Autor: El Requeté. 
   Adiós, comandante Imaz, navarro de cinco horizontes...     
 
 El Alcázar.    28/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ADIÓS, COMANDANTE ÍMAZ, NAVARRO DE CINCO HORIZONTES...

Me lo gritó Nati por teléfono apenas con el alba. Por inesperado y por increíble, casi no entendía sus palabras, casi no podía creer lo que, con voz entrecortada, me decía. Y busqué —con rabia— la noticia en el periódico; tenía que ser un error, debía ser un error. Y en efecto lo era. Era un tremendo error todo lo que te ha llevado a la muerte en nuestra amada Navarra.

Se me agolpan los recuerdos, hermano Imaz, en esta hora en la que ya es todo para ti presencia y acto. Te veo, a mi lado, en el verano del 50, alia por el Torcón, por Navahermosa, llenos los dos de sueños por España, entrándose en mi alma, por osmosis, Navarra. Nos concedió «Lulero» compartir en la marcha la misma máquina, aquella hermosa MG que se empezaba a incorporar a la Infantería; a ti te tocó el trípode y a mi el resto. Y entre sudor y tacos y esperanza, hablábamos del Tercio de nuestros padres, hablábamos de mozas y deportes, de destinos inminentes por esas tierras ganadas para el trabajo y la paz por los que, como el capitán Imaz, héroe de La Legión, las habían reconquistado. Y de Navarra. Y con mi tinta roja, aquella que poco a poco acabaron aceptando nuestros «protos», escribía, a tu lado, y casi con correcciones tuyas, aquellos versos que tú has hecho, ahora, realidad: «encontrar a mi tumba un lugar en Castilla, que mis huesos abonen esta tierra amarilla y den sabia a unas flores fragantes que perfumen mi muerte —la razón de mi vida— de mi vida concreta e intensa de Infante.

Y volvimos a tu eterno tema, a tu eran obsesión: Navarra, la quintaesencia de España, la de ios 60 Tercios de Requetés, la de la laureada en su escudo y en su raza. Y yo, que te oía embelesado, pensaba que era una pena no hubiese un Tercio de La Legión en Estella para irme destinando allí cuando se acabaran las marchas por la sierra, las paellas sin agua ni cerveza, el gol de Zarra y las canciones de Carreto, de Celaya, de Vicentico el maño... y la seriedad alegre de Equiza, y la alegría seria de Echarte y de Marzol, o el despiste creador de Torrent, o la humanidad -*y la bota— de Cholo Tejero, de todos los cadetes navarros que con nosotros soñaban una España unida y en enterna paz, llena de progreso y de canciones.

Después... bueno, después yo me fui solo al Tercio y tú te quedaste un año más en la Academia ampliando estudios. Y allá en África, un viejo legionario me hablaba de tu padre. Y comprendí mejor los cinco horizontes de tu obsesión, de tu Navarra.

No volví a coincidir contigo. Sólo de vez en vez, leía tu nombre en el Diario Oficial, sabía de tu ascenso esperado desde que el mío había llegado, de tu destino en la Policía Armada, de tu entrega a los hombres de gris que estaban, como tú, en servicio permanente...

¿Por qué, Joaquín, hermano?

Y ahora, coronas, flores, llantos, recuerdos...

Y el «somos conscientes» de la responsabilidad que recae en los otros responsables.

Y la cruz del mérito policial sobre tu féretro...

Y...

Hermano, tu ya estás en el quinto horizonte de nuestra España, de tu Navarra.

¿Sabremos los que, como tú, aprendimos a amar a la Patria reflexivamente, seguir tu ejemplo? ¿Sabremos, por España, hacer justicia de tu muerte? ¿Sabremos...?

Pero al rezar llorando, al recordarte como el primer oficial de Infantería procedente de la General asesinado en la naciente democracia, vendrá a nuestro pensamiento aquel verso de Rubén Diario que, como yo, se preguntaba:

¿Seremos entregados a esos bárbaros fieros?

¿Callaremos ahora para llorar después?

El Roquete

 

< Volver