Autor: Dávila, Carlos. 
   La hipócrita condena de KAS     
 
 Diario 16.    17/01/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ANÁLISIS

Carlos Dávila

La hipócrita condena de KAS

La coordinadora KAS, brazo asambleario de Herri Batasuna y, en consecuencia de ETA militar, ha aprovechado desvergonzadamente el secuestro de Iñakí Echeverría para hacer su particular proclama en favor de la negociación. KAS, en un ejercicio de hipocresía espeluznante, se ha subido al carro de las condenas y ha criticado a los etarras «poli-milis» a muy pocas horas deque se cumpla e\ siniestro ultimátum que pone la vida del joven vasco pendiente de un hilo fragilísimo.

En boca de los protectores de ETA militar, la condena interesada es un cruel sarcasmo que sólo merece la repulsa. Es esta la primera vez, que se recuerde, que los KAS se pronuncian contra un atentado que ha destrozado una vida humana —aunque Iñaki logre salvarla— y ha situado a la sociedad vasca al borde mismo de la esquizofrenia dolorida. En la superficie de esta cínica condena, late una clara intención: presentarse ante el pueblo vasco como los interlocutores de la paz, los únicos que pueden forzar la negociación.

Esta es la palabra clave. En ETA, una parte, quizá la más envejecida, quiere negociar; en Herri Batasuna, sus dirigentes, algunos tan espectacularmente como Iñaki Esnaola, quieren negociar "y en KAS, naturalmente, quieren negociar. Curiosamente al empeño ayudan personajes bienintencionados pero torpes como Garaicoechea, una esperanza frustrada, víctima de su intextura política débil y de su pusilanimidad para enfrentarse con un fenómeno terrorista que ha dejado hace mucho tiempo de ser una coartada nacionalista para convertirse en un horrendo sindicato de criminales. Bien es cierto que los argumentos del lendakari distan aún de parecerse a las razones que suelen esgrimir los radicales batasunes, pero no lo es menos que ambas posturas comienzan a coincidir en un punto: la justificación de unos medios (los violentos) por una pendiente asignatura (la no consecución de todos los niveles de autogobierno).

Garaicoechea, su Gobierno y el partido que le sostiene (nunca con demasiado entusiasmo) saben perfectamente que su plan de normalización choca y chocará siempre con la intransigencia homicida de ETA, cuyos ideólogos han dejado bien claro que no aceptan el posibilismo fluctuante del PNV y que no se avendrán a otra solución que el logro de todos y cada uno de los puntos de la alternativa KAS, que incluye entre otros, la desaparición del País Vasco de las Fuerzas de Seguridad del Estado —con la bendición, eso sí, de Eli Galdós— y la autodeterminación. ¿Puede el PSOE y el Gabinete González prestarse a una negociación en la que una parte pone, de antemano, las condiciones finales de cualquier arreglo? Evidentemente no KAS también lo sabe, por eso, en una jugada hipócrita, se reviste con la piel del cordero de los falsos humanitaristas y se presenta ante los vascos como el pastor que puede apaciguar un rebaño, no precisamente ovino. En el fondo de la posición etarra, batasunera y «kasera», subyace una lucha entre familias («milis» contra «polis»), un convencimiento de que la violencia es más que nunca ineficaz y un interés por recuperar el crédito que los ciudadanos de aquel país, niegan a los encubridores del terror.

 

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