Estrategia contra el terrorismo     
 
 ABC.    12/11/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ESTRATEGIA CONTRA EL TERRORISMO

Con temerosa ira hacemos nuevo recuento de las últimas víctimas de los asesinos terroristas que parecen señorearse de las provincias vancongadas. Un obrero, mutilado laboral, y dos guardias civiles, son los últimos asesinados de una estremecedora lista, cada vez más copiosa. Ya sabernos que las palabras, solas, de nada sirven ante la criminal acción de esos antiespañoles y antivascos que derraman sangre humana con tanta vesania. De poco servirá subrayar, una vez más, que en Vascongadas, es el pueblo, el pueblo español, el pueblo vasco, quien muere.

Tampoco creemos que sirvan, salvo para contrastar que somos mayoría los que repudiamos los crímenes de E. T. A., las manifestaciones que, en los últimos días, con uno u otro signo, se han producido en tantas y tantas ciudades españolas. No son ni las palabras ni las convocatorias multitudinarias las que lograrán erradicar del suelo español el sangriento fantasma del terrorismo.

Se necesita una estrategia específica, una acción precisa que conlleve la respuesta enérgica del país a tanto desafío y tanto crimen impune. Y, para ello, lo sustancial reside en definir con propiedad el fenómeno terrorista en Vascongadas. No se trata, por más que algunos esgriman, llevados por su buena fe y su deseo de solución, de una guerra civil, ni tan siquiera de una guerra civil larvada. Sí de una guerrilla. Una guerrilla localizada, similar a la de otros países, occidentales o no, que carece por completo de justificaciones y que sirve oscuros intereses, absolutamente alejados de los que importan a la nación, a la región y a la inmensa mayoría del pueblo español.

Para esa lucha antiguerrilla, para esa acción específica, se necesitan, lógicamente, unidades específicas de las Fuerzas de Orden Público, y esa estrategia a la que nos referimos. Para dolor d« todos, la preparación de la Guardia Civil y de la Policía Armada se ha mostrado insuficiente. No cabe achacar esa insuficiencia a las propias fuerzas, ni tan siquiera a este Gobierno, sobre el que recae el deber de buscar un rápido aniquilamiento de esas fuerzas terroristas que con tanta impunidad asesinan. El problema, por desgracia, viene de lejos.

Queremos creer que, en las medidas anunciadas sin especificaciones por el ministro del Interior, se contendrán esa estrategia y esas acciones concretas que solicitamos. El señor Martín Villa tiene toda la responsabilidad del tema y debe por ello contar con todos los medios necesarios para el combate.

Porque la E. T. A. vive en las Vascongadas y, por el terror, el soborno o el enloquecimiento de algunos, cuenta allí con un cierto apoyo entre la población. Porque E. T. A. roba allí nóminas y Bancos; porque allí se hace llevar armas del extranjero, y porque su afán se centra en situarse, como oponente, como rival, del resto de España y de sus instituciones. No bastan ya las labores de vigilancia y prevención, ni las de persecución cuando los criminales han dado ya un nuevo golpe. Resulta absolutamente necesario pasar a la acción directa. Los planteamientos seguidos hasta ahora se han revelado como ineficaces. Y ningún español desea seguir viendo las primeras páginas de los periódicos tristemente enlutadas por relaciones de nuevas víctimas. El pueblo —obreros, empresarios, guardias civiles, policías armadas— es quien muere en Vascongadas. Y ayer, mientras el pueblo ha dicho ¡basta!

 

< Volver