Autor: Barbero, David. 
   Pastoral de los obispos vascos contra la violencia     
 
 Informaciones.    16/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PASTORAL DE LOS OBISPOS VASCOS CONTRA LA VIOLENCIA

BILBAO, 16 (INFORMACIONES, por David Barbero).—

LOS obispos de Pamplona.´Tudela, Bilbao, San Sebastián y Vitoria, han escrito una carta pastoral con el título: "Ante la actual situación de videncia: una llamada a la paz." El documento tiene una introducción, en la que señala el sentido de la pastoral, y dos partes, una dedicada a describir y analizar las diferentes formas en que se manifiesta la violencia entre nosotros, y una segunda, que es una reflexión cristiana sobre este grave problema.

En la introducción de los obispos, entre otras cosas, afirman: "En toda hipótesis, sea lo que fuere la, legitimidad de los fines que se persiguen, sentimos el deber de deciros a todos: Que la violencia, sobre todo, la que atenta contra la vida de los hermanos —no puede legitimarse y que es preciso arbitrar fórmulas y trabajar conjuntamente para asegurar la paz y la justicia en nuestra vida social."

Entre los signos de violencia que señalan los obispas figuran las muertes violentas, él contagio del ánimo violento, la agresión a la integridad de las personas, la deformación de la verdad, el rechazo de los cauces de participación, la violencia en las relaciones laborales y la invasión de la pornografía.

ASUMIR EL PROPIO DEBER

"Ante estos hechos y otros semejantes, querríamos ayudar a todos y particularmente a los dirigentes de los grupos políticos sociales a buscar los caminos de la verdadera paz y progreso comunitario. Cada uno ha de asumir así su propio deber cara a un futuro que entre todos debemos hacer. "Nosotros mismos, señalan los obispos más adelante, nos preguntamos muchas veces con inquietud qué podríamos hacer desde nuestra condición de pastores para la extirpación de la violencia y para colaborar eficazmente en la progresiva pacificación de nuestro pueblo. Estamos dispuestos a cualquier servicio y sacrificio en orden a posibilitar una paz que es necesidad urgente y anhelo general de los ciudadanos."

En la segunda parte del documento los obispos analizan el cambio profundo que se está dando entre nosotros y que en el fondo supone el paso hacia un hombre nuevo para una sociedad nueva. Afirman que nadie puede tener la pretensión de imponer a los demás lo que cree ser el fruto de Justicia y libertad del pueblo. Debe respetarse el clima de libertad necesario para que no haya imposiciones colectivas de nadie. A continuación, el documento expresa su preocupación por "quienes sintiéndose cristianos, no llegan a deducir de su fe cristiana la firmeza de unas convicciones prácticas necesarias para poder enfrentarse con la realidad que nos toca vivir". Tras hacer una petición a los creyentes y a los hombres de buena voluntad "a adherirse a unos principios morales que den solidez y consistencia a su vida y a su conducta" y recordar que el carácter dinámico, lleno de tensiones y aun de conflictos, es propio de toda sociedad particularmente en épocas de cambio". El documento termina con una llamada a la esperanza.

 

< Volver