Autor: Alonso Nadales, José Ramón. 
   España condena un crimen     
 
 Pueblo.    28/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ESPAÑA CONDENA UN CRIMEN

PESIMO servicio el que la ETA ha prestado a su triste causa con el asesinato del coman-

dante don Joaquín Imaz, navarro de nacimiento y jefe de las fuerzas de la Policía Armada en Pamplona. La historia es cómo tantas otras, porque el terrorismo no tiene imaginación, sino sanguinaria y casi tenebrosa eficacia. Unos hombres apostados, unos disparos a la cabeza o al corazón y luego la fuga hacia cualquier lugar desconocido en un coche robado, que pronto se cambia por otro, para enturbiar las pistas, y cerca —siempre, por si acaso— la frontera de Francia, que desde hace casi una década viene sirviendo de refugio y como de «santuario». Casi a la misma hora en que el comandante Imaz moría asesinado por la espalda, moría el guardia civil de tráfico que fue herida hace pocos días en San Rafael por unos «escopeteros» todavía no identificados. Dos nombres en la larga lista de miembros de las fuerzas de orden público que han dado su sangre víctimas de un terrorismo que antes parecía pretender algo, pero que carece de sentido desde que España, tras el referéndum del 15 de diciembre y las elecciones generales del 15 de junio, es una nación democrática con un régimen preconstitucional y parlamentario. Antes cabía la falaz disculpa de que se mataba por herir el prestigio de una dictadura. Ahora se mata por matar, y no es más grave el crimen, pero más indefendible la causa.

Por si fuera poco, el asesinato de Pamplona ha ensanchado el abismo que separaba a la escasa posibilidad de que una Navarra con vieja y diferenciada historia, decidiese unirse en la autonomía —¡ya tiene la suya, y puede perfeccionarla!— a las provincias Vascongadas, cuyos legítimos representantes ya el sábado último habían expuesto en San Sebastián criterios políticos contrarios a la ETA y a sus sicarios, cuya acción terrorista ya no levanta ecos favorables en ninguna parte. En las provincias vascas ha triunfado en las elecciones mayoritariamente el PSOE y el Partido Nacionalista Vasco, y en Navarra han sido dominantes y notorias las tendencias moderadas y democráticas. ¿Por qué atacar en Pamplona, cuando lo que podría intentarse sería mover unas simpatías que llevasen, a Navarra a integrarse en el régimen especial preparado para las Vascongadas? Algo está fallando y muy gravemente, en las cabezas directoras de la ETA, si es que tal expresión puede emplearse en este caso. No será la sangre vertida tras un crimen contra un navarro de nacimiento, lo que en esta noble y vieja región provoque sentimientos «etarras». Lo que pueden conseguir unas cabezas locas es precisamente lo contrario.

No han vacilado en la condena del delito todos los partidos democráticos, unánimes en reprobar el asesinato. Lo han hecho con extremada claridad los representantes de la UCD de Navarra, y no ha sido menos terminante el Partido Socialista de Euzkadi — mayoritario en el País Vasco en las elecciones pasadas—, el cual recrimina «la violencia minoritaria realizada al margen de la clase trabajadora, de los partidos democráticos y del pueblo en general», añadiendo que «nuestro país, el pueblo vasco, no está por la violencia ni, por tanto, con ETA»:: ¿Se trataba precisamente de hacer más difícil la labor captadora que sobre las cuatro provincias venia ejerciendo el Partido Nacionalista Vasco, y cuyo último exponente ha sido Ajuriaguerra, como portavoz de la asamblea de parlamentarios? Porque siempre en el extremismo surge una guerra civil dentro de otra, como esas cajas dentro de la cual está una más, y así hasta que la más pequeña ya no puede contener nada. La ETA, antaño condenada, se está quedando ahora vacía de sentimiento y de simpatías populares. No se trata de una «guerra contra España», como se ha querido vestirla en alguna circunstancia. Es concretamente una gravísima agresión contra el pueblo vasco, y en la situación que comentamos concretamente, contra Navarra, No se defiende a la Euskalerría asesinando a navarros por la espalda.

En cuanto al comunicado de la propia ETA, ¡qué triste colección de lugares comunes y de palabras vanas! No tiene sentido hablar de «dictadura militar española en Euzkadi» por la. sencilla razón de que no existe aquí dictadura militar en ninguna parte, y, por el contrario, ha sido siempre respetuosa la conducta de esas Fuerzas Armadas hacia Ja democracia. Pretender la sustitución del Ejército y de las fuerzas de orden público por «milicias populares» no es más que un delirio o un intento de «ulsterizar» esa región a la cual los asesinos dicen que aman, cuando demuestran lo contrario con sus tristes actos. No se defienden a las «masas trabajadoras» cuando los partidos obreros condenan el crimen, ni se sirve a la propia región desgarrándola. Aquí sólo se trata de perturbar la convivencia y hacer difícil la democracia, y ahí están, si no, las condenas de] PSOE y hasta del PTE, o ´«Partido del Trabajo de España», que no es precisamente una organización reaccionaria. ¿No serán los reaccionarios quienes en nombre de un falso patriotismo regional asesinan a sus propios paisanos? Estamos ante lo que llamó Albert Camus «el terrorismo suicidarlo». La ETA se elimina cada día más de la convivencia española, y de todo futuro, según sus crímenes son más gratuitos y más insensatos.

 

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