Autor: ;Ruiz de Azúa, Victorino. 
 En busca del Euskadi perdido. 
 ¿Qué piensan los vascos?     
 
 Interviú.     Página: 75-78. Páginas: 4. Párrafos: 38. 

En busca del Euskadi perdido

LOS VASCOS

Por JOSÉ REY y VICTORINO RUIZ DE AZUA

Fotos: PEDRO ETXEBESTE

Ser patriota en el País Vasco no es tarea fácil, porque es amplio el abanico de fuerzas políticas que se reclaman tales y que, sin embargo, plantean luchas (tácticas y estrategias) convergentes en pocos puntos y diferenciadas en los más. Hemos intentado hablar con los hombres de cada una de esas fuerzas: desde el mayoritario Partido Nacionalista Vasco (PNV) a Euskadiko Ezkerra, pasando por la coalición Herri Batasuna (HB) o las tendencias minoritarias que se mueven en el seno de esos partidos. Los «abertzales» (más patriotas que nacionalistas) tienen la palabra.

El polvorín vasco está instalado sobre una compleja problemática, difícil de comparar con cualquier otra del Estado español. Las elecciones de marzo, para el Parlamento vasco, pusieron de relieve una composición electoral en la que los principales componentes son privativos de Euskadi y reflejan, de una*u otra forma, la profundidad de la diferencia vasca y de sus aspiraciones autonómicas.

En aquella ocasión, las tres fuerzas abertzales, de ámbito exclusivamente vasco, obtuvieron 592.509 votos, frente a los partidos de ámbito estatal, que sólo consiguieron 289.757. Estas últimas fuerzas políticas perdieron, respecto a anteriores consultas electorales, más de ciento cincuenta y ocho mil sufragios. Sólo Alianza Popular consiguió diez mil votos más que en votaciones anteriores.

De las tres fuerzas «abertzales» —término que debe traducirse literalmente por «patriotas», ya que el término «nacionalista» no es del agrado de los partidos de izquierda— el PNV consiguió más de trescientos cincuenta mil votos, ganando setenta y cinco mil respecto a anteriores consultas. Herri Batasuna consiguió ciento cincuenta y dos mil, y ganó dos mil quinientos, mientras Euskadiko Ezquerra obtuvo noventa mil, ganando casi diez mil. La única fuerza política cuya audiencia crece ininterrumpidamente desde las primeras elecciones democráticas, en 1977, es EE, aunque su electorado es aún relativamente modesto si se compara con el de otros dos partidos abertzales.

Pero, quizá, lo que más debe llamar la atención es el hecho de que ni HB, ni EE tienen homólogo posible en el resto del Estado español, e incluso el PNV actúa con una dinámica propia, que le diferencia con fuerza de partidos nacionalistas como Convergencia i Unió. Los partidos políticos vascos no son, desde este punto de vista, más que la representación de unos problemas únicos y particulares del País Vasco.

IMAGEN DE VIOLENCIA

«A los vascos nos huele demasiado la cabeza a pólvora», reconoce Iñaki Anasagasti, uno de los jóvenes lobos con más futuro en el Partido Nacionalista Vasco. Anasagastí, fiel

colaborador del anterior presidente del Gobierno Vasco, Leixaola, y del presidente del EBB, Arzallús, segundo portavoz del grupo mayoritario en el Parlamento de Euskadi, señala, sin embargo, que «en gran parte es culpa nuestra, porque no hemos sabido vender una imagen más racional de las aspiraciones vascas». Para el dirigente nacionalista los medios de comunicación, y sobre todo la televisión española, han fabricado una imagen del pueblo vasco a la medida de las necesidades de UCD, limitando al máximo las posibilidades de expresión del PNV y de otras fuerzas políticas «abertzales».

