Autor: Dávila, Carlos. 
   ETA cumple     
 
 Diario 16.    14/12/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

14 diciembre-82/Diario 16

Carlos Davila

ETA cumple

El que avisa, ademas, es traidor. ETA militar, que dice defender a su pueblo vasco, está poniéndole, en realidad, al borde del colapso. ETA ya advirtió hace unos días al presidente González que no pensaba dar tregua, que seguiría en su cruel camino hacia la esquizofrenia homicida. Y ya ha dado el primer aldabonazo. Pueden estar satisfechos los truhanes que aún quedan libres, de la dirección etarra. Avisan, amenazan y cumplen. Son hombres de siniestra palabra.

Con el primer muerto de la nueva etapa, han comenzado también los viajes del ministro Bamonuevo al País Vasco, unos viajes que esperamos, tengan en le sucesivo, otros fines que el dramático de dar el" pésame a los familiares délas víctimas. Pero no queda mucha esperanza, ETA, en verdad, se encuentra acorralada; su particular industria de la muerte no se puede parar, como no es posible detener el artilúgio tétrico que mueve al chantaje, al secuestro y a la vil extorsión. ETA es una compañía de criminales que debe matar para sobrevivir. Por eso no hay otro remedio que segar la hierba verde vasca bajo los pies inhumanos de los terroristas.

Yo no sé, particularmente, si alguna guerra en la historia —y esta terrorista lo es— pudo acabarse sin negociación. No lo sé. Sé, eso sí, que ETA se está esforzando en matar más y con más crueldad para forzar a los nuevos gobernantes a un acuerdo más o menos público. Al PSOE. que tiene expertos principales en «etarrismo», los asesinos le han lanzado un guante retador: o negociáis o seguiremos en la lucha, en esa lucha en la que algunos caen dialécticamente y que consiste, como todos saben, en asesinar por la espalda, practicar el «valentísimo» tiro en la nuca o secuestrar a un anciano indefenso. Esto es lucha armada.

Queda mucho tiempo, y los resultados de las elecciones de otoño lo confirman, para que demos por terminado el fenómeno terrorista. Contra algunos pronósticos apresuradamente optimistas que aseguraban el descenso en la aceptación popular de trazo político por ampara, protege y disimula a los activistas «militares», Herri Batasuna sigue en la brecha sin fisuras aparantes. El amparo popular al homicida es generalizado.

El gran tema, al margen de la LOAPA, que los nacionalistas de una u otra tendencia se han empecinado en condenar sin demasiado fundamento, es el del aislamiento y reconversión de los terroristas. Una operación que cuesta tiempo y dinero. Tiempo, porque no es fácil convencer a los fanáticos de la metralleta de la inutilidad de un crimen sostenido, y dinero porque, una vez conseguidos los arrepentimientos (o como quieran llamarse, para disfrazar el concepto), algo hay que nacer con jóvenes que no han tenido, desde su más temprana edad, otra compañía que el arma y otro oficio que el terror. El Estado, pues, no sólo tiene que movilizar al parado, sino dar trabajo al redimido. Así de importante y así de duro.

No podemos esperar, por otro lado, que con la Policía vasca en las calles de las tres provincias, ETA se retire a sus zulos humanos, a sus cuarteles de resistencia; antes, al contrario, aumentará su violencia contra los Cuerpos de Seguridad del Estado, cuya salida —recuérdese este dato— constituye una de las cinco exigencias inscritas en la «alternativa KAS». Quien esperara resultados inmediatos de la actuación de la Policía autónoma estaba, sencillamente, mal informado. Al Gobierno vasco, que tan bien —según sus retóricas declaraciones— ha acogido el triunfo socialista, no ¡e cabe más remedio que colaboraron el central en la erradicación de los violentos y en el aislamiento de los que les protegen. Felipe González ha inaugurado con su comunicado oficial —es cierto— una nueva manera de protesta oficial, pero eso no es bastante; ahora tiene que exigir a Garaicoechea respaldo administrativo, político y humano en el combate contra el terrorismo. Eso, en la superficie; en el fondo debe pedirle ayuda para la reinserción social de los delincuentes de ETA. No hay otro camino.

 

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