Autor: López de la Torre, Salvador. 
   El Consejo del Mercado Común ha autorizado a la Comisión para que entable conversaciones con el gobierno español  :   
 Examinarán los problemas económicos que plantea a España el desarrollo de la Comunidad Europea y buscarán las soluciones adecuadas. Esta respuesta no significa la inmediata entrada de España en el Mercado Común.. 
 ABC.    03/06/1964.  Página: 35-36. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

ABC. MIÉRCOLES 3 DE JUNIO DE 1964. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 35.

EL CONSEJO DEL MERCADO COMÚN HA AUTORIZADO A LA COMISIÓN PARA QUE

ENTABLE CONVERSACIONES CON EL GOBIERNO ESPAÑOL

Examinarán los problemas económicos que plantea a España el desarrollo de la Comunidad Europea y

buscarán las soluciones adecuadas

ESTA RESPUESTA NO SIGNIFICA LA INMEDIATA ENTRADA DE ESPAÑA EN EL MERCADO

COMÚN

Bruselas 2. (Crónica telefónica de nuestro enviado especial.) El acuerdo del Consejo de Ministros de la C.

E. E. sobre la respuesta que convenía dar a la solicitud española de establecer conversaciones con el

Mercado Común ha costado, exactamente, cronómetro en mano, doce minutos—ni uno más ni uno

menos—al máximo Organismo del Mercado Común, lo que_ significa, hablando en cristiano, que el

debate estaba bien preparado de víspera. El tono de la contestación resulta positivo yq las fórmulas

empleadas, corteses. Como españoles, sólo podemos alegrarnos de que la autorización de establecer

conversaciones entre la Comunidad Económica Europea y nuestro país tengan lugar al fin. Sin desorbitar

ni minimizar las cosas-;-lo que sería igualmente falso que estúpido—, el Acuerdo del día 2 de junio de

1964 marca una fecha positiva para los intereses españoles a condición de añadir que el día 2 de junio de

1964 no hemos resuelto los problemas que encierra la imprescindible integración europea de España, sino

más bien que a partir de hoy podremos empezar a exponerlos. Respecto a la postura de incomunicación

en que nos encontrábamos hasta aquí, la fecha de hoy representa un adelanto. Respecto a la solución

efectiva de los problemas, estamos tan sólo en el comienzo de su discusión. Ahora bien: está

perfectamente claro que de haber seguido incomunicados con el Mercado Común jamás habríamos

encontrado la posibilidad de resolver ninguna dificultad.

Esta mañana, alrededor de las diez, comenzaron a llegar los miembros de las Delegaciones ministeriales

de la Comunidad. El señor Couve de Murville, acompañado del señor Spaak, iluminados ambos por los

reflectores de las grandes solemnidades. Ni una palabra a la Prensa, salvo sonrisas destinadas a la

inmortalidad del celuloide cinematográfico. Luego, el señor Luns, ministro de Asuntos Exteriores

holandés, cordial, pero, igualmente, he,rmé-tico, en compañía del señor Block, secretario de Estado en el

Ministerio de Asuntos Exteriores. La sonrisa elegante del señor Cattani, jefe de la Delegación italiana,

escoltado- por el señor Venturini, delegado permanente. El ministro alemán, señor Schroeder, con el

acompañamiento del señor Schmuecker, ministro de Asuntos Económicos, y por el señor Neef, secretario

de Estado. Más tarde, el señor Fayat, ministro adjunto belga de Asuntos Exteriores, que presidía la sesión

por turno reglamentario, y el señor Brasseu, ministro de Comercio Exterior y de la Asistencia Técnica, de

Bélgica. Salvo el ministro italiano de Asuntos Exteriores, Saragat, y el luxemburgués, Schaus, retenido

por la campaña electoral de su país, todas las demás Delegaciones presentaban su formación de gala.

Desde el último "marathón" agrícola a principios de año, nunca se habían reunido tantos ministros en un

Consejo.

