Las conversaciones entre España y el Mercado Común preparan la futura relación de nuestro país con la Europa económica  :   
 Pero hasta el final de la negocación desconoceremos cuál será nuestro encasillamiento dentro de las reglas de la Comunidad. 
 ABC.    04/06/1964.  Página: 55. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. JUEVES 4 DE JUNIO DE 1934. EDICÍON DE LA MAÑANA. PAG. 55.

LAS CONVERSACIONES ENTRE ESPAÑA Y EL MERCADO COMUN PREPARAN LA FUTURA

RELACIÓN DE NUESTRO PAÍS CON LA EUROPA-ECÓNOMICA

Pero hasta e! final cíe la negociación desconoceremos cuál será nuestro encasillamiento dentro de las

reglas de la Comunidad

Madrid. (De nuestra Redacción.) Nada puede resultar más urgente que añadir ciertas aclaraciones a la

feliz decisión adoptada por el Consejo de Ministros de la C. E. E. de establecer conversaciones con

España para estudiar qué fórmulas podrían ser capaces de resolver los problemas que ha planteado a

nuestro país la creación de ese "monstruo de prosperidad" en que se ha convertido el Mercado Común.

Pero precisamente porque los asuntos que se relacionan con el complejo mundo da Bruselas no son

sencillos, y porque los reglamentos comunitarios están redactados en un lenguaje sabiamente ambiguo,

las interpretaciones de cada texto se multiplican en manos de los modernos talmudistas de Bruselas, que

tratan de disecar con finuras de microcosmo cada párrafo oficial. En el Mercado Común, la primera cosa

que necesita el observador es ver con claridad. 3T eso resulta lo más difícil de todo.

TEXTO Y CONTEXTO

Podría ser legítimo y explicable que el buen deseo del español de la calle deformase patrióticamente el

alcance de la recíente decisión comunitaria respecto a nuestro país y que el transcurso del tiempo le

trajese ciertas desilusiones perfectamente injustas, si analizamos en sus verdaderos límites el acuerdo del

Z de junio. Por eso conviene estudiar el alcance de la carta dirigida por Spaak a nuestro ministro de

Asuntos Exteriores y el contexto donde la carta se Inserta. Es decir la carta y su circunstancia.

Por desgracia, en España tenemos una propensión perfectamente humana, por otro lado, a esquematizar

las cosas del Mercado Común, con frases que pueden resultar cómodas nara la conversación corriente,

pero QUS encierran muchos peligros porque son confusas. Oímos decir mil veces al día que España

"entra" o "sale" del Mercado Común, cuando la realidad del mes de junio de 1964 es completamente

diferente. Por ahora, no se trata de "entrar" o de "salir" de ninguna parte, verbos demasiado gimnásticos

para una empresa tan seria, sino con más sencillez, de haber conseguido que España hable con el Mercado

Común y explique ante la Comisión Ejecutiva sus problemas. España, por ahora, ni "entra" ni "sale".

Charlará desde su propio sitio, con los técnicos del Mercado Común.

La fase, que España inicia a partir del acuerdo ministerial europeo del 2 de junio es una etapa que se

desarrolla al exterior del Mercado Común y al margen de sus casilleros institucionales. Más adelante

podremos hablar de la posición concreta que nuestro país ocupará o querrá ocupar en la Comunidad, pero

hasta entonces, las cosas tendrán un desarrollo puramente verbal. Hablando dicen que se entiende la

gente. Vamos a ver si es verdad.

LOS TRES CÍRCULOS

Plásticamente, al Mercado Común podría considerársele como una serie cié círculos concéntricos,

correspondientes a las diversas fórmulas reglamentarias que establece el Tratado de Roma para regular

los contactos entre los "seis" miembros fundadores de la Comunidad y los nuevos Estados que aspiran a

tener algún enlace con ella. Así, partiendo de dentro a fuera, tendríamos un núcleo central, cogollo del

Mercado Común, bajo la etiqueta de la "adhesión", donde encontramos a los seis miembros a parte entera

de la Comunidad: Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. "Adhesión" regulada por el

artículo 237, que constituye la fórmula máxima de participación y el punto culminante del proceso

integrador comunitario.

Envolviendo este "santuario", encontramos hacia el exterior una primera corona concéntrica bajo el título

de "asociación", definido en el artículo 238 del Tratado, y donde viven como inquilinos Grecia y Turquía.

Con menos derechos y menos deberes que los miembros adheridos, los asociados cumplen una especie de

fase preparatoria—podríamos hablar de un noviciado europeo—antes de conseguir el paso a la categoría

superior. Todas las doctrinas que circulan ahora mismo en la Comunidad, insisten en el carácter

provisional de la asociación, cuando se trata de países europeos que deben cumplir todas las condiciones

reclamadas por la "adhesión", al final de su plazo preparatorio. La asociación tiene un indudable carácter

político, como la adhesión, que resulta su forzoso final.

La orla periférica de estos círculos concéntricos queda bajo el título de los Acuerdos Comerciales,

regulados por los artículos 111 y, en determinados casos, 113, limitándose los países que están incluidos

en ella a sostener relaciones puramente comerciales—es decir, no institucionales—con el Mercado

Común. Israel y el Irán son los dos únicos países que, hasta ahora, han firmado acuerdos de este tipo

donde el régimen político del país solicitante carece de importancia, puesto que su modesto alcance está

regulado sin ningún equívoco.

EL RITMO DE LA C. E. E.

Las negociaciones que España iniciará con la Comisión Ejecutiva del Mercado Camón, se sitúan, según

esta geometría comunitaria, al exterior de los trss círculos reglamentarlos por la sencilla razón de que su

objeto será fijar la postura que España pupi-¿le tener cnírc las tres opciones ofrecidas por el Tratado de

Roma a la vista de nuestras necesidades y de las posiblidades políticas y económicas del Mercado

Común. Cuando el señor Hallstein hablaba ante el Consejo de Ministros de una negociación "realista",

quería decir, en definitiva, que las conversaciones no deberán traspasar jamás la frontera de lo .que es

posible, tantas veces en contradicción con lo >¡ue sería deseable. Nadie—y nosotros menos que nadie—

debe olvidar, cuando empiecen las negociaciones, que la fuerza de las cosas impone determinados límites

a los comisionados de la Comunidad para resolver el caso español.

El recuerdo de todas las negociaciones hasta ahora sostenidas por el Mercado Común con terceros

países—Inglaterra, Israel, Irán, Grecia, Turquía, Convención de Yaunde—ofrecen ejemplos variados y

alternativamente positivos o negativos de las dificultades que envuelven estas empresas de aproximación.

España debe armarse de paciencia y de humildad. El Mercado Común de comprensión y objetividad. Pero

sin el menor ánimo de jugar a los aguafiestas, la verdad es que la maquinaria "eurocrática" está habituada

a ritmos que no tienen nada de precipitados.

 

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