Autor: López de la Torre, Salvador. 
 Bruselas. 
 La oposición italiana al ingreso de España en el Mercado Común ni es permanente ni será duradera  :   
 En los medios belgas se destaca que el aplazamiento del debate no tiene ningún sinificado especial. El balance hasta ahora puede considerarse altamente positivo.. 
 ABC.    27/03/1964.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. VIERNES 27 DE MARZO DE 1964. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 33

BRUSELAS

LA OPOSICIÓN ITALIANA AL INGRESO DE ESPAÑA EN EL MERCADO COMÚN NI ES

PERMANENTE NI SERA DURADERA

En los medios belgas se destaca que el aplazamiento del debate no tiene ningún significado especial

EL BALANCE HASTA AHORA PUEDE CONSIDERARSE ALTAMENTE POSITIVO

Bruselas 26. (Crónica de nuestro redactor, enviado especial.) Las primeras reacciones belgas y de los

círculos del Mercado Común ante el aplazamiento de la respuesta de la Comunidad Económica Europea a

la solicitud española ofrecen una completa identidad, por la sencilla razón de que las cosas que pasaron

ayer en el palacio del Congreso tenían una sola y simple interpretación: el debate entre las distintas

doctrinas que existen en el interior del Mercado Común sobre el establecimiento de "alguna" relación

entre la Comunidad Económica Europea y España queda aplazada hasta el próximo Consejo de Ministros,

y ese aplazamiento no tiene en sí mismo ningún significado. Esta vez, por lo menos, las palabras hay que

entenderlas textualmente en su más directo y primer sentido.

"Aplazamiento" quiere decir lo que quiere decir, sin necesidad de buscarle resonancias maquiavélicas a

una decisión que todo el mundo interpreta aquí rectamente. Estamos donde estábamos; es decir, en el

punto cero, sin haber ganado ciertamente, pero tampoco sin haber perdido. Y todas las versiones

alarmistas, malhumoradas o simplemente impacientes son tan falsas como lo serían las entusiastas.

Desde un punto de vista español, parece legítimo decir, sin embargo, que se ha conseguido un sensible

progreso con el simple hecho de que la Comunidad se plantee por primera vez oficialmente nuestra

solicitud de entablar "conversaciones exploratorias" y que durante dos horas discutan los ministros sobre

ella y hayan tomado la decisión de encargar a M. Spaak la redacción de una carta de respuesta. No hay

que olvidar que nuestra primera carta al Mercado Común tiene algo más de dos años, y durante_ este

tiempo la Comunidad no había tenido tiempo—ni probablemente ganas—de ocuparse del "dossier"

español. Que hablen sobre nosotros y que prometan responder ya representa un progreso respecto al

glacial silencio anterior desde todos los puntos de vista. España ha preparado un Plan de Desarrollo para

los próximos cuatro años y necesita conocer sin vaguedades cuál es la postura europea respecto a

nosotros. Una planificación está claro que no puede realizarse sobre incógnitas.

Pero aunque ya la clarificación que se anuncia bastante próxima sea un adelanto, también conviene

añadir que las cosas han evolucionado favorablemente para España en estos últimos tiempos de manera

muy perceptible. Hay, ciertamente, un clima comprensivo y bienhumorado hacia nosotros que por

desgracia no existía antes, y convendría añadir, porque es la pura justicia, que esta evolución se debe a la

eficacia, la tenacidad y la nobleza con que nuestros representantes diplomáticos en Bruse-las han

maniobrado desde hace mucho tiempo. A título personal, puedo añadir que el tono de lenguaje que yo

encontraba aquí, en medios donde no se sentía ninguna simpatía por España, hace un año, se ha tvans-;

formado radicalmente. Y no hace falta decir que semejante metamorfosis no se ha producido por

generación espontánea. Que aquí también, como en tantas otras partes, la diplomacia española ha sabido

trabajar con tanta habilidad como gallardía.

Ahora bien, cometeríamos un gravísimo error pensando que en el interior del Mercado Común no existen

colosales intereses dispuestos a sabotear en lo posible cualquier relación entre España y la Comunidad

Económica Europea, dejando aparte ahora todos los rencores políticos que también juegan en el proceso.

Ciñéndonos exclusivamente a los intereses, está claro que Italia siente como una amenaza potencial de

primera magnitud la posibilidad de que las naranjas españolas compitan con las suyas en igualdad de

condiciones sobre las plazas europeas. Sobre todo cuando todas las ampliaciones del Mercado Común —

Grecia, Turquía, proyectos de relación con Argelia, Túnez y Marruecos, futura ne-gociacién española—se

realizan en la cuenca mediterránea con países productores de frutos directamente competidores de los

italianos.

El Mercado Común sufre un crecimiento asimétrico, reducido a extenderse hacia el Sur, sin haber hecho

adelantar su frontera Norte en un sólo metro sobre países industriales, donde un mercado de ricos

consumidores permitiese a la industria italiana compensar con nuevas ventas la disminución posible de

sus exportaciones agrícolas lesionadas con la nueva competencia de los países mediterráneos asociados o

ligados comercialmente con el Mercado Común. Italia dice que cada vez que se amplía o se piensa

ampliar el área geográfica de la Comunidad debe ella soportar sola las consecuencias de un competidor

nuevo. Si unimos a esto que los socialistas italianos después de haber vivido en la oposición desde el final

de la guerra tienen todavía muy vivos los reflejos intransigentes de les hombres de partido, que no lia

conocido la erosión que provoca sobre las ideas el hecho de gobernar, se puede tener un cuadro muy

aproximado de las oposiciones que encuentra nuestra petición.

Nadie cree aquí, sin embargo, que está oposición italiana tenga carácter permanente, ni siquiera que dure

demasiado tiempo.

Los socialistas belgas admiten hoy la apertura de "conversacionss exploratorias" todo lo condicionadas y

encasilladas—sobre esto no nos hagamos ninguna ilusión—en determinados escalones del Reglamento

del Mercado Común, pero no por eso menos interesantes para España, cuando hace un año se negaban a

admitir toda relación, incluso la más modesta. Los representantes holandeses se mueven en los debates

del Mercado Común bajo el peso de un voto del Parlamento de su país, que reglamenta estrictamente el

alcance de las posibles relaciones que establezca España y la Comunidad; pero, desde luego, también

admiten que las "conversaciones exploratorias" constituyan una legítima necesidad española. Francia y

Alemania nos sostienen con todas sus fuerzas y sin ninguna reserva. El balance, como puede verse, es

altamente positivo y queda claro que aquí no tratamos de mirar con un complaciente cristal de color de

rosa, el universo de la Comunidad Económica Europea.

Quizá, de todo este repaso, sólo quede por añadir que España conseguirá con toda probabilidad las

"conversaciones exploratorias" que solicita; pero haría muy mal en creerse que ese paso le autoriza por

ahora a multiplicar o ampliar sus peticiones. Las cosas han mejorado, pero sería ridículo y suicida creer

que están definitivamente arregladas. — Salvador LÓPEZ DE LA TORRE.

 

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