de siglas y organizaciones que hoy abundan en la realidad de Euskadi y que podría confundirnos si no partimos de un análisis del "problema vasco" como fenómeno sociológico particularizado, al que se añaden —de forma secundaria— las características de una sociedad democrática, la española, en nacimiento.

La compleja realidad política vasca —E.T.A. incluida— sólo se puede comprender conociendo a fondo el sentimiento baskista de los habitantes de esta zona del Estado, entendiendo que para el vasco lo más importante es sentirse vasco.

El fenómeno de E.T.A. hay qué observarlo, dentro de la sociedad vasca, como consecuencia de los golpes que se suministraron a un pueblo al prohibirle sus fueros, sus manifestaciones culturales, por ejemplo, su lengua, y sus expresiones políticas, cómo la «ikurriña» y otros símbolos. Esto creó en el pueblo vasco un resentimiento colectivo durante cuarenta años, y es precisamente un sentimiento de frustración, que nace en él, 10 que provoca un fenómeno emocional y sentimental hacia E.T.A., cuando surge ésta en el año 1959 reivindicando tos derechos perdidos, y en cuyos cálculos no entraba, por aquel entonces, el ladrido de las armas. Luego vendría la violencia, más tarde la represión y después la espiral de terrorismo en la que se ve envuelto todo el pueblo vasco, y de cuya espiral creen poder hoy salir.

UNA DEMOCRACIA CON BALAS

Cuando los vascos se convencieron el pasado 15 de junio de que, después de muchas décadas, en España nacían unos cauces democráticos y un Gobierno con buena voluntad, que les permitirían, por medio de sus representantes elegidos en las urnas, la posibilidad de conseguir las reivindicaciones por las que habían luchado tantos años, creyeron, a pies juntillas, que con estos logros políticos y sociales les llegaría también la paz y que Euskadi dejaría de ser el escenario de la violencia por el que corrió tanta sangre de unos y otros, vascos y no vascos.

Pero los trágicos hechos que se han sucedido desde ese día de la esperanza han venido a demostrarles dos cosas, una, lo equivocados que estaban, y otra, el que esos grupos que utilizaron la violencia como medio de combatir un pasado irracional son incapaces de asimilar la realidad del presente. En este mismo plano de irrealidad se mezclan grupos dé distintas ideologías, si es que tienen alguna, pero que utilizan los mismos métodos, los de las balas, para destruir la libertad de una sociedad en la que son incapaces de convivir.

Los «beretzi», rama escindida de E.T.A. y capitaneada por Miguel Ángel Apalategui, «Apala», dejaron sin vida el cuerpo de Javier de Ybarra entre los matorrales de un monte; las Jóvenes Escuadras-Brigadas Navarras dinamitaron el semanario «Punto y Hora»; la Alianza Anticomunista Apostólica reivindicó el asesinato en Andoaín del joven taxista David Salvador

Bernardo; E.T.A. - militar se adjudicó el todavía reciente ametrallamiento en Guernica del presidente de la Diputación de Vizcaya, Augusto Unceta Barrenechea, y de los dos guardias civiles de su escolta, Ángel Rivera Navarrón y Antonio Hernández Hernández. También se le atribuye a E.T.A.-militar el atentado contra el guardia civil Ildefonso Sánchez Amín, que fue tiroteado y herido de gravedad cuando hacía guardia ante la puerta del cuartel de San Sebastián. En medio de este círculo de

violencia, que casi se toca en sus extremos y que hoy, más que nunca, justifica la teoría de que pueden llegar a juntarse, se halla el pueblo vasco.

REPUDIO DE LOS VIZCAÍNOS

CONTRA LOS ATENTADOS

Podríamos decir que esta es la auténtica realidad de los hechos vista con la óptica que sólo capta la realidad escalofriante de la tragedia. Pero mucho más fría dejó la sangre a la mayoría de los vascos el contenido del comunicado en el que E.T.A.-militar reivindicaba el triple asesinato de Guernica, y donde venía a decir «que estaban dispuestos a continuar con la lucha armada hasta conseguir la independencia de las cuatro provincias vascas, formando un Euskadi independiente y socialista».

Hubo muchos vascos que calibraron la gravedad de este comunicado, como el diputado de la minoría vasco-catalana Juan Ajuriaguerra. «Esta violencia era esperada y todavía habrá más. Creo que habrá más actos de violencia, porque quienes los cometen no admiten unas soluciones democráticas para el problema vasco. Mientras estaban vigentes la opresión y la represión de Franco —comenta Ajuriagnerra— puede que el pueblo viera bien estos actos de violencia; hoy el pueblo no sólo está volviendo la espalda a estos atentados, sino que está mostrando su repulsa hacia ellos.»

