Autor: Anaut, Alberto. 
 Son el blanco del terrorismo mientras mantienen vivas sus empresas. 
 Los empresarios vascos se sienten muy solos     
 
 Diario 16.    14/01/1983.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Diario 16/14 enero-83

NACIONAL

Guerra asegura que el binomio terrorismo-Francia va unido, porque es evidente que el vecino país sirve de refugio a los terroristas

Son el blanco del terrorismo mientras mantienen vivas sus empresas

Los empresarios vascos se sienten muy solos

Han sido chantajeados y casi nadie les ha mostrado su solidaridad. Los últimos secuestros han vuelto a hundirles en la desesperanza, sólo piden una reacción social ante el terrorismo.

San Sebastián: Alborto ANAUT, enviado especial

Los empresarios vascos están desmoralizados. Los secuestros de Satur Orbegozo y Miguel Echeverría —miembros de las dos mayores familias de industriales de Guipúzcoa— han paralizado a los empresarios de la provincia. Cuando a primeras horas de la mañana del pasado lunes José María Vizcaíno, presidente de la patronal Adegui y uno de los hombres más respetados del mundo empresarial de España, se enteró de la noticia, estaba celebrando una reunión en su despacho de la vieja fábrica de Ramón Vizcaíno; ya no pudo trabajar más «otra vez». La idea ha vuelto na convulsionar a los empresarios vascos.

ETA se ha cebado con ellos. De los 470 secuestros realizados desde 1970, han sufrido muchos en su propia carne. Y muchos han muerto. Berazadi, Ybarra— ..., la lista de empresarios que ha caído en manos de ETA es muy grande. Zabala, Huarte, Luzuriaga, Serra, Suñer, Lipperheide, Orbegozo... bastan unos cuantos nombres para dejar constancia de que los empresarios han sido, entre la población civil, el blanco preferido de ETA. Acusados de explotadores y antinacionalistas han luchado desde aquí aguantando sus empresas abiertas y sus puestos de trabajo en pie pese al temporal. Y todo parece indicar que contra viento y marea lo seguirán haciendo. «Pero la situación no se puede prolongar más.». Jesús Alberdi, secretario general de la patronal, está viviendo unos días frenéticos. No para. Hay que mantener a los empresarios en calma y unidos. «La moral — comenta— está muy baja.»

A los empresarios vascos, lo que más les duele es ver cómo su lucha es una carrera de fondo... en solitario, «la tarea empresarial — acaban de decir— tantas veces imcomprendidas además de hacer frente al reto, de la crisis económica, viene soportando a lo largo de los últimos años la coacción, la extorsión y el chantaje, hasta llegar a una situación insostenible».

El «impuesto»

Viven angustiados. Algunos tienen guardaespaldas y todos han sufrido durante años el vacío social de ver cómo hasta los amigos de siempre, los que trabajan en sus fábricas, no tomaban «chiquitos» con ellos. Llaman a su casa con frecuencia, y no están permitidos los retrasos. Conducen con cien ojos y cambian de ruta a la menor sospecha. Reciben con demasiada frecuencia consejos del tipo de «no duermas hoy en casa» o «llévate a la familia fuera». Están soportando un régimen de terror y, aunque lo nieguen, todos han pensado que alguna vez les tocará a ellos. Patricio Echeverría no había escapado a esta idea, a lo largo del secuestro de Orbegozo, pasando casi todos los días por delante de la fábrica de Zúmarraga para ir a la suya que está a sólo tres kilómetros más allá, Echeverría se quedaba mudo mirando. No podía creer,´ sin embargo, que pocos días más tarde los secuestradores se iban a ensañar con un hijo suyo, Miquel.

Los empresarios vascos llevan pagando muchos años en silencio el «impuesto revolucionario». O negándose a hacerlo. No hay cifras, nadie sabe a cuántos afecta. Mientras algunos hablan de dos o tres millones anuales, otros, conocedores del, entramado del terror, barajan cantidades mucho más moderadas: en torno a quinientos millones anuales. Son, en cualquier caso, muchos millones y muchas personas pendientes de la macabra fiscalidad del terror.

Una fiscalidad que ya ha saltado, como era de suponer, las estrechas barreras del empresariado que afecta a médicos, abogados, odontólogos... a pequeños comerciantes y profesionales. Se ha dicho que ETA —o «ETAS» habría que decir, porque las dos ramas han entrado en el juego— ha llegado a cobrar a plazos de veinte a treinta mil pesetas mensuales. Y ha sido sólo entonces cuando la sociedad vasca, cuando el Gobierno vasco, han empezado a rebelarse contra el «impuesto». Porque antes era un problema de ellos, «de los empresarios». Y eso estos hombres lo saben y les duele porque dicen que es injusto y no admiten la idea de luchar solos.

 

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