España y la integración europea     
 
 ABC.    11/02/1962.  Página: 50. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

A B C. DOMINGO 11 DE FEBRERO DE 1963. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 50

ESPAÑA Y LA INTEGRA-CON EUROPEA

Entre los que han opinado sobre la incorporación de España al Mercado Común dominan los partidarios

del ingreso. Los adversarios fundamentan su negativa en que pesan más los inconvenientes que las

ventajas, según lo prueban las fisuras y, discrepancias que se advierten entre las naciones integradoras.

Sostienen que el desarme aduanero acabaría con la Comunidad. Replican los defensores de la integración

con hechos. Lo que hace pocos años era una utopía va convirtiéndose en realidad. El Mercado Común ha

coronado su cuarto año, dando carácter definitivo a sus compromisos de la primera etapa. Su balance

económico lo resume así la revista del Ministerio de Comercio : "La producción industrial europea ha

aumentado dos veces más de prisa quería de los Estados Unidos. En el transcurso del primer semestre de

3961 la producción industrial de la Comunidad era (media mensual) un 30 por 100 superior a la de 1958.

En el mismo tiempo la producción de Estados Unidos no había aumentado más que un 15. por 100, y la

de Gran Bretaña un 17 por 100. El comercio, íntraeuropeo ha aumentado en un 70 por 100."

Los intercambios entre los países de la Comunidad, lejos de disminuir, han ido en gradual crecimiento: un

24 por 100 en Í959, un 52 por 100 en 1S60 y un 71 por 100 en 1961 (primer trimestre). Tampoco ha

descendido el movimiento comercial con los países ajenos a la Comunidad. Las importaciones

procedentes del mundo no integrado subieron en un 6 por 100 en 1959, en un 27 por 100 en 1960 y en un

35 por 100 durante el primer semestre de 1961. El aumento de las exportaciones de la Comunidad fue del

11,25 y del 26 por 100 en los dos últimos años. Todos los productores trabajan ahora a escala europea.

Detalle muy significativo es la atracción que el Mercado Común ejerce, sobre los capitales extranjeros,

que en tres años ha supuesto 600 millones de dólares, de ellos 500 millones de empresas norteamericanas.

La importancia del Mercado Común para el presente y para el futuro lo proclaman dos acontecimientos

que, a juicio de "The Economist", de Londres, servirán a los historiadores para definir el carácter dé la

economía de nuestro tiempo: uno, la petición de Inglaterra para ingresar en el Mercado Común; otro, el

proyecto de Kennedy de una disminución en conjunto de las defensas arancelarias por acuerdos

recíprocos. Queda por "es- clarecer hasta qué punto el "Mercado Común no ha influido :también en la

elaboración del programa copunisa de los veinte años promulgado, en el sXXII Congreso de Moscú, con

el fin de ofrecer al pueblo ruso- los "benéficios dé hurta "producción que en muchos ordenes han al-

canzado ,ya los países integrados.

En la carta del ministro español de Asuntos Exteriores; al presidente del Don- , se lo de Ministros de la

Comunidad Europea, solicitando la apertura de negociaciones para1 la pasible, yinculacion de España

"a la Comunidad –Económica Europea, "después de salvar las etapas indispensables para que la economía

española pueda alinearse con las condiciones del Mercado Común", se advierte con mucha

oportunidad y tino ,que los riesgos que unen a España continuos países americanos "no han de sufrir

mengua con su integración en. la Comunidad, Antes al contrario pueden ser una positiva contribución

para resolver los,, problemas planteados entre aquellos y ésta".

De cuantos economistas españoles han estudiado el problema de la integración europea, el ex ministro D.

José Larraz es quien ha profundizado más en el tema con su mucho saber y experiencia. Es también quien

ha sobrepesado con más ponderación los pros y contras de la integración, en conferencias y en los nueve

tomos de "Estudios sobre la unidad económica de Europa". En resonante coníerencia-resumen

pronunciada en Madrid expuso las conclusiones a que había llegado en sus largas meditaciones.

El tema de Europa, la de ayer y la de mañana, podemos decir con Ortega, es enorme, tiene las más

numerosas dimensiones, pero es tan nuclear, tan jugoso, qué aun para decir sobre él lo más mínimo serían

necesarias muchas horas. Recordemos, sin embargo, la definición del filósofo. Europa no es una cosa,

sino un equilibrio.

