Historia del Mercado Común en hechos y cifras     
 
 ABC.    10/02/1962.  Página: 33-34. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

ABC. SÁBADO 10 DE FEBRERO DE 1962. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 33

HISTORIA DEL MERCADO COMÚN EN HECHOS Y EN CIFRAS

Con motivo de la solicitud presentada oficialmente por España para iniciar las negociaciones necesarias

con el fin de que nuestro país pueda ser admitido como asociado al Mercado Común Europeo, es

interesante recordar lo que es y lo que re-presenta, en el orden internacional, la Comunidad Económica

Europea que engloba a los países del Mercado Común.

ACTA DE NACIMIENTO DEL MERCADO COMÚN EUROPEO

Una audaz diplomacia—la que vio siempre en la unificación de Europa, el más seguro valladar defensivo

contra los peligros y amenazas soviéticos—comenzó a mover los resortes para llegar a esta integración,

soslayando todos los peligros de alarma y procurando respetar todos los nacionalismos, evitando todas las

suspicacias de este tipo. Y como ya había algunos organismos de colaboración europea, muy restringidos

respecta a sus funciones, pero impregnados del espíritu de solidaridad europea—la "Liga europea de

cooperación económica´" y la "Comunidad Europea del Carbón v del Acero"—se aprovechó el que esta

última, formada por Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, se reunieran en Messina,

en julio de 1955, para lanzar la idea de una mayor y más estrecha colaboración económica entre los países

europeos que formaban aquella "pequeña Europa", principalmente desde el punto de vista de los

intercambios comerciales que constituyen la verdadera piedra de toque, de la integración económica.

La idea fue recogida con interés extra ordinario, y todos los países en ella implicadas pusieron, manos a la

obra. El año siguiente, 1956, registra una nueva reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de los

citados países en Venecia, donde se perfilaron los esquemas de un conjunto de organizaciones

encaminadas al mismo fin. Una de las más importantes era la llamada Comunidad Económica Europea,

que pronto recibió el nombre de batalla de Mercado Común Europeo. La firma solemne del Tratado que

dio vida a estos instrumentos de europeísmo económico se desarrolló en Roma el 25 de mayo de 1957, en

la sala de los "Orasi i dei Curiazi", del Capitolio. El Mercado Común de "la pequeña Europa" había

nacido felizmente.

COMO FUE ACOGIDO EL MCE

En honor de la verdad hay que declarar que, en principio, no se concedió toda la importancia al Mercado

Común Europeo, tal vez porque se le considerara como uno más entre todos los intentos llevados a cabo

para fortalecer la posición de la vieja Europa, sometida a todas las presiones de los dos países

antagónicos, Estados Unidos y Rusia. Norteamérica, ciertamente, no pareció conceder gran importancia al

hecho, y Rusia, ensoberbecida por sus primeros triunfos sobre el cosmos—acababa de poner en órbita el

"Sputnik"—tampoco reparó mucho en el Tratado de Roma. Inglaterra pensaba también que el Canal de la

Mancha y su Commonwealth seguirían tutelando su "splendid isolement". En cuanto a los demás países

europeos, no firmantes del Tratado, así como Iberoamérica y Japón, confiaban unos en la modestia de su

puesto en el escalafón internacional y otros en su alejamiento de Europa, estimando que había lugar para

practicad la política del "wait and see". En resumen, que no fue grande la repercusión alcanzada por el

acuerdo de los "Seis" fuera de los "Seis" mismos, y aún es posible que ni aun dentro de ellos. Además,

habrá que confesar que el programa de trabajo —unión aduanera y tarifa exterior común, armonización de

las políticas económicas, libre circulación de personas y de capitales dentro del área de la Comunidad

Económica Europea y promoción del desarrollo entre los países miembros podía parecer un tanto utópico,

y muchos tantos inasequible. A pesar de todo, la OECE debió sentir inmediatamente que su capacidad de

actuación y su influencia quedaban un tanto disminuidas.

