Autor: Sierra, Ramón. 
   Y ahora ¿ qué hacemos con la Ikurriña?     
 
 ABC.    28/11/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Y AHORA, ¿QUE HACEMOS CON LA "IKURRIÑA"?

EL Gobierno acaba de prohibir a tos partidos políticos la utilización de la bandera de España como símbolo o distintivo diferenciador, o alzarla en las manifestaciones, lo que probablemente no le hubiera parecido necesario decretar si a todos los partidos políticos, legalizados sales hubiese ocurrido ostentar la bandera de su Patria en las concentraciones y en sus vestimentas. Pero, evidentemente, a unos partidos les gustaba, más que a otros, lucir la bandera de su Patria, y el Gobierno pretende que no pueda ser utilizada con fines partidistas. Una norma singular y curiosísima que confirmará, en el extranjero, la extendida opinión de que «España, es diferente».

Pero esperamos que el Gobierno, por idénticas razones a las alegadas para la firma de ese decreto, dicte una disposición análoga respecto a la utilización de la «ikurriña» en las Vascongadas y en Navarra. Porque pronto tendremos el estatuto de Euzkadi, y la «ikurriña» —que hasta ahora sólo es, oficialmente, la bandera del P.N.V.— pasará a ser la bandera oficial de dicho ente autonómico (a no ser que la Providencia, tan atareada estas semanas, disponga otra cosa).

Y llegado ese momento, es muy posible que los seguidores del P. N. V. y los de E. E., entusiasmados con esa novedad, sumerjan a todas sus concentraciones en una verdadera ola de banderas rojas-blancas-verdes y que los sastres y las modistas queden obligados a bordarlas en las solapas de las americanas y en las blusas de las señoras. Y con esto se corre el riesgo de que la bandera de la patria vasca se utilice con fines partidistas, como un trágala para todos aquellos vascos a quienes no les hace mucha ilusión ostentar una bandera cuyo color rojo representa la raza, y el verde, la independencia. Esos vascos podian consolarse, hasta ahora, honrando a la bandera de España, su Patria, públicamente; pero, en lo sucesivo, tendrán que contentarse con bordarla en sus camisetas si no han tenido la mala suerte de casarse con alguna «emakume», con una nacionalista vasca.

Confiamos en que el Gobierno, en cuanto tenga un minuto libre —en el último Consejo tuvo para dictar dicho decreto— estudie este problema y quede resuelto, sin traumas.

Ramón SIERRA.

 

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