A las diez y pocos minutos se cerraron las puertas de la sala de sesiones, que dicho sea para ofrecer

detalles a la Historia, era la sala Europa, en el piso G del Palacio del Congreso de Bruselas, tos pocos

periodistas presentes nos instalamos pacientemente en los sillonas del sector de Prensa esperando el final

de la sesión, que isnaginábamos para muchas horas más tarde. Un revuelo de traductoras alborotadas

cacareando sus babeles particulares era el único signo viviente de unos pasillos desiertos. Pero cuando la

sesión llevaba tan sólo doce minutos, el portavoz de una Delegación salió para avisarnos que el Acuerdo

estaba conMuido. Que no había habido ninguna intervención en contra, y que el texto, adoptado por

acuerdo unánime, autorizaba a la Comisión Ejecutiva de la Comunidad para iniciar conversaciones con el

Gobierno español, "con el objeto de examinar los problemas económicos que plantea a España la

existencia del Mercado Común" y de buscar las soluciones apropiadas. Exactamente, el texto de la carta

presentada por Spaak, en su versión más conveniente para nuestro país, ofreciendo, al menos en teoría,

uña "total" posibilidad de discusión. Hablar, lo que se dice hablar, podremos hablar de todo. Ya esto me

parece mucho, aunque no quiera decir nada más que lo que dice.

La aprobación de la carta de respuesta fue seguida de un discurso del señor Hallstein, presidente de la

Comisión Ejecutiva, donde al acusar recibo del encargo que se le hacía, señaló midiendo ,sus palabras con

la minuciosidad de un labp-ratorista gramatical, que la Comisión tendrá en cuenta los intereses de todo el

mundo. Los intereses de los países que ya sostienen relaciones con la Comunidad, los intereses de los

países que han abierto negociaciones con la Comunidad, pero sobre todo que la Comisión tendrá el mayor

cuidado por realizar las negociaciones dentro de su realismo habitual, no recomendando al Consejo

soluciones que podrían ser inaceptables para uno cualquiera de los seis países miembros de la

Comunidad. De todo ese discurso, donde cada palabra estaba calibrada con precisión, debemos recoger

como característica la palabra "realismo". Es la que mejor define, no sólo los propósitos de la Comisión

antes de abrir sus negociaciones con España, sino la completa historia de la Comisión. Los eurócratas han

sido siempre rabiosamente realistas. Este es su mérito y su escudo.

En doce minutos de debate, la C. E. E., ha aceptado la apertura de negociaciones con España. Esto ya

significa mucho, y es lo más importante del día, puesto que a partir de ahora, España tendrá un medio de

comunicación directa con el Mercado Común, sin que esto quiera decir, -naturalmente, que el desenlace

de las negociaciones pueda profetizarse ni siquiera aproximadamente. Pero cometeríamos una

mixtificación gravísima confundiendo Ja que se ha conseguido hoy, que es mucho, pero que se reduce al

establecimiento de un sistema de comunicación con las sor luciones que más adelante y como término de

la negociación recibirán aquellos mismos problemas. Hoy hemos conseguido que se nos escuche. Lo que

reserve el mañana depende de mil factores inciertos.

Me pareció «n aquellos momentos da alegría de una elemental y equitativa honestidad preguntar a la

Delegación italiana su opinión sobre los acuerdos. Pises bien, ios medios italianos subrayaron con

satisfacción que el Consejo de Ministros de la C. E. E. hubiese podido aprobar por un voto unánime el

texto de la carta de respuesta a la petición española. Los mismos medios desean que las conversaciones

que la Comisión Económica Europea. Iniciará con los representantes. del Gobierno español, puedan poner

a los Gobiernos dé los países miembros de la Comunidad en condiciones de examinar las soluciones más

apropiadas para afrontar los difíciles problemas que se plantearán. Los italianos aseguran que no dejarán

de aportar, cuando llegue el momento, una contribución constructiva a la busca de esas soluciones con el

fin de realizar un justo equilibrio entre los intereses legítimos de los países miembros del.Mercado

Común y los intereses de España.

Quede como testimonio final, tan justo como obligado, el agradecimiento que los españoles debemos a

nuestros representantes diplomáticos en Bruselas, especialmente, y. en general, en los restantes países del

Mercado Común. La eficacia y la delicadeza que nuestro embajador en Bruselas, conde de Casa Miranda,

ha sabido imprimir a todas sus gestiones presentando la causa de España´en sus límites justos y honestos,

han contado mucho en el desenlace feliz del asunto. Era el lenguaje que España ha sabido emplear. Era el

lenguaje que Europa ha sabido escuchar.— Salvador LÓPEZ DE LA TORRE.

 

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