Unas semanas antes que al doctor Allende Porrúa. 
 Otro odontólogo vizcaíno fue víctima de un intento de secuestro     
 
 ABC.    12/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

NACIONAL

SÁBADO 12-6-82

Unas semanas antes que al doctor Allende Porrúa

Otro odontólogo vizcaíno fue víctima de un intento de secuestro

BILBAO. Unas semanas antes que al doctor Luis Manuel Allende Porrúa, tres Individuos Intentaron secuestrar a otro odontólogo bilbaíno, actualmente en paradero desconocido, para exigirle cierta cantidad de dinero, según una información que publicaba ayer el diario «Deia».

«Efectivamente —dice este rotativo—, unas semanas antes tres individuos, cuyas características parecen coincidir con el comando que secuestró el día 1 al doctor Allende, penetraron en la consulta de otro odontólogo bilbaíno, con intención de secuestrarle y pedir una cierta cantidad de dinero en concepto de "multa revolucionaria"

Los hechos ocurrieron de la siguiente forma: a primera hora de la tarde, como en el caso del doctor Allende, penetraron en la consulta tres jóvenes que sé hicieron pasar por pacientes y una vez en el interior mostraron una pistola con intención de secuestrar al doctor.

«Sin embargo, bien porque carecieran de infraestructura suficiente o un local adecuado para mantenerlo posteriormente secuestrado, iniciaron una negociación con el odontólogo con el fin de fijar un rescate que debería pagar en el mismo momento.»

«En primer lugar —asegura "Deia"— le preguntaron qué cantidad exacta podría reunir esa misma tarde. La cifra —cerrados ya los Bancos— no podía ser elevada, lo que no satisfizo a los secuestradores. Le preguntaron después qué cantidad podría recoger en el plazo de veinticuatro horas. El contestó que dos millones de pesetas. Esta vez los secuestradores se mostraron satisfechos.»

Añade la información que se fijó una cita posterior y el doctor pidió a los secuestradores que él dinero lo llevase un sobrino en lugar de él mismo, alegando que era muy nervioso y que no se encontraba bien de salud, aquellos aceptaron, pero advirtieron que no se diese aviso a la Policía.

El odontólogo afectado, cuya identidad no se facilita, recaudó al día siguiente un millón novecientas mil pesetas, las introdujo en una bolsa, que depositó en el maletero. Luego le dio las llaves al «sobrino» —en realidad, un policía—, quien se dirigió a Guecho, cumpliendo los requisitos.

Minutos déspoto el dueño del bar recibió la llamada de uno de los secuestradores, que se identificó como el propietario de un turismo aparcado delante del bar, y pidió al dueño del establecimiento que comprobase si el maletero del coche estaba abierto.

El dueño del bar fue a mirar y vio que las puertas del coche estaban abiertas, pero el maletero aparentemente cerrado, aunque en realidad estaba abierto, por lo que volvió al teléfono y dijo al secuestrador, que se había índentificado como propietario del vehículo, que el maletero estaba cerrado.

Al insistir el secuestrador en que se cerciorase de este último extremo, el dueño del bar contestó —ya con voz más alta— que ya había mirado suficiente, momento en que el policía fe hizo una indicación, tras indentificarse, y le ordenó que le dijera que el maletero estaba abierto:

Sorprendido el dueño del bar se separó un momento del auricular y después —prosigue el periódico bilbaíno—, sin sospechar lo que ocurría, dijo por teléfono: «Aquí hay un policía y me dice que el maletero del coche está, efectivamente, abierto.»

Inmediatamente, el secuestrador colgó y nadie se acercó a recoger el dinero. El odontólogo, al tener conocimiento de esta situación, abandonó la ciudad, con paradero desconocido, para evitar represalias.

Por lo que respecta a la carta dejada por los secuestradores del doctor Allende hay que subrayar que incluía dos sellos de ETA y no iba dirigida a ninguna persona concreta, «lo que hace sospechar que se trata de un impreso redactado para secuestrar durante los próximos días o meses a diversas personas».

 

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