«La televisión sólo ha interpretado el problema vasco como una cuestión política cuando se negociaba en Madrid el Estatuto de Guernika — acusa Anasagastí— porque desde entonces Euskadi sólo ha aparecido en la pequeña pantalla para dar noticia de los atentados y la violencia». El entendimiento político de lo que ocurre en el País Vasco resulta fundamental para el PNV porque «es necesario hacerse a la idea de que lo que ocurre hoy no ha salido de la nada, sino que arranca de las guerras civiles y las leyes abolitorias de los fueros, en el siglo pasado».

Para el dirigente nacionalista «los vascos queremos hoy, igual que hemos querido siempre, la autonomía».

Esta aspiración ha calado tan hondo, asegura Anasagasti, que «si las fuerzas políticas que nunca han sido autonomistas quieren medrar, tienen que aceptarla y defenderla, reconociendo la historia propia, la personalidad y la lengua de Euskadi».

El Estatuto de Guernika puede ser la vía para solucionar los problemas de fondo «pero desde el 25 de octubre, fecha de su aprobación, no hemos avanzado nada. Tenemos el coche sin gasolina, y así no podemos movernos ni avanzar. El Gobierno de UCD parece que no se ha creído lo de la autonomía vasca, no se lo ha tomado en serio, y la inmovilización puede radicalizar las posturas de muchos vascos que confiaron en el Estatuto, tomo instrumento útil», previene Iñaki Anasagastí; y añade: «El pueblo, en Enskadi como en cualquier otro lugar, desea eficacia; no aumentar los problemas, sino resolverlos. Por desgracia, aquí hay muy pocas cosas resueltas».

¿La independencia? «Existe ese recelo, sobre todo por parte del Gobierno de Madrid —reconoce Anasagastí— y lo cierto es que el Estatuto de Autonomía deja ia puerta abierta a la profundizado!! de la autonomía, pero hablar ahora de independencia es una tomadura de pelo, un sarcasmo. A cinco años de la muerte de Franco, ha habido miles de mítines y millones de palabras, pero los vascos no tenemos apenas nada entre las manos».

CULTURA VASCA

Metido en harina, Anasagastí se lanza el tema de las bombas colocadas por ETA político-militar: «Eso sí que es contrario a la solidaridad, y por eso estamos en contra. Esa campaña de bombas va a causar daños muy importantes al Estado y a la industria turística. Lo que pasa es que esa violencia, por desgracia, no nos coge de sorpresa, como puede ocurrir en Málaga o Alicante. Aquí hay violencia todos los días, hay víctimas en Azkoitia o Amurrio, se ocupa violentamente el Parlamento Vasco o se presiona con violencia al Ayuntamiento de -Bilbao».

Anasagastí se muestra contrario a las bombas de ETA político-militar, también, porque considera que «va a tener consecuencias gravísimas contra los propios vascos, ofreciendo esa imagen lamentable de nuestro pueblo».

Para los nacionalistas, la radicalización de ETA p-m, considerada hasta ahora la ETA «buena», es francamente preocupante. «Y nos obliga a reclamar una vez más soluciones que puedan acercarnos a la paz y quitar razones a los que practican la violencia. Necesitamos competencias para las instituciones autónomas. Aun asi, que nadie piense que se va a resolver la violencia en el año ochenta. Se trata de un problema complejo, con profundas raíces y cuya solución será lenta, muy lenta».

Iñaki Anasagastí vuelve a referirse, una y otra vez, a la manipulación informativa de que se sienten víctimas los nacionalistas. «Aquí no podemos dar un paso en el terreno cultural o lingüístico sin que se nos arme un escándalo. Somos realistas. En el Parlamento catalán se habla catalán y no se ha aceptado ningún sistema de traducción simultánea.

