Los asesinos esperaron en un taxi robado a que entrara en el portal de su domicilio     
 
 Pueblo.    03/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

• Los asesinos esperaron en un taxi robado a m entrara en el portal de su domicilio

cincuenta y tres años de edad, era asturiano y llevaba veinte años de servicio •en la Policía Municipal de trun. Anteriormente´ ha b í a prestado sus servicios en la Guardia Civil. Estaba casado y con dos hijos.

Por ahora nadie ha reivindicado él hecho. No obstan todas las sospechas se dirigen hacia la organización terrorista vasca ETA (rama militar). Las investigaciones* están centralizadas en la Comandancia de la Guardia Civil de San Sebastián, que ha establecido controles en las carreteras guipuzcoanas.

A últimas horas de la noche de hoy, comunica Europa Press, ha aparecido el dueño del taxi que utilizaron los asesinos del sargento de la Policía Municipal de Irún. señor Diez Fernández. El. taxista, cuyo nombre e identidad no ha sido revelado, estaba amordazado en uno de los montes cercanos a la locolidad irutarra.

Por otro lado, a la una y veinticinco de la madrugada, la Guardia Civil halló en la localidad guipuzcoana de Rentería, situada a una docena de kilómetros de Irún, cerca de un club nocturno, el taxi Seat 124 blanco, utilizado por los asesinos de! sargento de la Policía Municipal Irunesa. Ha trascendido también que en el secuestro del taxista Intervinieron dos personas.

El, HIJO: «QUE

ESTO, NO LE PASE A NADIE MAS»

A las once de la noche un redactor de Europa Press

entabló contacto telefónico con el domicilio de la familia del sargento asesinado. Descolgó su hijo,. José Javier Díaz, de veintitrés años, y entre sollozos contestó así a las siguientes preguntas:

—¿Es usted el único hijo dé don José Javier?

—No. Tengo una hermana de treinta y dos años, María Soledad. Ella está casada.

—¿Su, madre está al tanto de lo. ocurrido?

—Sí. Pero comprenda que padece una crisis nerviosa y no se puede poner ahora.

—¿Cómo pasó todo?

—Fue en la escalera de casa. Nada más empezar a subir la escalera del portal le han dado cinco tiros por la espalda.

—¿Quién le atendió primero?

—Primero bajé yo. Le vi tendido en la escalera. Llamé a la ambulancia de la Policía. Pero ya prácticamente estaba muerto. Le debían estar esperando en la esquina. Yo le vi tumbado. El médico d¡1o que ya no había nada que hacer y se lo han llevado ya al depósito.

—En este momento tan doloroso, ¿qué quiere decir a quienes hoy lean los periódicos?

—Ahora no me sale nada. Quisiera que esto no pase a nadie más. Es todo lo que puedo decir ahora.

—¿Por qué cree que han asesinado a su padre?

—No sabemos El en poli-tica no se ha metido nunca. Es policía municipal... No sé.

 

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