Si quieren guerra, tendrán guerra     
 
 Diario 16.    05/11/1982.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

SI quieren guerra, tendrán guerra

El repulsivo crimen cometido en la persona del general Víctor Lago Román, con el

sello inequívoco de la mafia etarra, constituye un miserable alarde de

petulancia asesina y un disparo al corazón del proyecto político de cambio del

nuevo Gobierno socialista.

Toda !a política a realizar en el inmediato futuro con respecto al terrorismo

vasco tendrá que partir de esta prueba palpable de la estrategia política

etarra. Y cualquier negociación con respecto a la posible recuperación de ex

etarras para la vida civil habrá de superar la razonabilísima desconfianza que

los interlocutores-abogados-admirado-res de ETA, cobijados bajo las siglas de

Herri Batasuna, provocan en la inmesa mayoría de la población vasca y española.

Los que confían en algún tipo de negociación con los pistoleros separatistas

tendrán que sopesar lo que significa ir a asesinar de la forma más vil al jefe

militar con el destino más delicado y trascendente de todo el Ejército español.

Posiblemente éste es el crimen más grave cometido por ETA desde el asesinato de

Carrero Blanco, pero su intención política no puede exhibir coartada democrática

o autonomista de ningún tipo. Por el contrario, se trata de impedir el

asentamiento de un sólido poder civil, reformista e inequívocamente democrático

y de provocar un enfrentamiento radical entre el sector más eficaz,

profesionalmente hablando, de las Fuerzas Armadas y el nuevo poder socialista.

No faltarán quienes digan que este trágico hecho es un «pulso» entre dos

tendencias de ETA: los que quisieran negociar con Felipe González y los que

quieren impedir esa negociación a toda costa. La respuesta es obvia: si alguien

está dispuesto a abandonar ese cubil de asesinos, no encontrará

mejor momento que éste, cuando los matarifes «abertzales» se han desenmascarado

como frenéticos golpistas.

Nadie debe esperar en estos momentos debilidad ni comprensión ni tolerancia ante

las complicidades. Los pobres diablos que amparan los crímenes etarras deben

saber que toda España, de izquierda a derecha, y todo el País Vasco, de derecha

a izquierda, están dispuestos a ganar esa guerra sucia que los fanáticos

pistoleros acaban de declarar al nuevo proyecto político español.

Si alguien cree que este crimen puede constituirse en una baza de negociación,

se equivoca de medio a medio. Felipe González ha recogido el guante

ensangrentado de los etarras, y el Gobierno en funciones ha actuado con

celeridad enviando al lugar que ha dejado vacío ese leal soldado que fue el

general Lago a uno de los militares más prestigiosos: el general Pedresa.

SI quieren guerra, tendrán guerra

Una de las primeras provisiones a tomar es la represión implacable de todos los

criminales honorarios, pistoleros desarmados, propagandistas del asesinato y

tontos útiles que forman Herri Batasuna. Los que se proclaman etarras de opinión

o asesinos de pensamiento, deben sufrir la pena correspondiente al acto que

reclaman.

Es absolutamente necesario que todos los demócratas propaguen a los cuatro

vientos esta consigna: «HB mata». Es imprescindible que los reyezuelos de su

«mesa» dirigente, los Jon Idigoras, Txomin Zuloaga, o el ex presbítero Perico

Solabarría —uno de los que huyeron como ratas cuando llegó el golpe del 23-F que

ellos habían provocado— sean desenmascarados como criminales morales, como

asesinos de honor y golpistas frenéticos ante esos doscientos mil votantes de

las siglas etarras.

y si huviera— que lo dudamos— doscientos mil asesinos voluntarios en él país

Vasco, sepan que acabarán por sufrir el peso de los treinta y siete millones

ochocientos mil españoles dispuestos a conseguir, con la ley en la mano,

barrerlos del mapa político.

No vamos a discutir si el general asesinado llevaba o no la escolta necesaria.

Vamos a empeñarnos en que todos ésos que quieren obligar a los españoles, de

paisano o de uniforme, a temer a las pistolas gangsteriles de la ETA tengan que

tragarse su propio desafío. Nadie se ampare en sotanas vascas: no se puede ser

cristiano y asesino, como ha recordado el Papá. Nadie espere pacto ni componenda

con las pistolas en la mano. «Con la medida que midiereis seréis medidos», dice

el Evangelio. Y si escogéis los 9 mm. Parabellum, ésa será vuestra medida final.

 

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