Vida cultural. 
 Don Juan Sánchez-Rivera habla de "España y el Mercado Común Europeo"     
 
 ABC.    14/06/1961.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MIÉRCOLES 14 DE JUNIO DE 1961. EDICIÓN DE LA MAÑANA

VIDA CULTURAL

Don Juan Sánchez-Rivera habla de "España y el Mercado Común Europeo"

En la Real Academia de Jurisprudencia, y bajo la presidencia del presidente del Tribunal Supremo, don

José Castán Tobeñas, ha pronunciado, una conferencia sobre, el tema "España y el Mercad Común

Europeo" el académico don Juan Sánchez-Rivera. Comenzó afirmando que si bien nadie, ha combatido

abiertamente el propósito de crear un mercado común o una comunidad económica en toda Europa, ni

uno sólo de los países que hasta ahora lo integran ha ingresado, en él sin reservas y salvedades. Se trata de

un anhelo nobilísimo, pero de .difícil realización práctica, como la paz universal y perpetua, el desarme,

el plena empleo, la abolición del pauperismo y otras muchas aspiraciones.

La idea del mercado .común no es nueva, Tiene dos clarísimos precedentes: en lo doctrinal, el

librecambio, y en lo histórico la constitución política y económica de los Estados Unidos de

Norteamérica. Este país es realmente el promotor e impulsor del Mercado Común Europeo.

Y aquí surge una variante de importancia decisiva: los Estados Unidos nacieron ayer, su vida política, no

llega a los dos siglos. Carecieron antes de su unión de nacionalidades dispares, de idiomas diferentes, de

religiones diversas—salvo sectas sin importancia—, de cuanto separa lejos de unir. Por eso el Acta

constitucional de 1776 fue algo espontáneo, ingenuo, sencillo, natural, obligado. Y noventa años más

tarde, triunfantes los Estados del Norte en la Guerra de Secesión, la unión fue completa, y cordial.

En Europa ocurre todo lo contrario. Hace tres mil años que luchan unas naciones contra otras. Nuestra

historia durante esos treinta siglos abarca guerras constantes. Ahora, ante el peligro comunista, se

propugna, la unión europea. Pero, desearla no es conseguirla.

Precediendo a la unión, política creóse por Francia, Alemania, Italia y el Benelux el Mercado Común, que

ahora se halla en la fase inicial. Hasta el momento sólo se ha logrado una rebaja aduanera, no igual

respecto a todas las partidas arancelarias ni muy grande. Para llegar a la supresión, total de los tributos

que gravan importaciones y exportaciones falta todavía mucho camino, y pasarán años antes de la

supresión total de las aduanas. ¿Se llegará a ello? Mucho lo dudamos. Si los básicos intereses agrícolas,

industriales o mercanti-les de cualquier país asociado no pueden resistir a la competencia foránea,

volverían a erigirse las barreras arancelarias, en el supuesto de que accidentalmente se logre suprimirlas

por completo, lo que aún falta por ver.

Así los hechos, en opinión del señor Sánchez-Rivera, el Gobierno español viene actuando con insuperable

acierto en lo que respecta al posible ingresa de España en el Mercado Común Europeo. No se niega a

entrar en ese área, pero espera a conocer el ulterior desarrollo de las futuras etapas a que se extiende su

definitiva instauración. Es esta una política acertadísima. Un prematuro ingreso de España en tal

comunidad pudiera originar gravísimos daños a nuestra industriara, a nuestra agricultura y a nuestro

comercio. En la siderurgia, la metalurgia, la minería, los abonos químicos, la producción cementera, el

refino, del petróleo, la fabricación de automóviles, tractores agrícolas, vagones de ferrocarril,

locomotoras, astilleros y otras muy importantes ramas de la creciente producción industrial española, la

protección arancelaria en los porcentajes que sean necesarios o convenientes es todavía—y acaso durante

no pocos años más — indispensable si se quiere llevar a buen término nuestro proceso industrializador.

En consecuencia, el ingreso incondicional de España en el Mercado Común Europeo es por ahora

peligroso. Colaborar desde fuera y hasta donde nos sea posible a los altos fines del citado organismo

acaso sea lo mejor. Algo parecido a la misión que cumplen en el terreno político aquellos Estados que, sin

pertenecer a determinados convenios internacionales, comparecen en ellos en calidad de observadores.

Más adelante, cuando la situación agrícola, industrial y mercantil española lo permita, será el momento

propicio para nuestro ingreso en la comunidad económica europea, si es que tal asociación llega a vencer

los ingentes obstáculos que se oponen a su arraigo definitivo.

 

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