Aquí lo primero que hemos hecho es instalar ese sistema, porque nos damos cuenta de que sólo una minoría de los diputados dominan el euskera». En Euskadi el que goza de mala salud es el euskera, y no el castellano, asegura el portavoz del PNV, porque los vascos que hablan su lengua son minoría, y muchos de ellos analfabetos. «Ni siquiera han dispuesto durante estos años de la posibilidad de leer y escribir correctamente otra cosa que el castellano. Sin embargo, a ia menor intención de poner remedio a esta situación, a la menor propuesta de actuar y tomar alguna medida, se nos está acusando de insolidarios, exclusivistas y racistas». A pesar de todo, para Iñaki Anasagasti, la cultura vasca debe conservarse y revitalizarse.

POLÍTICOS DE ALTA POLÍTICA

Mario Onaindía, el secretario general de Euskadiko Ezkerra, considera que no se puede hablar de un modelo determinado de sociedad. «Tenemos que inspirarnos en el marxismo, aunque el marxismo está en

crisis». A partir de ahí plantea el estudiar todas las teorías existentes sobre la crisis «para asimilarlas y darles unidad. En Euskadi, valiéndonos de nuestros propios medios, tenemos que hacer una serie de aportaciones y ofrecer un modelo de salida al socialismo». En definitiva, lo que Onaindía considera como el objetivo más importante a alcanzar es «una sociedad ubre y sin explotación».

Pero para alcanzar estas metas hay que dar una serie de grandes pasos previos llenos de dificultades. Hoy mismo, el secretario general de Euskadiko Ezkerra culpa al PNV de frenar el proceso democratizador. «El que el PNV —dice— formara un gobierno monocolor ha tenido incidencias negativas para Euskadi porque ha sido atrasar la solución para temas tan vitales como Navarra, la amnistía y la salida de los presos y poner soluciones a la crisis económica». Pese a todo afirma que el Estatuto de Autonomía es viable, «aunque el PNV está demostrando que no sabe qué hacer con las masas que lo respaldan, movilizándolas no se sabe contra quién». En este aspecto es defínitorio cuando afirma que «este país se está desmadrando y se está demostrando la incapacidad del PNV para dirigirlo».

Una de las salidas viables propuestas por Onaindía es crear «una opción política que tenga proyección social y cultural. Hay que lograr una cultura de izquierdas». Porque, según él, en estos momentos «los centros de decisión no están en el Parlamento» y, para justificar sus planteamientos, se remite al importante índice de abstención habido en las últimas elecciones al Parlamento Vasco: «No se trata tanto de gente que pasa de la política, de gente que ha tenido unas ilusiones políticas y que ha visto que no han sido cumplidas, sino de gente que no Ilega a la política». Y echa la culpa a los partidos políticos «que hemos estado planteando cuestiones puramente de alta política. Que si la Constitución, que si d Estatuto de Autonomía»». Para él, la lucha de clases es en la actualidad bastante más compleja y hay que buscar opciones válidas para una serie de temas como la falta de salario o la falta de empleo.

Es muy crítico respecto a la actuación de la izquierda, a la que responsabiliza de haber llevado durante la década de los años sesenta y la primera mitad de los setenta «una política puramente defensiva. Y ahí llevamos siempre las de perder». Entonces propone presentar una estrategia distinta al socialismo. «El funcionamiento de los partidos tiene que ser mucho más democrático y menos militante, algo mucho más amplio y en que se dé más importancia a la teoría, que en este país no se le ha dado nunca». De cualquier forma es optimista cuando asegura que «aquí, en un país todavía en ebullición, puede haber un avance espectacular».

CENTRALISMO OLIGÁRQUICO

Define a su partido como encuadrado en una izquierda más abierta todo lo relacionado con la cuestió nacional. «Y más abierta tambien — continúa— al tema de la represión. Una izquierda no tan obrerista y a la vez una izquierda más inmadura, que ha nacido alrededor de la lucha de ETA contra el franquismo».

Esta izquierda, según Onaindía, ha tenido una capacidad de reconversión de la que carecen los partidos nuevos que han surgido en el Estado español. «Sucede que no han sabido amoldarse a la nueva situación política consecuencia de que el dictador muriera en la cama. Han sufrido una serie de crisis crónicas que motivaron que su peso social haya desaparecido».

