Hidalga valentía     
 
 Diario 16.    29/04/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Hidalga valentía

Si la hidalga valentía cívica y moral de Juan Alcorta Maíz, el empresario vasco amenazado de muerte por ETA que se ha negado a pagar el impuesto revolucionario exigido como precio a su derecho a vivir, cundiera en Euskadi el terrorismo tendría que darse por vencido.

ETA vive del prestigio del terror, aunque tenga su explicación histórica en los errores de la pasada dictadura y en otras muchas torpezas y equivocaciones del sistema y de las fuerzas políticas que ahora configuran la realidad política vasca.

En este caso un empresario, que se considera a sí mismo un trabajador más, en carta a todos los vascos, a todos los españoles, expone los sentimientos de profunda amargura que le embargas como víctima de tan grave injusticia y transmite la impresión de impotencia e indefensión en que se encuentra.

Analiza las alternativas frente a la amenaza de muerte, tantas veces cumplida ya por ETA sobre empresarios, trabajadores, ciudadanos cualesquiera que no se han plegado a sus exigencias, y las resume en cuatro: pagar, negociar, huir o seguir viviendo como hasta ahora. Esta última es la elegida por Juan Alcorta Maíz, cuya respuesta a ETA no puede leerse sin emoción: «Seguiré viviendo como he vivido siempre, me veréis en las empresas en las que soy responsable, me veréis en Atocha aplaudiendo a la Real, me veréis en alguna sociedad popular cenando con mis amigos, no tendréis necesidad de buscarme.»

Y quien asume este comportamiento descarta para sí mismo la condición de héroe, pero declara que le rebela la idea de tener que pagar para salvar la vida, de ceder al miedo absoluto de morir y afirma que prefiere cualquier cosa que ceder a un chantaje, que está destruyendo su tierra, su pueblo y su gente.

Juan Alcorta Maíz es consciente de que su actitud le coloca en una muy delicada situación, pero piensa que a cambio puede prestar un servicio a Euskadi. Su diagnóstico de que ETA es el problema más grave que tiene planteado el pueblo vasco le lleva a propuganar que «hace falta algo más que el silencio de las víctimas y la inhibición de los demás para darle solución».

Como buen vasco, Juan Alcorta Maíz no quiere ser cobarde, le resulta difícil comprender la inhibición de toda una comunidad ante un problema tan grave, cada vez más extendido, y no puede pensar que el pueblo contemple pasivamente cómo prolifera este sistema de extorsión basado en una cobardía.

Cuando el terrorismo sigue cobrándose sangre Insaciablemente —los asesinatos de ayer forman un nuevo eslabón—, actitudes como la de Juan Alcorta Maíz se hacen acreedoras a la estima social de los vascos y españoles todos.

Es en Vasconia donde el terrorismo tiene abierta la confrontación más grave y decisiva que amenaza de ruina la joven democracia española. Son las actitudes de vascos y españoles, como este empresario de hoy, la clave de la recuperación moral y la respuesta cívica que debe cundir si queremos paralizar el terror etarra que impone su ley asesina.

Generar y estimular esas actitudes, darles el debido respaldo, difundirlas como modelo social de conducta, es la tarea primordial de cualquier Gobierno que busque librar a los vascos del chantaje presente. Hay unos deberes sociales que no pueden traicionarse si no queremos que las realidades ignoradas se tomen su venganza a costa de todos. Partidos, centrales, Gobierno vasco, amigos todos de Juan Alcorta Maíz: ¡No podéis dejarlo solo!

 

< Volver