Empresario vasco rechaza el chantaje etarra     
 
 Diario 16.    29/04/1980.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

Empresario vasco rechaza el chantaje etarra

San Sebastián — El empresario vasco Juan Alcorta Maíz ha plantado cara al «impuesto revolucionario» de la organización terrorista ETA, rechazando públicamente este tipo de chantaje. Alcorta Maíz es presidente del Banco Industrial de Guipúzcoa y de las empresas Koipe y Savin-Bodegas Campo Viejo.

En una carta dirigida a los periódicos de Euskadi, Alcorta, al parecer simpatizante del PNV, y que se encuentra bajo la amenaza de muerte de ETA, anuncia que no pagará el impuesto revolucionario que se le reclama y que seguirá haciendo su vida normal.

NACIONAL

Industrial vasco desafía públicamente a ETA no pagando el impuesto revolucionario

Por primera vez un industrial vasco, Juan Alcorta Maíz, ha hecho pública su postura de no pagar el «impuesto revolucionario» a ETA y desafía a la organización terrorista anunciando que no variará su forma de vida, según denuncia en una carta enviada a los medios de comunicación vascos.

Alcorta Maíz es presidente del Banco Industrial de Guipúzcoa y de las empresas vinícolas Coipe, Savin y Bodegas Campo Viejo.

La carta dice textualmente:

«Como tantos conciudadanos de la más variada clase y condición he recibido la carta de ETA exigiéndome, bajo amenaza de muerte, el pago de lo que ellos consideran «impuesto revolucionario».

Antes que ninguna otra, la primera sensación que me ha producido ha sido una profunda amargura. La amargura de una persona que se siente víctima de una grave injusticia. –

Peco no termina ahi lo angustioso de esta situación, puesto que esta amargura se agrava con la impresión de impotencia e indefensión en que uno se encuentra.

Me rebela la idea de tener que pagar para salvar la vida, de ceder al miedo absoluto de morir. No soy un héroe, no quiero serlo. Sé que con esta decisión pongo en peligro los años que me puedan quedar de vida.

Pero hay algo en mi conciencia, en mi manera de ser, que prefiero cualquier cosa que ceder a un chantaje, que está destruyendo a mi tierra, a mi pueblo y a mi gente.

«No quiero ser cobarde»

Siempre hemos dicho que los vascos no somos cobardes. Entre las cualidades negativas que tenemos (que las tenemos) pienso que no está la cobardía, y como buen vasco, no quiero ser cobarde.

Tengo cuatro alternativas ante la amenaza, que queda recogida literalmente en el párrafo que copio dé la carta de ETA: ¡Así, pues, antes del 22 del presente mes de abril, deberá tomar contacto con el señor XX en los medios vascos de San Juan de Luz, Biarritz o Bayona, a quien hará entrega de 20 millones de pesetas en billetes usados de numeración discontinua, o eri su defecto en francos franceses el equivalente a la cantidad. Si no hace la entrega en el plazo fijado, le buscaremos hasta ejecutarle."

Las alternativas que me quedan son: primera, pagar y seguir viviendo por ahora;

segunda, negociar, rogar, y conseguir un descuento a través de los intermediarios; tercera; escapar y huir; cuarta, no pagar, no negociar, no huir, y seguir viviendo (mucho o poco, no lo sé), aunque con innegable angustia, evidentemente.

Yo me he decidido por la cuarta, pero he decidido algo más: hacer pública mi actitud, y con esta finalidad me dirijo a los periódicos vascos.

ETA, el problema más grave

Pienso que, a cambio de mi delicada situación, puedo prestar un servicio a Euskadi. No creo que pueda considerarse esto una petulancia por mi parte, ni que trate de convertir en público un problema personal, ya que es perfectamente sabido que esta situación ha alcanzado ya a varios millares de vascos.

