La preautonomía vasca     
 
 Informaciones.    02/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIONES

La preaütoflomía vasca

SE inicia 1978 con el buen pie político de la resolución del problema autonómico del País Vasco. Después de tantos años conflictivos, violencia y sangre, parece abrirse camino, con la decisión del último Consejo de ministros, una salida democrática a las reivindicaciones autonomistas de este pueblo, que deberán ser sancionadas definitivamente por la próxima Constitución.

Con este acuerdo entre la comisión negociadora vasca y el Gobierno, España ha reforzado considerablemente su unidad. La amenaza separatista más peligrosa, el centralismo unitario y monolítico, desaparecen del presente horizonte político, al ocupar su lugar una concepción de la unidad del Estado que no desconoce, sino que refleja orgánicamente la rica y plural diversidad de los pueblos que componen esa entidad nacional común que es España. La noticia, además, es francamente alentadora para el resto de los territorios con análogas reivindicaciones. Las dos preautonomías más complicadas, la vasca y la catalana, son ya un hecho.

Ello contribuye asimismo a mantener el orden público en un momento en el que es más necesaria que nunca mantenerlo. Los partidos con representación parlamentaria van a desconvocar, si es que no han desconvocado ya, la prevista manifestación de pasado mañana en el País Vasco, y a los grupos minoritarios radicales sólo les queda por optar entre continuar con la convocatoria aisladamente o plegarse a la decisión unitaria de los partidos democráticos. Por supuesto que los grupos terroristas no van a desistir de sus propósitos, pero se les acaba de privar del principal pretexto político con el que pretenden encubrir su aventurerismo.

Acuerdo que no anula la salida democrática para la cuestión navarra. Deberán ser los propios navarros, no los parlamentarios o partidos políticos, los que decidan integrarse en la autonomía vasca o no. Este ejercicio del derecho de autodeterminación permitirá dilucidar democráticamente una vieja herencia histórica, que no tiene por qué convertirse en un problema político de primer plano. Finalmente, quien gana es todo el proceso democrático, al desarmarse la común estrategia «ulsterizadora de los extremismos de distinto signo ideológico.

 

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