Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Forza, Barrionuevo     
 
 Diario 16.    17/01/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

17 enero-83/Diario 16

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Forza, Barrionuevo... .

HACE algunos años, lectores, una asociación americana de anunciantes y publicistas puso en marcha un bonito divertimento. Realizó una encuesta en la que se interrogaba a los encuestados: Si en su mano estuviera la posibilidad de comercializar una máquina prodigiosa que hiciera la felicidad de millones de seres humanos facilitando las comunicaciones, desarrollando asombrosamente la industria y el comercio, abriendo increíbles posibilidades al ocio y la cultura, a la civilización, en suma, pero que, cada año, provocaría la muerte de decenas de miles de seres humanos, ¿la pondría usted a la venta? Las respuestas eran unánimes: negativo. Acto seguido, el entrevistador respondía: lamentablemente, la máquina ya está inventada, se vende en los comercios y se llama automóvil.

Les cuento todo esto, lectores y amigos, porque a mí se me ocurre una pregunta similiar: Si a usted le ofrecieran un lugar de poder inmenso, con miles de hombres a su servicio dispuestos a cumplir sin rechistar la más insignificante de sus órdenes, fama, popularidad, poder en suma, pero que de cualquier decisión suya, equivocada o acertada, pueda depender en cualquier momento la vida de seres humanos, ¿aceptaría el cargo? Estoy seguro que no habría demasiados voluntarios. Sobre todo, si al empleo le añadirnos horarios extenuantes, de sol a sol, insomnios, angustia, el sobresalto continuo del teléfono anunciando la tragedia, el drama. Pues, bien; el cargo existe y se llama ministro de Interior, un auténtico vía crucis, un sacerdocio. El loco entrañable que ahora lo ocupa es José Barrionuevo, socialista, hombre de redaños, ojo húmedo y redondo de animalito de Walt Disney, sensible y malhablado: John Wayne. Dan ganas de cantarle un tango: Barrionuevoooo / vos tenes el alma inquieta / de un gorrión sentimentaaaal... Más o menos.

Pues, bien. Barrionuevo es una de esas singulares personas que se dice a sí misma: si he de estar en el primer Gobierno socialista, si he de ser ministro, quiero serlo con todas las consecuencias: a Interior.

Y nada más sentarse, como si la piel del sillón cobrara nuevamente el aliento y la vida de su primitivo dueño, la poltrona se transforma en una res convulsa, salvaje y descabellada, con Barrionuevo al volante, como un viejo y avezado jinete de rodeos. Orbegozo, Echeverría...

Ahora, Barrionueve se encuentra en esa terrible y shakesperiana encrucijada del chantaje de los secuestradores del joven Echeverría. Y, sin embargo, el ministro se mantiene serenamente firme. No permitir que se pague el rescate, aunque es prácticamente imposible controlar los infinitos canales con que cuenta la familia para hacer efectiva la cantidad solicitada. El argumento de Barrionuevo es muy simple: Es dramática, terrible, la situación en la que se encuentra el secuestrado y su familia. Pero el dinero de las extorsiones alimenta la enloquecida maquinaria del terror y amuniciona las armas que asesinan a otros españoles, que, además de ser hombres del pueblo, trabajadores que arriesgan sus vidas por sesenta mil pesetas al mes, no gozan de la oportunidad de salvar la vida mediante el pago de un rescate: los miembros de la Guardia Civil y de la Policía. El argumento tiene solidez moral y en alguna ocasión, en esta columna se han dicho cosas parecidas: es hora ya de acabar con esa siniestra, espantosa tendencia que impregna las tierras vascas, según la cual, hay «muertos de primera» —etarras— y «muertos de segunda» —guardias civiles—.

MIENTRAS tanto, hoy lunes, es el día «D», se acaba el plazo dado por los secuestradores de Echeverría. En el Ministerio de Interior se actúa febrilmente, se siguen las pistas del llamado «Estudiante», el etarra que con toda probabilidad dirige el comando responsable del secuestro. Incluso se comprueban algunas de las habituales llamadas de brujos, médiums y otras hechicerías, que aseguran haber hablado telepáticamente con el secuestrado o conocer su escondite.

Hoy, toda España, todos los españoles, las gentes de buena crianza están con el ministro. Forza, Barrionuevo...

 

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