Autor: Duvá Milán, Jesús. 
 Consiguieron diez millones de pesetas. 
 Supuestos etarras atracan en su domicilio a un industrial  :   
 Obligaron al señor Batlló a que les firmase dos talones bancarios. Informaron que la organización vasca empezará su lucha en Madrid. 
 Ya.    08/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

CONSIGUIERON DIEZ MILLONES DE PESETAS

Supuestos etarras atracan en su domicilio a un industrial

Obligaron al señor Batí lo a que les firmase dos talones bancarios • Informaron que la organización vasca empezará

su lucha en Madrid

Durante toda la noche y hasta primeras horas de la mañana d« ayer estuvo atado y amordazado en su propio domicilio el presidente de la empresa Cile, S. A. Los autores del hecho, tres individuos con edades que oscilan entre los dieciocho y los treinta y cinco años manifestaron pertenecer a la organización terrorista ETA en su rama militar y que estaban dispuestos a no marcharse de allí hasta que el señor Batlló no les hubiera firmado varios talones banearion por valor de 25 millones de pesetas. Al final, sin embargo, don Felipe Batlló Iglesias logró negociar dicha cifra con los asaltantes hasta dejarla rebajada a diez millones, que consiguieron hacer efectivos en dos entidades del Banco del Norte.

La odisea comenzó cuando sobre ¡as ocho de la tarde irrumpieron dos individuos jóvenes en el domicilio de la víctima, los cuales anteriormente le habían dicho al mayordomo que traían una invitación para la inauguración de una sala de arte y que debían firmarles el recibo. El empleado entró en la casa, estampó su rúbrica en el papel y cuando fue a devolvérselo se encontró que le encañonaban y le conminaban a entrar nuevamente. Allí ataron y amordazaron con esparadrapo al mayordomo y a su mujer, que trabaja como cocinera en la vivienda del señor Batlló, mientras los desconocidos se ponían pelucas, bigotes postizos y una media por la cara.

Los individuos amenazaron con "dejarles fritos" si se movían o Intentaban pedir auxilio. Al parecer, más tarde se presentó un tercer individuo "de más edad, quien aparentaba ser el jefe del presunto comando etarra. Cuando hablaban con el mayordomo y su esposa lo hacían en castellano, pero cuando lo hacían entre sí utilizaban él euskera. Se denominaban a sí mismos Artola I, Artola II y A-r-tola III.

Sobre las dos de la madrugada obligaron al matrimonio a introducirse en su habitación, mientras uno de los asaltantes les vigilaba constantemente, sin dejar por un momento su pistola.

Eran aproximadamente las dos .y media de la madrugada cuando llegó el señor Batlló a su domicilio, que estaba totalmente en penumbra. Inmediatamente le obligaron a subir a la habitación superior, en la que le retuvieron durante toda la noche. Desde el primer momento le insultaron, diciéndole que era "un fascista, capitalista y explotador" y que ellos pertenecían a la rama militar de ETA y que estaban dispuestos a morir "por la instauración del socialismo en Euskadi" Al mismo tiempo empezaron a romper varias fotografía* de Franco y algunos ejemplares de "El Alcázar".

Tras quedar de acuerdo en la cifra de diez millones—"los otro» quince ya nos los pagará en varios años"—, establecieron comunicación con diversas entidades bancarias. Uno de -los sujetos se dirigió en el coche del señor Batlló a su oficina, a la que previamente había telefoneado la víctima, para recoger un talonario de cheques.

Cuando hubo regresado, el individuo demás edad- -perfectamente vestido y siempre correcto—obligó al presidente de Cile a que le entregase una tarjeta de presentación para el director del banco. Posteriormente, el mencionado sujeto se dirigió a la entidad y dijo ser un alto dirigente del partido Alianza Popular, amigo del señor Batlló.

Una vez que hubo cobrado los diez millones, regresó a casa del señor Batlló y los tres asaltantes ataron y amordazaron fuertemente con esparadrapo al presidente de Cile y al matrimonio a su servicio.

En fuentes policiales se piensa que el argumento utilizado por lo* tres asaltantes es falso, y parece extraño que la organización terrorista se hubiera decidido a empezar sus ataques en la propia capítal de España.

A últimas horas de la noche se encontró el coche del señor Batlló, que se hallaba aparcado frente al número 18 de la calle Antonio Arias, después de que una voz femenina—que hablaba en nombre d« los asaltantes—diese telefónicamente tal información.

Jesús DUVA

 

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