Rentería, principio de un camino     
 
 ABC.    29/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Rentería, principio de un camino

La manifestación de protesta contra ETA celebrada en la mañana de ayer en Rentería es un hecho de primerísima importancia en la lucha política y social contra el terrorismo. Que un puñado de personas —varios parlamentarios entre ellas— se arriesgara a manifestarse dentro de un núcleo urbano que es, por desgracia, un importante feudo de los etarras, indica que algo está comenzando a cambiar en el conjunto de condiciones sociales que ha hecho posible la propia implantación terrorista en determinados ámbitos. Los primeros en reconocerlo han sido los mismos denunciados por el acto de protesta, al intentarlo frustrar por medio de uña contramanifestación.

Cierto es que ha habido otras protestas públicas contra el terrorismo etarra. La última, por el secuestro de don Saturnino Orbegozo, en Zumárraga, ocho días antes. Y en la memoria de todos está la que se celebró en Bilbao al ser secuestrado —y asesinado después— el señor Ryan, ingeniero jefe de la central nuclear de Lemóniz. Pero en ninguna de estas ocasiones los manifestantes habían asumido un riesgo tan específico como los de ayer en Rentería. Ahí radica la diferencia: en el paso de la condena casi anónima dentro de un gentío, o de la condena en una manifestación que discurre por lugar seguro, al gesto público e individualizable dentro de un espacio psicológicamente dominado por los terroristas y sus cómplices.

El ascenso por la pendiente del riesgo, en la expresión del valor cívico y político contra el terror colectivo que pretenden mantener los etarras, es un dato de primera magnitud. Fundamenta la esperanza de que el terrorismo es erradicable en la propia medida que la sociedad se arriesgue a combatirlo con sus medios y en la misma posibilidad de que el Estado se muestre capaz, con sus recursos específicos, de secundar estas incipientes actitudes colectivas.

Mucho es el camino que resta todavía por hacer, tanto por parte del Estado como por lo que corresponde a la iniciativa social. Decimos esto ante el tema de los manifestantes de Rentería, inscrito en una pancarta donde se leía: Por la reivindicación del buen nombre de nuestros padres.» Entre los niños portadores de la pancarta figuraban los hijos de las victimas del atentado etarra contra varios trabajadores, uno de los cuales murió. ¿Era ciertamente el buen nombre lo que se había de reivindicar? Más bien, creemos nosotros, el derecho a la vida. La precisión no es baladí. Se dijo desde la complicidad con los terroristas que éstos habían confundido a las víctimas con ciertos confidentes de la Policía. Responderles así, reclamando ante los asesinos la inocencia del asesinado y de los heridos, es casi tanto como reconocer a los terroristas la condición de jueces, y a su violencia la entera fuerza de la ley.

La confidencia a las Fuerzas de Seguridad es, quizá, una de las más importantes, decisivas y fecundas vías de colaboración de los particulares con el Estado para ganarle, definitivamente, la guerra al terrorismo. Toda colaboración particular en la lucha contra el terror, más allá de la eficacia final en que resulte, supone, por el solo hecho de producirse, una grieta en la conciencia aterrorizada que pretende imponer el terrorismo como premisa vital de todos sus demás objetivos y pretensiones.

Los etarras han podido subsistir en sus prácticas criminales por la disponibilidad de toda una trama de «santuarios». Desde los geográficos, utilizados para refugio de jerarcas y para recaudar buena parte de los frutos de su extorsión, a los «santuarios» ideológicos de sus políticamente afines —por el lado del nacionalismo o por el lado del marxismo revolucinario—, y a los «santuarios» sociales de la complicidad militante y de la intimidación colectiva.

La lucha antiterrorista pasa por la consideración activa, y operativa, del entero sistema de apoyos que los etarras tienen. Para el Estado es vital el desmontar tal sistema. Y en ello será decisiva la colaboración de la sociedad y de las fuerzas políticas. De ahí que consideremos de tanta importancia la manifestación de ayer en Rentería. Toda una muestra de valor cívico, a despecho de los matones de Herri Batasuna y pese a la intimidación establecida con la esgrima de las represalias criminales. Por ese camino de Rentería podrían comenzarse a contar los días que le quedaran a ETA.

 

< Volver