El mapa que tenemos delante nos presenta la nueva fisonomía de África. Despedazado el Continente,

cada pieza de un color, parece un modeló de rompecabezas. Mapa con grandes clarones, mudos, sin

nombre ni los acostumbrados signos geográficos. ¿Qué significan esos vacíos? Desiertos, tal vez

intrincadas selvas, acaso extensiones inexploradas. La red de .fronteras, es en su mayor parte de trazado

muy reciente: muchos de los límites no responden a razones históricas ni aun geográficas. Han sido

fijados en repartos apresurados. No pocas de esas divisiones han sido improvisadas: las líneas deben

estremecerse como hilos de una tela de araña.

El mapa corresponde a un libro divulgador, de buena calidad tipográfica, publicado por el Banco Exterior

y Fomento de Comercio Exterior con el propósito de estimular a la producción española para impulsarla

a, la acción comercial en ese mundo que acaba de incorporarse a la vida, civilizada.

Cuesta hacerse a la idea, de que ese continente africano, tierra misteriosa e inmóvil, sin edad,

abastecedora de los parques; zoológicos, que ocultaba los últimos enigmas geográficos, se haya con-

vertido ; en un surtido de nacionalidades, con sus Gobiernos, sus Ejércitos, su organización

administrativa, sus Parlamentos y sus delegados en la O. N. U.

Sin embargo, ayer, todavía ayer; es decir, hace veinte, hace treinta años, sus mayores zonas eran tierra

desconocida, impenetrable, con sus pistas de arena o sendas entre la selva, consumida de fiebres,

aletargada por los venenos de la mosca del sueño, pasto de las termitas y archivo de todas las plagas.

Contra esos males, y para sacar a los habitantes de la barbarie, se esforzaron militares, misioneros y

técnicos europeos, a quienes África debe hoy su personalidad y su evolución.

En 1944, después de la segunda guerra mundial, había en África sólo cuatro Estados independientes:

Egipto, Liberia, Unión Sudafricana y Etiopía. En los primeros ocho meses de 1960 surgieron quince

naciones. Posteriormente nacieron otras más. El libro "África", que inspira este comentario, contiene

referencias de treinta y cinco países africanos, en su mayoría independientes; otros, en marcha hacia la

soberanía. La extensión de algunos de aquellos es quince o veinte veces mayor que la de ciertas naciones

europeas; otros se caracterizan por su pequeñez y escaso número de habitantes. La mayor superficie

corresponde a Tanganika, con 9.000.000 de kilómetros cuadrados; es decir, dieciocho veces mayor que

España; el más pequeño, Sierra Leona, tiene 80.300 kilómetros cuadrados. El país más poblado es

Nigeria, con 35.280.000 habitantes, 40 por kilómetro cuadrado, y el menos poblado, proporcionalmente,

Mauritania, que sólo cuenta 624.000 habitantes; o sea, 0,5 por kilómetro cuadrado.

Además de la importancia política del acceso de los países africanos a la categoría de naciones, reflejada

a diario en la crónica de acontecimientos internacionales, debemos considerar la importancia económica.

Muchos de esos pueblos salen de una vida primitiva, rudimentaria; empieza a cristalizar en ellos la vida

civilizada y necesitan de todo; otros par-ten de .estructuras económicas, creadas durante la colonización, y

avanzan ya por su cuenta, asesorados por técnicos extranjeros. Las antiguas colonias han reanudado su

actividad comercial con redoblado empuje. Así lo acredita el volumen de las importaciones y

exportaciones, que, por ejemplo, en un país de nómadas como Mauritania suponen 28.000 millones de

francos C. F. A. para las importaciones, y 43.750 millones para- las exportaciones, en el año 1959. En el

Congo belga—debe de ser sin Kaíanga—, estas cifras son de 24.000 y 17.000 millones, respectivamente,

de francos congoleños.

Puede decirse que África empieza ahora la explotación de sus inagotables riquezas y a abrir los mercados

de sus países, a los cuales unas estadísticas deficientes y, por tanto, incompletas atribuyen una población

entre 200 y 250 millones de habitantes.

Ese mundo en pleno hervor está a nuestras puertas, España es la nación europea más próxima al

continente africano, que brinda mil posibilidades a nuestra industria y comercio. Esa penetración requiere

facilidades para la inversión, preferencias a los exportadores, una buena red distribuidora, pues de nada

sirve producir, si faltan los medios para dar salida y encauzar los productos hacia su destino; como tantas

veces lo ha dicho nuestro ministro de Comercio. La empresa española está capacitada para esa expansión,

con grandes posibilidades de triunfo, como lo demostró en muchas ocasiones, y el año pasado en la

exposición de Bogotá.

 

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