Estas palabras concuerdan, en parte, con los resultados del sondeo que este enviado especial realizó en distintos sectores del País Vasco. En Bilbao, la mayoría de los entrevistados —obreros de fábricas, empleados, técnicos, mujeres, hombres, jóvenes y viejos— coincidían en censuras graves contra los últimos atentados de E.T.A. y sus amenazas. Esto es muy significativo si tenemos en cuenta que un año atrás la mayoría de los vascos si no aprobaban abiertamente los atentados de E.T.A., sí encontraban, casi

siempre, una forma de Justificarlos. Y no era por miedo, sino por un fenómeno sentimental o emocional.

MUTISMO EN GUIPÚZCOA

En Guipúzcoa es donde se encuentra la mayoría de la izquierda «abertzale» —patriotas independentistas—, con lo cual la situación está mucho más radicalizada que en Vizcaya, y por lo que los resultados del sondeo fueron totalmente distintos a Bilbao. Mientras que en una zo.na de San Sebastián los resultados coincidieron con los de Bilbao, en aquellas zonas que comprenden el Barrio Viejo y el Barrio Antiguo, donde los grupos de extrema derecha se ensañaron con violentas agresiones a los vecinos durante mucho tiempo, el mutismo fue total. Nadie quería acusar a E.T.A. «No aplaudimos la violencia, pero tenga en cuenta que nosotros la hemos padecido durante mucho tiempo con ataques de los Guerrilleros de Cristo Rey y otros grupos de extrema derecha, de los llamados incontrolados, sin que ningún presidente de Diputación, ni gobernador civil, ni nadie hiciera nada por evitar que dichos grupos llegaran hasta aquí para apalearnos con cadenas, porras e incluso pistolas.»

Igual o mayor mutismo se observa en las zonas rurales de Guipúzcoa, donde la influencia de los «abertzales» es aún mayor que en la ciudad.

Aunque estos grupos no censuran públicamente los últimos actos de violencia de

E.T.A., están convencidos, y así lo manifestaron a este enviado especial confidencialmente los miembros de un grupo de «abertzales», de que el atentado de Guernica ha sido un error que en nada beneficia al futuro de Euskadi Y añadieron que no es ya el momento de dar pasos de este tipo, máxime cuando otra rama, de E.T.A., los polis-milis, han abandonado la lucha armada, integrándose en la actividad política de la izquierda «abertzale». «Es lógico que no les condenemos —añaden—, porque han sido nuestros luchadores y han hecho mucho por reconquistar la identidad de Euskadi, pero hay que reconocer que la lucha armada, hoy, está fuera do lugar."

«SI EN MADRID SE PUSIERAN NERVIOSOS...»

Lo que no deja lugar a dudas es que las acciones de violencia que está llevando a cabo la rama de E.T.A. que mantiene la tensión en el País Vasco con sus atentados y sus amenazas está perdiendo el consenso del pueblo vasco donde hasta hace tan sólo unos meses se movían como el paz en el río; río que ahora ya comienza a secarse.

Sin embargo, lo que cada vasco lleva silenciosamente dentro de sí, aunque se delata con la mirada, el gesto o las palabras, es el temor a que «en Madrid se pongan nerviosos» y tomen medidas que siempre fueron de funestas consecuencias, no sólo para Euskadi, sino también para toda España, y de cuyas consecuencias hay años de experiencia. «Existen sectores de la oligarquía vasca implicados politicamente que piden a gritos que de nuevo se recrudezca la represión en Euskadi, entrando otra vez a saco, e incluso pidiendo que intervengan los militares.»

No cabe duda de que estas medidas no contribuirían a la pacificación del País Vasco y esta es una de las grandes preocupaciones de grandes sectores de la opinión vasca. Desde el pueblo hasta los dirigentes de todos los partidos políticos, desde Alianza Popular hasta el Partido Comunista y los grupos de la izquierda «abertzale», todos coinciden en lo que sería un error histórico de gravísimas consecuencias. «Estamos seguros de que uno de los objetivos de E.T.A.-militar es el de provocar de muevo unas medidas de represión fuertes e incluso es posible que traten de involucrar a las fuerzas armadas en el País Vasco. Esta sería la mejor justificación para que estos grupos persistieran en sus actos de violencia. Sería tanto como hacerles el juego. Por. otra parte, el estado de equilibrio de las fuerzas políticas no permitiría eso.» Pero sí temen, y en esto coinciden amplios sectores, en la posibilidad de que interviniesen grupos parapoliciales bajo el planteamiento de que una campaña de violencia tiene como contrapartida otra campaña de violencia.

Tanto los partidos políticos como el pueblo en sí coinciden en que a E.T.A. únicamente la puede derrotar el pueblo vasco, negándoles a los etarras el pan y la sal. Es posible que tengan razón quienes así piensan. Por de pronto, esto ya está empezando a suceder, hasta el extremo de que tanto los «abertzales» como los polis-milis piensan que si la rama de E.T.A. que aún sigue en la lucha armada continúa con sus acciones, «e! pueblo vasco —dicen— la abandonará».

INFORMACIONES

27 de octubre de 1977

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