Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La nación herida     
 
 ABC.    05/11/1982.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

OPINIÓN

ABC/ 19

Escenas políticas

La nación herida

Los dos presidentes del Gobierno —el que se va y el que llega— se habían reunido para tratar democráticamente acerca de las fechas y circunstancias del relevo. Ya que otras virtudes o eficacias no, sí que habrá que reconocer al Gobierno de UCD un comportamiento exquisitamente democrático y una impecable elegancia en el reconocimiento de la derrota, la felicitación al adversario vencedor y la buena disposición para concertar la entrega de trastos. Ni rabietas, ni malos humores, ni chilindrinas, ni espantadas, ni reticencias. Hay modos y maneras que no están en las leyes ni en los reglamentos, sino en los usos democráticos, y cuya observancia hay que confiar a la deportividad y juego limpio de los políticos protagonistas. Y no está de más señalar los buenos modos en la cesión, porque es la primera vez que este suceso del relevo en el Gobierno acontece en nuestra joven democracia. Sirve de ejemplo y precedente para situaciones futuras. Hay que esperar que nuestros socialistas hayan tomado nota.

Y el señor presidente del Gobierno que viene, don Felipe González, acabada la conversación con don Leopoldo Calvo-Sotelo, presidente del Gobierno en funciones, había declarado: «Vamos a conseguir una transición muy ordenada.» Pero don Felipe no contaba con la huéspeda.

No contaba con esa huéspeda negra que se llama metralleta. Obviamente, el suceso negro y siniestro des asesinato del general Lago no debe desordenar la transición. Cualquier alteración en el calendario y en los modos supondría rendir ante los terroristas uno de los probables objetivos últimos de su acción criminal: la perturbación del orden democrático. Pero, de cualquier forma, el terror, que no cesa, cumple y alcanza con este asesinato uno de sus objetivos inmediatos: entenebrecer un momento histórico de la democracia, robarnos algo del necesario sosiego, echar una amenaza sobre un acto que precisa de tranquilidad y serenidad, quebrar la normalidad pacífica y echar arena en uno de los más delicados mecanismos de nuestro sistema constitucional y parlamentario. Los disparos que han acabado con la vida del general Lago van más allá. El terror tira, como siempre y de nuevo, contra la democracia, contra la paz y contra España.

Dentro de muy pocas semanas será el Partido Socialista quien tenga toda la responsabilidad de librarnos de estos asesinos, de acabar con ellos, con sus crímenes. Y de acabar con métodos y procedimientos democráticos, pero eficaces. En la breve etapa parlamentaria del nuevo socialismo español, me ha parecido contemplar a unos socialistas mucho más preocupados, tenaces y decididos a evitar que el Gobierno centrista cayera en la tentación de «violencias institucionales» que en colaborar en la extirpación del terrorismo. Nuestro socialismo ha sido en alguna ocasión mezquino y escrupuloso hasta la beatería a la hora de contar con una legislación eficaz contra el terror. Su control se ha dirigido mucho más a juzgar los límites en la energía y firmeza de las Fuerzas de Orden Público que a vigilar y estimular su eficacia. No parecía sino que el PSOE se escandalizaba más ante la posibilidad de que un policía propinase un empujón a un etarra o a un grapó que en el lamentable hecho, repetido, de que uno u otro se escaparan vivitos y disparando. Ahora, esos mismos socialistas van a tener la ocasión de enseñarnos cómo se puede cumplir con ambas obligaciones: la de acercarse a los derechos individuales con guantes de seda o con papel de fumar en los dedos, y la de poner a los terroristas fuera de combate.

En esta doble obligación hay que saludar a don Felipe casi con los latines del día: «Totus tuus».

Ante esta nueva sangre será oportuno volver sobre dos lugares comunes que quizá necesiten y pidan revisión. Uno: la filiación política del terror que mata. Desde algunas tribunas políticas y desde otras tribunas periodísticas se ha intentado con frecuencia sembrar una nociva confusión. ¿Quién anda detrás de ETA? ¿Quién mueve los hilos del GRAPO? Y, a veces, la sombra de la sospecha se pretendía echar sobre una hipotética y misteriosa «extrema derecha». Algo así como una provocación para justificar el «golpe». O una corroboración de que los extremos se tocan. Sin embargo sería clarificador —en este momento de clarificaciones políticas— tomar conciencia de que a la democracia, a la de UCD y a la del PSOE, le disparan por la izquierda.

El terror nace en la izquierda antidemocrática y extraparlamentaria. Bueno, extraparlamentaria, quizá no. ETA y GRAPO colaboran y se entienden. Al menos, coinciden. La violencia etarra pretende para Euskadi un marxismo, un totalitarismo socialista o comunista. Además es racista y separatista. Pero además. En este campo, el PSOE tiene que defenderse y defendernos de sus próximos.

Y dos: a veces caemos en la tentación de querer agravar los crímenes terroristas afirmando que se trata de delincuentes comunes, de simples asesinos, secuestradores y chantajistas. Pues no. ETA, desde su propio nombre, es una banda política y «militar». Sus crímenes son políticos. No se trata de maridos burlados, ni de borrachos pendencieros, ni de profesionales del atraco, ni de mafiosos sin otro fin que el de la recaudación de impuestos ilegales. Nada de eso. Pretenden acabar con un orden político de libertades. Pretenden ganar en política por la violencia. Y sus apoyos de todo tipo hay que buscarlos, no en los países libres ni en las democracias occidentales, sino en los totalitarismos del Este, y en aquellos países no alineados a cuyo encuentro y aproximación se dirige en buena parte la política exterior del PSOE. Si no empezamos a reconocer esto, poca eficacia vamos a poder esperar en la lucha contra el terror de nuestros nuevos gobernantes.

Y aquí surge la cuestión, aquí salta la disyuntiva. Banda política y crímenes políticos, no contra las personas, sino contra el sistema y contra la nación toda. Ante eso, ¿qué medidas? ¿Medidas políticas o medidas policiales? Herri Batasuna lo ha dicho muy claro: «Nuestros votos son votos a ETA, pero no negociamos en nombre de ETA.» Entonces, ¿qué hacer? ¿Negociamos con ETA o disparamos contra ETA? De lodo corazón, tendremos que desear suerte y acierto a don Felipe González y a sus huestes.

Y queda un último laberinto. Alguien dirá que esto es una tentación al golpismo. Y habrá quien insinúe, tal vez, como en otras ocasiones, que una tentación «buscada». No merece la pena perder mucho tiempo en desentrañar el misterio. Si el socialismo acabara con el terror mataría dos pájaros de un tiro: el pájaro de la amenaza y el de la provocación. El terror que dispara contra España y su democracia tiene un santuario en la Francia socialista, quizá apoyos en Argelia, dictadura militar de izquierdas, y entrenamientos en el Yemen, país socialista. Vamos a ver si nuestra izquierda consigue de los países de izquierda que no amparen, apoyen y entrenen a nuestros terroristas de izquierda.

Hasta ese rnomento seguiremos siendo eso que ha dicho el Papa: una nación herida—Jaime CAMPMANY.

 

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