LA UNIFICACIÓN EN MARCHA

A pesar de todos los augurios y escepticismo, pronto comentaron a registrarse los primeros síntomas de

que la la unificación europea, al menos en el ámbito, de algunas de las principales facetas económicas y

financieras se había puesto en marcha. A fines de 1958 se produce uno de los acontecimientos más

trascendentales al decretarse la convertibilidad parcial—limitada en la mayor parte de los países a los "no

residentes"—de casi todas las monedas europeas, y preparándose otras que entonces no lo hicieron, a

verificarlo en los plazos más breves. Consecuencia de ello, el organismo conocido con el nombre de

Unión Europea de Pagos, modesta "clearing house" desaparece, sustituida por un Acuerdo Monetario

Europeo, de mayores alientos y más eficacia financiera.

Tampoco se hacen esperar las medidas que afectan a la desaparición de las barreras aduaneras, porque en

1959, en la fecha misma del comienzo del año se inicia lo que enfáticamente se dio en llamar "desarme

aduanero" que comenzó rebajando los derechos arancelarios en un 10 por 100 y globalizando los

contingentes de importación, con lo que se conseguía una mayor elasticidad comercial, dentro de las

restricciones todavía vigentes, a cuya desaparición cuantitativa se iba decididamente.

EL MCE COMIENZA A PREOCUPAR

La aparente o real indiferencia que en los comienzos del Mercado Común Europeo se manifiesta entre los

países que no pertenecían a él, empieza a dar paso a una creciente preocupación de testos al advertir la

marcha progresiva de su instalación y los resultados primeros obtenidos, francamente beneficiosos para

los comanditarios del Acuerdo de Roma. Y es Inglaterra, naturalmente, la que encabeza y capitanea esta

preocupación, tal vez porque es la que más de cerca puede tocar las consecuencias de un desplazamiento

de sus exportaciones industriales al Continente. Lanza la idea de creación de una Zona de Libre

Comercio, que en su fase de tanteo no tiene gran fortuna, pero que al fin logra cristalizar en el llamado

Acuerdo de Estocolmo, perfilado el 20 de noviembre de 1959 por los representantes de Inglaterra,

Austria, Dinamarca, Noruega, Suecia, Suiza y Portugal, y firmado definitivamente el 4 de enero de 1960,

en el mismo Estocolmo, naciendo así la llamada Asociación Europea de Libre Comercio. La cual tiene

imitadores al otro lado del Atlántico, puesto que no más tarde del 18 de febrero de 1960, Argentina,

Brasil, Chile, Méjico, Paraguay, Perú y Uruguay, reunidos en Montevideo, acuerdan formar, la

Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, creando la Zona Latinoamericana de Libre Comercio; es

decir, creando el instrumento comercial iberoamericano y señalándole su zona geográfica de aplicación.

MAS CONSECUENCIAS INTERNACIONALES DE LA PUESTA EN MARCHA

DEL MERCADO COMÚN EUROPEO

La sola realidad de la existencia del MCE cumpliendo sus propósitos enunciados en el Tratado de Roma,

bastó, como se ha visto para promover reacciones diversas en otros países y otros continentes. Tanto más,

cuanto que el propio Mercado Común, cuyos representantes, a través del Consejo de Ministros de la

Comunidad Económica Europea, reunidos, en Bruselas el 13 de mayo de Í960, acuerda acelerar los

programas - de integración y de liberalización. Se queman las etapas y se decide alcanzar antes de las

fechas previstas las metas de la tarifa común única en lo que Se refiere al comercio exterior del conjunto

de la "Pequeña Europa".

Una de las primeras consecuencias es la obligada organización de la OECE, que habiendo cumplido ya la

mayor par- te si nd la totalidad de sus objetivos, debe contribuir de manara más efectiva al desarrollo de

los países a ella adheridos, desarrollo que no se concibe, sin embargo, sin la ayuda de Norteamérica, y,

por razones de semejanza y afinidad, del Canadá. Por este motivo, a últimos de julio de 1960 se celebra

en París una Conferencia de Ministros para reorganizar la OECE, reorganización que es, en realidad, la

sustitución de este organismo por otro más adaptado a las necesidades del momento y a los imperativos

del futuro. Llegados a un acuerdo en las negociaciones los días 13 y 14 de diciembre del mismo año se

vuelven a reunir los ministros en París, y bajo sus firmas nace la Organización de Cooperación y

Desarrollo Económico que no tiene ya. apellido exclusivamente europeo, porque en ella entra, como, se

ha dicho, Estados Unidos y Canadá. Así se pasó de la OECE al OCDE.