«El centralismo y un importante número de instituciones suyas están al servicio de la oligarquía», comienza diciendo cuando se aborda el tema nacional. «En Euskadi hay que partir de que existe una lucha anticentralista que es muy vieja: comienza por lo menos en 1714», explica al respecto, afirmando seguidamente que «aquí hay un movimiento político de masas muy amplio identificable con la creación de un Estado Vasco soberano».

TODO EN EL MISMO SACO

La violencia existente en Euskadi es un tema que no se comprende en sus justos términos en el resto del Estado porque los ciudadanos españoles han tenido una experiencia política muy distinta. Un dato claro es que durante la época franquista no cuajó en todo el Estdo ninguna organización que practicara la lucha

Tinada. Onaindía lo explica asi: «En Euskadi el peso de la lucha contra la dictadura lo llevaron organizaciones políticas que practicaban la lucha armada. Y la nueva izquierda, que aquí cuajó profundamente, ha estado relacionado con la violencia y la lucha armada».

Sin embargo quiere distinguir la estrategia que hay detrás de esa violencia: «Nosotros valoramos muy distintamente entre lo que pueden ser las Brigadas Rojas o ETA militar. Estos se consideran máximos responsables del pueblo y de la clase obrera y ven como enemigos suyos a los que denominan partidos reformistas. Pero de hecho también valoramos otra estrategia, que no se está aplicando en ningún otro país de Europa y que se da en Euskadi. Me refiero a ETA político-militar, en que ellos se sienten parte de un sector del pueblo vasco y que tratan de defender las mismas reivindicaciones por las que se posicionan partidos políticos más amplios». Lamenta que en el resto del Estado estas distinciones no se las tomen muy en serio porque «tratan de meter todo en el mismo saco».

Otro aspecto conflictivo que ofrece Euskadi es el de la incorporación de Navarra. Onaindía reclama claramente que «el proceso de liberación de Euskadi, que es infrenable, se haga de una forma muy democrática con el protagonismo de las masas y teniendo muy en cuenta la voluntad popular». A partir de ahí Onaindía dice que el tema es fácil de resolver «si los partidos políticos mayoritarios en Navarra aceptan el derecho democrático de los navarros a decidir libremente si desean integrarse en la comunidad autónoma vasca o no». Desde ese instante, y sea cual fuere el resultado del referéndum, «se habría avanzado bastante en la clarificación y racionalización política de Euskadi».

Respecto a esto afirma tajantemente que «todos los grupos políticos españoles, desde la extrema derecha a la extrema izquierda, están de acuerdo en reivindicar Gibraltar. Pues para nosotros el asunto Navarra es infinitamente más importante que el tema Gibraltar».

Miles y miles de vascos han recorrido y recorren las calles reclamando amnistía para los presos. Mario Onaindía examina la cuestión con una perspectiva didáctica: «Las fuerzas políticas del Estado español y, por tanto, la mayoría de los ciudadanos, consideran que el 15 de junio llegó la democracia a España. Pero ese 15 de junio todavía no, ha llegado a Euskadi».

Explica cómo en el proceso constituyente español fueron marginadas las fuerzas vascas, lo que provocó que la Constitución fuera rechazada el 6 de diciembre de 1978 de forma clara y contundente, pese a que al comenzar el periodo constituyente español se dio libertad a los presos políticos. Por eso opina que «la culminación del proceso autonómico vasco, que está regulado por el Estatuto de Guernika, debería concluir con otra amnistía».

«El que puedan regresar los exiliados y salir los presos sería una medida de justicia, pero fundamentalmente sería una medida política muy inteligente, de hacer cruz y raya. A partir de ahí habría que resolver los problemas políticos nacionales más importantes porque tenemos trabajo para rato con las competencias que recoge el Estatuto de Autonomía. Entre otras cosas, poner en marcha el país y poner en marcha la democracia», concluye el secretario general de Euskadiko Ezkerra.

 

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