Autor: Sierra, Ramón. 
   Después del 28 de octubre     
 
 ABC.    11/11/1982.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Después del 28 de octubre

Por Ramón SIERRA

EL PNV ha conseguido 385.000 votos en cifras redondas; el PSOE, 241.000; el Herri Batasuna 179.000; y (a coalición de derechas vascongadas, 135.000, con la precisión curiosa, de que ninguno de los dos diputados elegidos, Marcelino Oreja y Julen Quimón pertenecen a la AP, que sacrificó su ya veterano «aparato» electoral para cumplir, caballerosamente, con los compromisos de la coalición.

Estas cifras, provisionales, demuestran que las derechas «clásicas» del País Vasco han sido arrolladas por los nacionalistas y los socialistas. ¿Por qué? Porque muchos «burgueses», politicamente analfabetos, están seguros de que los socialistas «moderados» van a conseguir encauzar o incluso resolver, las más graves crisis económicas y sociales que pocas veces se habrán puesto sobre la mesa de tos gobernantes del Occidente. Y otra parte, muchos vascongados creen que los del PNV son unos buenos chicos, templadísimos; que hubo una nación vasca; que su nombre tradicional era Euskadt; que la «ikurriña» fue la bandera de esa nación; y que tos Fueros contenían las Constituciones de la misma.

Un analfabetismo histórico que avalan todos los que en lugar de hablar del País Vasco han aprendido a decir Euskadi.

Pero, a pesar de ese «arrollamiento», la coalición de la derecha vascongada consiguió montar un equipo que ha metido dos goles el 28-Q. Tantos como Suárez, que adoptó las reglas del juego D´Hont y ganó SI 5.000 votos. Esa coalición podría, paso a paso, reconquistar e) espacio político que antes ocuparon los carlistas, los liberales la CEDA, la UCD... cuando ésta última menestra política se ofrecía a tos electores derechistas en 1977. Y ha fructificado esa semilla a pesar de las «refriegas» entre tos «hermanos»

coaligados que alarmaron a ciertos observadores, sin advertir que tales roces se prodigan en las mejores familias. Y no sólo entre los integrantes de los cuatro grupos coaligados, sino entre aquellos que pertenecen a un mismo partido, pero, como son alaveses, otros vizcaínos y los demás guipuzcoanos, y aun en el hogar de una misma familia entre los jóvenes y los «carrozas», o los veteranos y los novicios. Pero, cuando lleguen las elecciones locales, el dilema será éste: o el «suicidio» a la UCD, o el entendimiento entre todos los que no quieren votar ni al PSOE ni al PNV. Si son capaces de sacrificar sus egoísmos en el altar de la gran patria espartóla; y si no olvidan la lección de Fraga que aguantó las elecciones del 77 y del 79... y ahora, otra vez «derrotado» —¡increíble ese récord de 6 a 105 escaños!—, se ha convertido en el «sucesor natural de Felipe González, que va a ser sometido pronto a una gran prueba la una de las grandes pruebas que le esperan): ver qué sucede con sus fieles cuando éstos, tan ejemplarmente unidos hasta ahora —porque hubiese sido absurdo reñir cuando el cordero está sobre la mesa y cada uno tiene ya su tenedor y su cuchillo en la mano—, empiecen a dividirse entre radicales, moderados o centristas... Un peligro que también acecha a Fraga, aunque por ahora sólo pueda ofrecer un plato de lentejas.

Dios quiera, y así lo esperamos, que don Felipe nos gobierne con formalidad, pensando en todos los españoles y no sólo en sus correligionarios.

 

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