Autor: DIÓGENES. 
   Nuevo malestar en el campo     
 
 Pueblo.    06/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

NUEVO MALESTAR EN EL CAMPO

Los agricultores vuelven otra vez a estar en la calle. La agricultura es un sector que viene sufriendo

desatención, al revés de lo que ocurre con otros sectores, quizá porque en ciertas áreas administrativas se

entiende que en el campo, pase lo que pase, se come. Pero es el caso de que no solamente se trata de

comer, sino de dar de comer a los demás, pues de eso el agricultor vive; que no solamente ha menester de

comida, sino de vestido y cobijo, educación y libertad, nivel digno de vida, tiempo para el ocio, mejora de

los medios de trabajo, promoción profesional y social...

Pero ocurre que en el campo se siguen las mismas directrices de hace medio siglo —por no ir más allá en

la Administración comparada—, mientras que en el resto de los sectores de producción se ha dejado sentir

el cambio. No queremos decir que nuestras estructuras agrarias hayan permanecido insensibles al paso del

tiempo; pero qué duda cabe que su evolución resulta todavía desesperadamente lenta.

Mientras tanto, tractores en las carreteras, manifestaciones, vertido de productos... El tejer y destejer de

una protesta justificada que pocas veces encuentra interlocutores válidos y ejecutivos en la

Administración, y acaba por desinflarse como un globo cuando terminan estos desahogos anecdóticos.

El panorama que, por ejemplo, se le presenta a los agricultores productores de patata de la vega del

Henares, a tan sólo cuarenta kilómetros de ese monstruo voraz que es Madrid (cincuenta millones de

kilos, a menos de seis pesetas, con más del 10 por 100 de excedentes) y que para llamar la atención sobre

sus legítimas aspiraciones se vieron obligados a tirar varios miles de kilos a las puertas de la Delegación

de Agricultura, no es, desde luego, nada halagüeño. Ni para ellos ni tampoco para la Administración, que

temporada tras temporada se manifiesta incapaz de acomodar sus estudios y previsiones a las exigencias

de una política agraria coherente, sistematizada y responsable.

Parece un tópico atribuirle siempre a los organismos responsables de nuestra política agraria los males y

desperfectos que padece el campo, sufre el campesino y, en definitiva, pagamos todos los ciudadanos. Sin

embargo, mucho hay de verdad en el hecho de que urge desterrar de una vez el arcaico cliché autoritario

según el cual el agricultor está al servicio de la Administración, cuando debe ser la Administración la que,

de alguna manera, se ponga al servicio de los agricultores para que, entre unos y otros, programen las

campañas, la producción y los cultivos de forma racional.

Si para afrontar otros problemas se cuenta con los partidos políticos y las centrales sindicales, para la

agricultura, un mundo marginado que hasta ahora y por razones obvias sólo entiende de verdad el

agricultor, también será acaso necesario pensar en un nuevo Pacto de la Moncloa. Indudablemente, las

graves dificultades del campo exigen ya, de una vez, poner las cartas boca arriba. Los problemas del agro

no se solucionan a base de «guerras» folklóricas, pero tampoco pueden resolverse por la vía del silencio

adminis-trativo sin escuchar con la atención precisa lo que tienen que decir sus más directos

protagonistas.

DIOGENES

 

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