Autor: Rojas y Ordóñez, Eduardo de (CONDE DE MONTARCO). 
 Tomas de posición. 
 Confusionismo     
 
 ABC.    11/11/1982.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

JUEVES lI-n-82

A B C / 25

Tomas de posición

Confusionismo

MI padre nació en San Sebastián; mi única hermana, también; cuando ´ios lo quiera, me enterrarán en el anteón familiar de la catedral del buen Pastor, en la misma Donostia. Mi ama Florentina, que era de enteria, me dio la primera leche y le enseñó a denominarla «esnia», en vascuence, antes que en castellano, así como a contar: «bat», pi», «iru», «lau», «bost»..., si mal recuerdo. Sin embargo, no hay sangre vasca en mis antepasados paternos —y sí navarra por línea paterna—, pues eran oriundos de castilla la Vieja. Con estos datos personales quiero expresar la simbiosis que en el siglo pasado y principios de éste existia entre Castilla y el País Vasco.

Pero no hay que olvidar las disparidades que entre ambas regiones existían. Castilla, desde sus origenes, fue abierta, expansiva, creadora. Anteriormente indómita, en su celtiberismo, la romanización

la civilizó y los godos la dieron su pasticismo germánico; luego, los arabes y bereberes la tíñeron con

sensualidad y religiosidad guerra. Todo ello la liberó de su alteanísmo celtibérico, semejante

—en su primitivismo— al vasco.

En cambio, el pueblo vasco, aislado entre las montañas y el mar, no se mezcló ni con romanos, ni con godos, ni con árabes. Y cuando otro pueblo, en la misma situación geográfica que él —los cántabros de Santander— pasó las montañas pirenaicas para bajar a reconquistar Castilla, con el nombre ya mítico de «foramontanos», los vascos no los siguieron, prefiriendo continuar enclaustrados en su cerrado país. Más tarde decidieron españolizarse a través de Castilla directamente y no a través de Navarra —que dominaba el País Vasco y de la que así se evadían—, ahorrándose un pequeño rodeo histórico de un siglo. A partir de su incorporación a esa mayor entidad geográfica e histórica que es España es cuando encuentran los vascos el camino para destacar como individualidades y como pueblo laborioso. Si antes no dieron ni siquiera un héroe defensor de sus libertades, como Viriato, después surgen figuran como Elcano, San Ignacio de Loyola, Churruca, Unamuno, Baroja, Basterra o Sánchez Mazas. Y su fecunda laboriosidad queda plasmada, en el ámbito nacional, con las empresas industriales, bancariás o comerciales, capitaneadas por Echevarrías, Urquijos, (barras. Sotas y tantos más.

Pero no han sido bastantes para los vascos estos siglos de civilización como para superar su aldeanismo, xenófobo y racista. Siempre se consideraron como una raza selecta, incontaminada, por lo que a los restantes españoles viviendo en el País Vasco los denominaban, despectivamente «maquetos». Aunque no hicieron nunca ascos ni al carbón, ni a la energía eléctrica, ni a los capitales «maquetos», que transformaron ese rincón de pobre economía agrícola y marinera en una potencia industrial, desarrollada y rica, gracias a sus ventas en España.

Las dos guerras civiles carlistas del siglo XIX volvieron a unir en un objetivo común al País Vasco y a Navarra, olvidándose viejos agravios de dominados y dominantes. Pero en la tercera guerra civil de 1936, Navarra militó, unánime, en el campo «azul», y el País Vasco, se dividió entre Álava nacional y Vizcaya y Guipúzcoa republicanas y «rojas» en apariencia. Fueron los requetés navarros quienes volvieron a apoderarse de Guipúzcoa y Vizcaya con un sentido carlista antiliberal, mientras que Álava —mitad castellana y mitad vasca— era premiada con ventajosas prebendas por su opción segregadora.

La historia de las tres últimas guerras civiles españolas deja ver claramente el confusionismo de ideas en las Vascongadas, pues para sus habitantes, en general, la libertad no forma parte de las ideas liberales, sino de un ancestral entendimiento de independencia aislacionista, como puede serlo el de unas comunidades tribales.

Esta no es la posición navarra, habituada a los contactos con variados pueblos, gracias a las medievales peregrinaciones compostelanas y a los entronques reales con extranjeros, así como por la tendencia imperialista de sus Reyes. No puede decirse que sean liberales, pero sí que sus caminos fueron, y son, europeos.

Los navarros y los alaveses han desarrollado su economía estos años del régimen de Franco debido a las ventajas especiales que se les otorgó. Saben que, -aislados del resto de España, su incipiente potencialidad industrial no resistiría. Vizcaínos y guipuzcoanos, en cambio, parecen obcecados y desorientados por la propaganda de una minoría que, si lograse hacer triunfar sus ideas, convertiría a la región en algo muy distinto al verdadero ser que encierra dentro. Porque su sentido de las libertades aldeanas mal se compaginaría con el totalitarismo que sería implantado; el materialísmo ateo chocaría con la religiosidad de ese pueblo; el hundimiento económico provocado por un estrecho mercado vasco dejaría sin ocupación a gran parte de ese laborioso pueblo y el secesionismo visceral iría a contracorriente del integractonismo cerebral de la Comunidad Económica Europea.

 

< Volver