Autor: Sanuy, Ignacio María. 
   Mercado Común, socialismo y liberalismo     
 
 Pueblo.    20/02/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

MERCADO COMÚN, SOCIALISMO Y LIEFF

YA no circulan en Europa las nociones de un liberalismo económico en estado puro ni tampoco una

ortodoxia dirigista sin ninguna flexibilidad. Las teorías se acomodan a las realidades, se acomodan

humildemente. El viejo y cruento pleito entre el dirigismo y el liberalismo ha encontrado un punto de

síntesis y armonía al configurarse la doctrina de la integración económica europea lejos de cualquier

querella doctrinal, buscando—éstas fueron las esclarecedoras palabras de Schuman— "una solidaridad de

hecho".

Se viene hablando, desde hace unos años, de la institucionalización de un Mercado-Común, tendencia que

ha tenido como réplica sin éxito la creación, a la inglesa, de una zona de libre cambio. La realidad de esta

zona de libré cambio ha sido efímera y de tan desvaídos perfiles que en el momento actual Inglaterra,

promotora de la empresa librecambista, llama a las puertas del Mercado Común no para solicitar una

asociación más o menos imprecisa, sino una adhesión de pleno derecho.

Las cosas empiezan a verse con otros ojos y con otra luz. Una luz a la que han contribuido escasamente

los puristas de ambosbandos.

Jacques Ruef, actual magistrado en el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas y una de las

mentes más esclarecidas entre los que han elaborado las líneas de fuerza de una nueva política económica,

escribía, en 1958, con agudeza y adivinación: "El Mercado institucional se distingue del Machesteriano

en el sentido de que si constituye una zona de "laisser-passer" no es en ningún modo una zona de "laisser-

faire".

El profesor López Cuesta apostilló certeramente la frase de Ruef diciendo que si bien no se abandona en

el Mercado Común Europeo ninguna de las aspiraciones legítimas del libre cambio, las soluciones, en vez

de buscarse en la ortodoxia económica, se han dirigido hacia realidades concretas con un carácter

eminentemente político. Siendo así, el espíritu del Tratado de Roma responde a lo que Justamente puede

ser considerado un dirigismo flexible, equidistante de la pureza liberal y de la planificación total. El

sentido común nos dice que no podía ser de otra manera.

No hay que olvidar que el desarrollo de la ciencia económica moderna ha permitido un acercamiento útil

de las tendencias más opuestas. Así lo señala H. Giersch, precisando que el neoliberalismo, por un lado,

admite la necesidad de toda una serie de intervenciones del Estado, y por otro lado, el socialismo

occidental reconoce, cada vez con mayor claridad, la utilidad del instrumentó; económico del mercado,

señalando, por ejemplo, que la discusión sobre la política del empleo y de la coyuntura, problema qué se

plantea en la obra ´revolucionaria de Keyiies, ha hecho hacer métodos e instrumentos de política

coyuntural que hacen previsible la posibilidad de asegurar un nivel elevado y estable del empleó en una

economía de mercado.

Pero hay más, el mismo Giersch señala que la importancia dé las oposiciones ideológicas entre los

economistas parecen menos- importantes cuando se considera la realidad económica de la Europa

occidental, donde ninguno de los dos principios enfrentados —^liberalismo y dirigismo—se realizan de

manera total. Este es el caso de países. como Alemania Federal, Bélgica e Italia, que, pese a ser

considerados países muy liberales, no están exentos de Intervenciones dirigistas.

Para tener una idea de I síntesis que se está realizando en el ámbito del Mercado Común, citaremos

algunos artículos del Tratado de Roma, suficientemente expresivos.

El artículo 92 del Tratado Se la C. E. E. contiene una prohibición general de las ayudas concedidas por

los Estados, cualquiera que sea su forma, cuando estas ayudas falseen o amenacen falsear la libre

concurrencia y dificulten él comercio entre los Estados miembros Sin embargo, este mismo articuló

contiene un Inventario de aquellas ayudas compatibles con el Mercado Común o que pueden ser con-

sideradas como compatibles. .En este inventario encontramos las ayudas de carácter social concedidas a

los consumidores individuales a condición de que estas ayudas se otorguen sin discriminación vinculada

al origen de los productos.

Una clara tendencia dirigista la encontramos en la obligación expresada en el artículo 104 del mismo

tratado, exigiéndose la práctica de una política económica que asegure un alto nivel de empleo y

asimismo asegure a cada Estado el equilibrio de su balanza global de pagos.

Desarrollando el. articulo 104, se dice textualmente en el siguiente:

"Para facilitar el cumplimiento de los objetivos enunciados en el artículo 104, los Estados miembros

coordinan sus políticas económicas. A este efecto crean una colaboración entre los servicios competentes

de sus administraciones y entre sus bancos centrales."

Es expresivo también el artículo 85 del tratado, donde se establecen las normas, dé competencia, y sé

dice; "Son incompatibles con el Mercado Común y quedan prohibidos todos los acuerdos entré empresas,

todas las resoluciones de asociación de empresas y todas las prácticas concertadas que pueden afectar al

comercio entré los Estados miembros y que tienen como finalidad o como efecto Impedir, restringir o

falsear el juego de la competencia dentro del Mercado Común y especialmente los que consisten en:

a) Fijar directa o indirectamente los precios de compra o de venta u otras condiciones de transacción.

b) Limitar o controlar la producción, la salida de los productos, el desarrollo técnico o las inversiones.

c) Repartir los mercados o las fuentes de aprovisionamiento.

d) Aplicar en las relaciones comerciales con los demás contratantes desigualdades para prestaciones

equivalentes, ocasionándoles con ello una desventaja en la competencia.

e) Subordinar la firma de contratos a la aceptación por parte de otros contratantes d« prestado n e s

suplementarias que, por su naturaleza o con arreglo á los usos del comercio, no guarden relación con el

objeto de dichos contratos:"

Los artículos señalados, elegidos entre muchos más que podrían aducirse aquí, dan idea de la

configuración armónica del tratado, que ha configurado una síntesis de posiciones antagónicas.

Convendrá señalar que los éxitos alcanzados por el Mercado Común Europeo no han acallado las críticas

más severas. Bien recientemente, en "Le Monde Diplomatique", de este mes, el profesor Angeloppulos

canta las glorias del liberalismo puro, evoca nostálgicamente el librecambismo del siglo XIX y acusa al

Mercado Común de ir contra el espíritu de las Naciones Unidas, creando una barrera exterior común, que

perjudicará a otros países europeos e hispanoamericanos.

No obstante, las puertas del Mercado Común están abiertas. El espíritu del tratado es abierto y acepta

múltiples formas de vinculación.

Parece que en este momento existe el riesgo de modificar este espíritu, y la solicitud de ingreso de

Inglaterra, como miembro de pleno derecho, así, como las solicitudes de asociación de Suiza y Austria, en

formas que quieren desgajadas de todo compromiso político, ha causado en la Asamblea Parlamentaria

Europea un fuerte impacto. Los parlamentarios se muestran a favor de la apertura, pero quieren que se

conserve en lo esencial el fundamento del tratado, evitando la creación de una especie de nueva zona de

libre cambio, que pondría en peligro el espíritu comunitario.

Ignacio María SANUY

 

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