España y el Mercado Común. 
 No se debe desdeñar el camino que para la integración abre el artículo 113, que establece la posibilidad de acuerdos comerciales del M. C. con terceros países  :   
 En este caso, la "Comisión presenta sus recomendaciones al Consejo, que le autoriza para abrir las negociaciones necesarias". 
 ABC.    20/03/1964.  Página: 55. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MADRID, VIERNES 20 DE MARZO DE 1964 - EJEMPLAR DOS PESETAS

ABC

ESPAÑA Y EL MERCADO COMUN

NO SE BEBE DESDEÑAR EL CAMINO QUE PARA LA INTEGRACIÓN ABRE EL ARTÍCULO

113, QUE ESTABLECE LA POSIBILIDAD DE ACUERDOS COMERCIALES DEL M. C. CON

TERCEROS PAÍSES

En este caso, "la Comisión presenta sus recomendaciones al Consejo, que le autoriza para abrir las

negociaciones necesarias"´

Madrid. (De nuestra Redacción.) La importancia que puede tener para España la próxima reunión del

Consejo de Ministros de la Comunidad Europea hace sumamente interesante un examen de los diversos

caminos que el Tratado de Roma ha previsto en su amplia redacción para establecer nuevas relaciones

con países interesados en ese proceso integracionista que vive la moderna economía internacional, inserta

sobre grandes mercados, sólo posibles después del establecimiento de una progresiva libertad comercial

en el área del con España solicitó el 9 de febrero de 1963 que el Consejo de Ministros de la C. E. E.

examinase su instancia de asociación "con vistas a una ulterior adhesión", reiterando su petición el último

17 de febrero de 1964. Dos solicitudes que insisten en el deseo español de participar de una manera o de

otra en la gran operación de osmosis que recorre en estos tiempos el viejo territorio continental, cuya

compartimentación aduanera se convierte progresivamente en un imagen arcaica de épocas, según parece,

caducadas.

El Tratado de Roma establece tres caminos diferentes, pero progresivamente integracionistas, a los países

que solicitan su inclusión en el espacio económico del Mercado Común. El artículo 237, el 238 y el 113

reglamentan de manera bastante clara, este triple acceso a !a ciudad de la Comunidad Económica

Europea. El estudio de este tríptico de posibilidades merece cierta atención.

El artículo 237 dice: "Todo Estado europeo puede solicitar convertirse en miembro de la Comunidad. El

Estado debe dirigir su petición al Consejo, el cual, despues de haber tomado en consideración el criterio

de la Comisión, se pronuncia a la unanimidad." Es el camino de la adhesión pura y simple, de un Estado

que no tenga ningún inconveniente económico ni político, para asociarse a las tareas del Mercado Común.

Es el camino que hubiese querido tomar Inglaterra para convertirse en miembro con todos los derechos

del gran club europeo, aceptando todas las obligaciones aduaneras, comerciales y económicas de la

integración, sin solicitar ningún procedimiento especial de adaptación. Diríamos que es la linea recta para

alcanzar el Mercado Común.

El segundo camino lo reglamenta el artículo 238, que dice: "La Comunidad puede concluir con un tercer

Estado, una Unión de Estados o una Organización internacional, acuerdos que establezcan una asociación

caracterizada por derechos y obligaciones recíprocas, acciones en común y relaciones particulares." Este

sistema de la "asociación" es el que han empleado diversos países que, por mil razones diferentes, no se

consideraban en condiciones de soportar el impacto que representa un súbito desarme aduanero, o bien

aquellos otros países que por razones políticas no querían ligar su suerte totalmente a la Comunidad

Económica Europea.

Hay, por lo tanto, dos clases de "asociados". Los "asociados" que tropiezan con dificultades técnicas para

encajar su economía en la hora competencia comercial del desarme aduanero y los "asociados"

que estando en condiciones de realizar económicamente la integración, sienten ciertos recelos ante la

posible y anunciada unión política, que debe establecerse al final del proceso de integración europea que

representa el Mercado Común.

En el primer grupo—los que llamaremos "asociados" con impedimentos económicos—figuran Grecia y

Turquía. En el segundo grupo los aspirantes con impedimentos políticos—se cuentan los "neutros" de

Europa, que gozan de un alto desarrollo económico, como Suiza, Suecia y Austria, Hay, por lo tanto, dos

motivos para seguir los caminos del artículo 238, que, si bien permite al Estado corre s p o n-diente tener

un acceso a una parte de las ventajas del desarme aduanero, de libertad comercial y apoyo económico,

que establecen los reglamentos de la Comunidad Económica Europea, deja al "asociado" al margen de las

d e 1 i b e raciones esenciales del Mercado Común convertido en miembro sin voto, carente de la plenitud

de derechos en el interior del Organismo paneuropeo. El "asociado" es un miembro con menos deberes y,

por lo tanto, con menos derechos, que el "adherido" y puede entenderse este estado intermedio como una

fase transitoria que conduce a la total adhesión, cuando se trata de un asociado con inconvenientes

económicos, como ha sido el caso de Grecia y de Turquía, o de un asociado que voluntariamente renuncia

a la total adhesión, como los suizos, los suecos y los austríacos por razones puramente políticas nacidas

de un estricto y muy discutible sentimiento de la neutralidad. La carta española de 9 de febrero de 1962

solicitaba la inclusión de España en este escalón .de la "asociación" preparatorio de la "adhesión" por

razones puramente económicas, ya que desde un punto de vista sentimental, España participa de todo

corazón en la defensa política y militar del mundo occidental, sin reservas de ningún género. España no se

anda con remilgos "neutralistas".

Pero queda un tercer camino, que no es ni la "adhesión" prevista por el artículo 237 ni la "asociación"

prevista por el artículo 238, sino el simple establecimiento de acuerdos comerciales entre la Comunidad y

un tercer país, que reglamenta el párrafo tercero del artículo 113, que dice: "Si deben ser nesrociados

acuerdos con terceros países, la Comisión presenta sus recomendaciones al Consejo, que le autoriza para

abrir las negociaciones necesarias." Estos acuerdos comerciales carecen de toda reglamentación política y

constituyen un camino ciertamente subalterno, pero no por eso inútil.—y nos permitimos insistir en

esto—, de preservar el comercio de determinados productos entre el país que sufre algunas dificultades

por el desarme aduanero de los miembros del Mercado Común y los miembros_ de la Comunidad

Económica Europea. Sistema que el G. A. T. T. ha reducido lógicamente a una importancia secundaria,

puesto que las reglas del propio G. A. T. T. inwiiSen un trato desigual entre todos sus miembros, pero que

quizá pueda entenderse moral y materialmente como una espetíe de "preasociación" que ciertas rigideces

doctrinales, algunos rencores personales y muchos intereses internacionales convierten en sumamente

necesaria. España, qus ha solicitado la "asociación", basada en el artículo 238, podría considerar

interesante en su marcha de aproximación a la Comunidad Económica Europea el ensayo—al menos

provisional—de este camino que el artículo 113 le ofrece, sin que toda la conjuración política que

maquina contra las futuras negociaciones pudiesen oponer entonces una sola razón para sabotear nuestros

legítimos intereses.

 

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