Autor: López de la Torre, Salvador. 
 Nuevo aplazamiento en Bruselas. 
 Frente al criterio de Francia, Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, la posición de la República Italiana obliga a aplazar la respuesta de los "seis" a España  :   
 Nuestro gobierno solicitó la iniciación de "conversaciones exploratorias" el 17 de febrero de 1964 en relación con la petición española de asociación de 1962.. 
 ABC.    26/03/1964.  Página: 33-34. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

Mercado Común

NUEVO APLAZAMIENTO ES BRUSELAS FRENTE AL CRITERIO DE FRANCIA, ALEMANIA,

BÉLGICA, HOLANDA Y LUXEMBURGO, LA POSICIÓN DE LA REPÚBLICA ITALIANA

OBLIGA A APLAZAR LA RESPUESTA DE LOS «SEIS» A ESPAÑA

Nuestro Gobierno solicitó la iniciación de "conversaciones exploratorias" el 17 de febrero de 1964 en

relación con la petición española de asociación de 1962

Bruselas 25. (Crónica de nuestro redactor, enviado especia1, por "telex".) Bajo ese velo de neb1ina y

lluvia que compone el toldo tradicional de Bruselas fueron llegando al Palacio del Congreso los miembros

del Consejo de la Comunidad Económica Europea. Pero no todos, y aquí conviene empezar el análisis de

una jornada, donde, en realidad, no ha pasado nada, después de haberse anunciado como particularmente

importante. Faltaban dos ministros de Asuntos Exteriores, los de Italia y Holanda—Saragat y Luns—, que

tienen sobre el problema de las relaciones entre España y el Mercado Común ideas propias. Luns, el

ministro holandés, había confiado su representación al secretario de Estado, De Block; pero el ministro

italiano, Saragat, era representado por su embajador en Bruselas, lo cual significaba que sería sumamente

difícil tomar una decisión en ausencia del ministro que sostiene sobre nuestro caso una posición más

tajante, y, por decirlo todo, aislada. Así la reunión comenzó con la ausencia de una "vedette" de peso y

podía descartarse desde el comienzo una resolución concreta a la solicitud española. Pero conviene

estudiar las cosas minuciosamente. Hoy, en el Consejo de ministros del Mercado Común, se debatían, en

relación con España, dos cuestiones que debemos examinar por separado. Por un lado, el hecho mismo de

contestar a la carta española del 17 de febrero de 1964, solicitando la apertura de "conversaciones

exploratorias". En segundo lugar, el sentido y el tono de dicha respuesta. En realidad, las dos cuestiones

constituían dos debates independientes. Vayamos con el primero. ¿Había que responder o no responder a

la solicitud española? Dos tesis se enfrentaban en el salón del Consejo. Por un lado, cinco países —

Francia, Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo—que consideraban imprescindible contestar a una

carta de un Gobierno con el que se sostienen excelentes relaciones diplomáticas. Pero contra esta

posición, Italia defendía una tesis ya expuesta por Saragat en diversas ocasiones y especialmente ante el

Parlamento europeo el último mes de febrero, que puede resumirse brevemente, y, sobre todo, añadir que

"oficialmente" no hay en ella ningún elemento político, Lo que oculte en sus secretos subterráneos no es

asunto nuestro revelarlo aquí y ahora. Basta con decir que Italia es partidaria de aplazar—insisto en la

palabra, porque tiene importancia—toda conversación o negociación con países terceros que desean

establecer una relación con el Mercado Común, hasta que no se fije por el Mercado Común esa "doctrina

de la asociación", cuya carencia representa uno de los más graves fallos de la Comunidad Económica

Europea. Italia pretende que la Comunidad diga primero exactamente lo que significa la "asociación", una

cosa cuya definición en el artículo 238 del Tratado de Roma es un puro acertijo. Palabras vagas, frases de

sentido ambivalente, gramática gaseosa. La posición italiana es pedir que primero se sepa lo que es la

asociación y después se decida si un país puede incluirse bajo esa etiqueta, o, sobre otra, vagamente

emparentada. La respuesta a esta tesis italiana fu negativa por partido quíntuple: ni Francia, ni Alemania,

ni Bélgica, ni Holanda, ni Luxemburgo consideraban que era preciso esperar al parto de tan complicada

"filosofía de la asociación" para contestar a un país que sufre con la existencia de un comercio

preferencial instalado en el corazón de Europa. Así, la primera cuestión quedó resuelta a favor de los que

defendían el principio de la respuesta; faltaba la segunda cuestión. Puesto que se pensaba responder,

según la aplastante mayoría del Consejo, ¿cuál sería el sentido y el tono de la contestación? Sobre este

capítulo había también opiniones diferentes. Por un lado, la de Francia y de Alemania, que consideran

inútil toda precisión en la respuesta, puesto que lo que España pide es un "medio" de comunicación con el

Mercado Común a través del cual pueda exponer sus problemas, sin especificar el desenlace de tales

conversaciones. Frente a esta tesis, los belgas, holandeses y luxemburgueses sostienen que es necesario

fijar en la respuesta el cuadro en que las conversaciones exploratorias deberán desarrollarse y el objetivo

que pretenden. Dejando aparte la orientación nacional de cada representación sobre un asunto del que

sería ridículo decir que los seis miembros del Mercado Común tiene opiniones homogéneas, lo que se

discutía en esa segunda fase del debate era la exactitud gramatical o la fluidez de redacción de una

respuesta que puede condicionar el destino de las conversaciones antes de iniciarse, o dejar que ése

mismo destino se vaya marcando cuando todo el mundo sepa exactamente cuáles son las dificultades

españolas y nuestras aspiraciones.

La solución de esta disputa ha sido la de encargar a M. Spaak la redacción de un proyecto de carta de

respuesta, que los seis ministros discutirán en el próximo Consejo, a mediados de abril, suponiendo que

Italia, de aquí a entonces, no sostenga con la formalidad de un veto la tesis de estudiar la "filosofía de la

asociación" antes de discutir ninguna nueva relación. Si Italia no ejerce su derecho de veto sobre una

decisión que debe ser tomada por unanimidad, entonces los seis ministros discutirán sobre él texto

preparado por Spaak, que recogerá, según nos decía a la salida del salón de sesiones, lógicamente, su

conocido punto de vista sobre el particular.

Todo queda, por lo tanto, aplazado hasta abril, y Spaak debe encontrar una redacción que satisfaga a

quienes consideran, como Francia y Alemania, que el hecho de comenzar las "conversaciones explorato-

rias" solicitadas por España no debe ir unido al establecimiento previo de un cuadro rígido, en el interior

del cual desarrollar los debates hispano-europeos y también dejar contentos a los defensores de las tesis

que consideran imprescindible encasillar la discusión antes de abrirla en determinada dirección y con

determinados cauces reglamentistas. Spaak responderá a la carta española del 9 de febrero de 1962, ya

que considera la reiteración de ella como una simple prolongación. Y la responderá porque fue el

destinatario de la segunda carta.—Salvador LÓPEZ DE LA TORRE.

 

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