PODER DE ABSORCIÓN DEL MCE Y NUEVOS ÉXITOS DEL MISMO

Los "Seis" indudablemente han dado en el quid de la integración europea. Lo demuestra el hecho de que,

después de Solicitar y conseguir Grecia su asociación al Mercado Común, firmada el 9 de julio de 1961,

el 31 de aquel mismo mes el "premier" inglés Macmillan anuncia en la Cámara de los Comunes el

propósito del gobierno británico de entablar negociaciones con la Comunidad Económica Europea,

iniciándose estas negociaciones en Brusselas el 8 de noviembre próximo pasado. La Asociación Europea

de Libre Comercio queda automáticamente disuelta, y mientras Irlanda, Dinamarca y Noruega se apresu-

ran a dirigirse con análogas peticiones de ingreso, al Mercado Común, Suiza, Suecia y Austria sé ven

asaltadas por graves escrúpulos que afectan a su tradicional política de neutralidad.

Sin embargo, el mayor éxito de la Comunidad Económica Europea se produce dentro ya de este año, y a

menos de un mes de la fecha de hoy. Este éxito es la consideración planteada al Congreso por el

presidente Kennedy del grave peligro que entrañaría el mantenerse al margen del desarrollo y actividades

de esta agrupación europea, que por sí sola, sin las posibles adherencias que después le pudieran salir,

representa un mercado tan grande como el propio mercado interior norteamericano. Es necesario—así lo

hace saber el presidente norteamericano a los representantes—qué Norteamérica prepare su estructura

arancelaria en forma similar a como la esta preparando Europa, lo que obliga a introducir profundas y

extensas modificaciones en su sistema aduanero y arancelario.

Finalmente, y como colofón de este movimiento de absorción, que parece ya definitivo, se registra otro

acuerdo importantísimo, que abre la puerta definitivamente al movimiento de integración representado

por el Mercado Común Europeo. Nos referimos al acuerdo sobra la política común agraria que, después

de agotadoras sesiones de trabajo—45 en total—, se proclama en Bruselas el 14 de enero último y con el

que han quedado superadas las diferencias irreductibles que habían estado bloqueando muchas decisiones

importantes para el pleno desarrollo del Mercado Común, cuyo camino, en materia dé política agraria, se

presenta ahora más desembarazado y prometedor.

LAS CIFRAS CANTAN EL TRIUNFO DEL MERCADO COMÚN

No es difícil comprobar a través de esa muda elocuencia que tienen las cifras la realidad del éxito

conseguido por la Comunidad Económica Europea, aunque se deduzca ya de la breve relación

cronológica de hechos y de consecuencias que hemos dado anteriormente. Recogiendo sólo los índices

más generales y significativos, los beneficios obtenidos por los países que forman el bloque del Maceado

Común están expresados por las siguientes cifras.

Tan importantes avances conseguidos en el volumen de la renta nacional son la consecuencia natural de

avances correlativos en los índices de desarrollo económico. Eligiendo alguno de los más significativos

de éstos, tenemos los siguientes resultados comparativos:

Respecto a lo que el progreso del Mercado Común en conjunto ha representado en oíros sectores de las

actividades económicas durante el breve plazo de su vigencia, queda expresado por las cifras que se dan a

continuación:

No hacen falta más demostraciones para darse cuenta de que la fórmula del Mercado Común ha

representado para sus afortunados realizadores un ritmo de expansión y de crecimiento que se calcula en

dos veces mayor que los de 1% economía americana. De aquí el interés que ha suscitado y que tiene que

ir en aumento. Este interés ha sonado también ya en España, que ha nuestro sus relojes de acuerdo con la

hora1 europea y posiblemente con la mundial.

 

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