Autor: Benazet, Henry. 
   España y el Mercado Común     
 
 Arriba.    13/02/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Opinión del mundo

España y el Mercado Coman

Por Heary BEKAZET

España acaba de pedir oficial-mente ayer su admisión en el Mercado Común. Hubiera podido presentar su

solicitud antes.

Si el Gobierno de Madrid ha tardado en llamar a la puerta de los «Seis» ha sido por sabia prudencia.

Precaria durante algún tiempo, la situación económica le desaconsejaba unirse a compañeros con bases

sólidas. Por fortuna, desde hace dos o tres años se ha reafirmado gracias sobre todo a les dos Ministros

especializados, Navarro y Ullastres, titulares, uno de Hacienda, el otro, de Comercio.

Inspirada por ellos la devaluación de la peseta en julio de 1959, debería condicionar al éxito. Hoy el

levantamiento es innegable. La estabilidad líe la moneda, hoy convertible; el equilibrio del presupuesto, la

existencia de una apreciable reserva en divisa fuerte, todo ello permite a España mirar con confianza al

futuro. Y. reclamar el puesto que le corresponde.

De todos modos, no pretende todavía incorporarse al grupo de los «Seis». Consciente de que le quedan

algunas etapas que salvar en el terreno industrial, postula simplemente «la asociación». Di-cho de otro

modo, no entrará de golpe en el Honorable organismo, como lo hará Gran Bretaña. La fórmula adoptada

al principio parece que será la unión aduanera, ya en vigor para Grecia, y en la que sueñan otras naciones

aspirantes, como Turquía, Suecia, Austria y sobre todo la Confederación Helvética.

Sin duda alguna posible, la decisión de nuestra hermana launa señala una evolución fundamental del

estado de espíritu «tras los montes».

Hasta nuestra época—sí, bajo todos los regímenes que ha conocido en el transcurso de los siglos—España

se mantenía, como Inglaterra, muy al margen de Europa.

¿Por qué motivos? ¿Su alejamiento al extremo del continente? ¿Un reto ancestral al extranjero? ¿La

voluntad de guardar intacto su propio carácter? Podrá discutirse, pero es un hecho. España practicaba un

sistema de autarquía que la condenaba a vegetar penosamente.

Ahora ha repudiado aquél pata acumular una política de apertura y de intercambio. Al favorecer la

instalación de numerosas Empresas europeas en la Península, ha mostrado su deseo de participar

activamente en la Comunidad, para la que será un precioso recluta. No solamente por la importancia de

sus exportaciones agrícolas, sino también por la influencia que continúo, ejerciendo sobre los países de la

América launa. De repente, He aquí facilitadas las negociaciones del Mercado Común con esa zona.

¡Mejor aún! Un mero laso unirá a España a naciones como ella, hostiles — desdichadamente con mucha

menos energía—al marxismo leninismo. Esperando el lazo con la OTAN, de la que sigue excluida por un

ostracismo que Butler mismo ha calificado de «vergonzoso».

(Publicado en «L´Aurore», París, 11-11-1962.)

 

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