Es esto lo que me ha hecho pensar que estamos ante un problema público y, además, de extrema gravedad. Yo diría que es la actuación de ETA el problema más grave que tiene planteado el pueblo vasco, al que pertenezco por toda clase de títulos, y al que quiero entrañablemente.

Y ante un problema de esta naturaleza, creo que hace falta algo más que el silencio de las víctimas y la inhibición de los demás.

Por supuesto, respeto al máximo todas las actitudes personales de cuantos han optado por cualquiera de las otras alternativas, pero me resulta más difícil de comprender la inhibición de toda una comunidad ante un problema tan grave y cada vez más extendido.

No puedo pensar que el pueblo vasco esté contemplando pasivamente la proliferación de este sistema de extorsión por una colectiva cobardía. Creo, que esta inhibición es consecuencia de una falta de orientación. Efectivamente, en la solución de este problema, de raíces tan profundas, debe colaborar toda la comunidad, pero para ello debe ser adecuadamente orientada y dirigida.

Y yo me atrevería a decir que no solamente no está orientada adecuadamente, sino que está siendo desorientada. Pienso que al pueblo vasco se le tiene distraído con problemas de segundo orden, sin que ignora que existen otros graves y de difícil solución. No quiero caer en la presunción de dar lecciones a nadie, por lo que me limito a poner de manifiesto mi preocupación. Confío en que la constitución del Parlamento y" del Gobierno vasco sirva para hacer frente a estos problemas adecuadamente. Que así sea.

En cuanto al contenido de la carta que he recibido, casi no merece ni comentario. La única acusación que en ella se me hace es la de ser un burgués. Será así, si ETA lo dice, lo que en mi opinión no constituye ningún delito. En cualquier caso, esa presunta burguesía no parece .que se me ha subido a la cabeza. Sigo teniendo los mismos amigos fle hace treinta años, y mis hijos, que han conocido previamente esta carta, viven igual que cualquiera de mis empleados.

No soy yo quién para hacer una valoración de mi personalidad. Sólo diré que he vivido fundamentalmente dedicado al trabajo y quienes me conocen puedan dar testimonio de ello, porque el empresario, al menos el auténtico, trabajo, pienso, como el que más. Es curioso, sin embargo, que quienes me dirigen esta carta, después de formular una acusación "tan grave" como la de ser un burgués, en lugar de imponerme un

castigo, saquen la consecuencia de que debo purgar mi delito dándoles dinero a ellos. No entiendo esta forma de administrar justicia y, por supuesto, terminan diciendo que si no entrego el dinero, seré buscado y ejecutado, pasando una fecha que ya ha vencido, o sea, que ponen precio a mi derecho a vivir y tengo que comprarlo.

«Seguiré como he vivido siempre»

ETA: Seguiré viviendo como he vivido siempre. Me veréis en las empresas en las que soy responsable.

Me veréis en Atocha, aplaudiendo a la Real, me veréis en algún partido de pelota, me veréis en alguna sociedad popular cenando, feliz, con mis amigos; eso sí, quizá con un gesto de tristeza y de cansancio que hasta ahora no tenía. Eso ya lo habéis conseguido.

Así pues, no tendréis necesidad de buscarme, como decís en la carta, pienso que debo seguir mi vida normal, por lo que, quizá, y desgraciadamente para mí, os va a ser muy fácil el encontrarme. Permitidme que me despida de vosotros sin odio, sin rencor, con el deseo de que seáis algún día parte de un pueblo auténtico y desveres sin miedo vuestros rostros. Pese a mis angustias, sigo teniendo fe en el futuro del pueblo vasco. Yo seguiré poniendo piedra sobre piedra en el edificio común •mientras tenga vida, y si me la quitáis, que Dios os perdone.»

Es la primera vez que un industrial vasco reacciona enviando una carta abierta a la prensa, negándose a pagar el «impuesto revolucionario», y aceptando las consecuencias de su postura.

Al parecer, Juan Alcorta Maíz tiene ideología próxima al Partido Nacionalista Vasco (PNV).

 

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